La Bambola
12.06.2012

¿Por qué La Bambola?

por Cristina Domínguez

Siempre he sido responsable. No es que ahora deje de serlo, pero soy consciente de que ahora cometo más travesuras que cuando medía menos de 1,40. Lo más loco que hacía de pequeña era salir al patio de mi casa (que era particular) a hacer playbacks de Voyage, voyage, de Desireless. Las vecinas se asomaban a mirarme y luego me felicitaban en la calle.

No es que yo supiera francés, pero ese tema era el que se bailaba en las discotecas sobre 1988, o al menos eso me decía mi hermana aunque a ella aún le faltaran unos años para ir a la RRÍO.

Siempre he tenido facilidad para los idiomas, tonta yo, que no exploté esa cualidad. En casa no había dinero para apuntarme a clases de inglés, ni a baile, ni a teatro. Por eso el patio de mi casa era mi mejor escenario, con una cuarta pared que me miraba desde arriba.

Cuando me tocó a mí ir de discotecas solo lo hice dos veces, y fue para ligarme a mi primer novio. Prefería quedarme en casa escuchando lo que fuera, cintas de mi hermana, la radio, Los Panchos, Rita Pavone… Era lo que me salía más rentable, porque que tu padre vaya a recogerte a la puerta de la EM cuando tienes 16 años se acerca más al bochorno que a la seguridad y el confort.

Los años de facultad pasaron con pocas penas y mil glorias. Descubrimientos, flujos, comunidad, teatro. Y noches de charlas, porros, sonrisas y miradas al oído. Todo eso era perfecto, pero mis amigos se iban a sus pisos de estudiante y yo me volvía sola y cuatro horas antes a mi casa (la casa de mis padres).

Llegaron los 23 y yo debía tener mucha hambre, porque terminé la carrera, me enamoré y encontré trabajo. Pensé mucho en mí misma y creí que era el momento de irme de casa. Estuve sobre excitada casi un año, pensando que era la primera decisión importante que tomaba por mí misma. No me imaginaba llegar a casa a la hora que quisiera, no oía detrás de la puerta unas llaves que no fueran las de mi novio de entonces. Para mí era pura vida, para mis padres un ensayo de que su “chica” estaba en pleno proceso de madurez. Más que el hecho de hacerlo quería tener la posibilidad de poder hacer lo que quisiera, pero hay qué ver lo contraída que estaba que al final ni llegaba tarde, ni comía a deshora, ni mucho menos me drogaba…

Pasaron los meses y mi proyecto de nueva vida seguía firme. De repente… ser autora de un blog, no sabía muy bien para qué, pero seguramente para contar cosas que no sabía compartir muy bien con mis amigos. Pavor cuando tuve que rellenar aquella larga casilla en blanco: “Elige un nombre para tu blog”. ¿Yo? Se hizo el silencio. Por aquél entonces me había dado por volver a escuchar canciones italianas, paradójicamente porque así sentía cerca a mis padres que se volvían locos con Adamo, Domenico Modugno… y sonaba “La bambola” (versión de Patty Pravo). Sabía que aquella palabra tan insinuantemente redonda significaba “muñeca”, pero ni idea del resto de la letra. Investigué y en realidad era otra canción más de desamor clásica, una mujer se queja de lo mal que la han tratado en el amor y jura que nunca más volverá a pasar por ahí. ¿Y yo? Salvando un millón de veces las distancias y llevándolo a un terreno más general (no seré yo quien me queje en el amor), había sido alguien muy poco contestataria, siempre conforme, abnegada y con falta de libertad social. Descubrí que en ese momento yo había sido un poco “bambola” (por la complacencia, por mis pómulos y mis pechos redondos, por el bamboleo…).

Para pasar página y sabiendo de la posibilidad evocadora y sensual de la palabra, me autonominé La Bambola, curiosamente para mí ya ha adquirido un sentido diferente. Es una muñeca sin hilos, con todo lo bueno que esa imagen pueda tener y echando atrás lo malo.

Menos mal que ya se me había pasado la época de escuchar a Silvio Rodríguez, porque si no ahora me conocerían como “Unicornio azul” o “Rabo de nube” (no menos sensual).

Ahora, con mis 30 recién cumplidos, caigo en la cuenta de que solo he tenido en mi vida una muñeca (una Barbie a la que siempre recuerdo sin ropa y que terminó rompiéndose), porque la muñeca que vale es la de carne y hueso.

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Este texto nace gracias al taller de escritura creativa “Escribo, luego soy”, de Helvéticas. ¡Gracias compañeras!

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comentarios

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1 - pedrojimenez 23.06.2012 - 11:55

Qué bonito! Gracias por compartirlo!

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Acerca de La Bambola
El blog La Bambola está hecho con Wordpress 4.8.1 para ZEMOS98.
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