Entorno de Posibilidades
10.12.2011

elipsis

por silvink

(o de cómo combatir la tendencia irrefrenable hacia la linealidad)

Hay algunas tendencias que se presentan  puntualmente (y sin haber sido llamadas) como invitadas a la mesa de escribir, sobre todo al principio. Está  bien localizarlas, etiquetarlas y poder llegar a esquivarlas como banderitas en la bajada del slalom.

La grandilocuencia verbal (que incluye vocabulario alejado de nuestro uso habitual o la subordinación enloquecida) se cura con naturalidad  y espontáneidad. El fantasma de lo tópico se ahuyenta con detalles extraños pero creíbles en descripciones de espacios, ambientes y/o  personajes.

Todo esto suena a receta pero funciona para corregir vicios, al menos al principio.

Y una de las tendencias más comunes es la de la linealidad. ¿Cuántos relatos comienzan con un personaje desperezándose en  la cama? ¡No es necesario contar toda la secuencia de las acciones (a no ser que ese despertar sea central  para el posterior desarrollo de la trama)! O tienes una cucaracha entre manos o será mejor que no sitúes a tu prota en su cama despertando de un sueño intranquilo.

De hecho, un  nivel de ausencia controlada en lo que contamos es deseable y muy útil.

Es el  arte de la elipsis.

“Las elipsis. Lo que no se ve. Lo que queda fuera. Lo que está en los márgenes. Lo que debemos intuir e imaginar. Los silencios, los espacios en blanco.”

Extracto del libro Vida y Muerte en Lavapiés, de José Ángel Barrueco (Edciones Escalera, 2011).

Lo que no se dice y configura: esto suele ser lo que más nos gusta  de una obra,  ya sea novela, serie, película, poema, cuento e incluso canción. Con el uso de la elipsis, fomentamos lo que William Burroughs bautizó como  técnica del CUT-UP. El autor dice así acerca del tema:

“Yo traté de introducir a través del cut-up el montaje en literatura. Creo que está mucho más cerca de reflejar los  hechos concretos de la percepción humana que la mera linealidad. Por ejemplo, si usted sale a la calle, ¿qué ve? Ve autos, trozos de gente, ve sus propios pensamientos, todo mezclado y sin linealidad alguna. Este modo de escritura de montaje deja  intacta la narración. Justamente creo que es todavía más fiel a ella.

(…)

Mira, la experiencia misma es un cut-up, y esto se ve claramente en la experiencia de escribir. No se puede escribir sin ser interrumpido por todo lo que viene a la cabeza y por todo lo que se va. La experiencia de persona adulta no es lineal, está interrumpida por todo tipo de arbitrarias yuxtaposiciones. Pero esos “restos” no se sabe cómo meterlos cuando se escribe linealmente. El montaje, en cambio, los integra.”

Autoras expertas en el arte de la morosidad, de integrar los márgenes de lo no dicho en la narración y de utilizar sabiamente la tijera mental y estructural son, por citar algunas: Katherine Mansfield, Flannery O, Connor, Fleur Jaeggy, Valerie Mrejen o Lolita Bosch.

 

¡A utilizar la tijera y disfrutar de los márgenes!

Anna Karina cortando fotograma en Pierrot, le fou (J.L. Godard, 1965)

 

 

 

09.11.2011

haciendo compost, cavando agujeros

por silvink

Hay un método infalible en la escritura autobiográfica.

(Mentira, NADA es infalible).

Se trata de ir haciendo compost con los detritus de la memoria. Lo aparentemente inservible e inútil se va guardando en un cuaderno o archivo. Después, haces un agujero en tu montaña de basura y empiezas a plantar ficción. Y por el maravilloso poder de la remezcla y la reflectáfora (un día os hablo de esta maravillosa técnica de voodoo literario), se construye una red de puntos entre los cuales, como en esos pasatiempos, se van tirando líneas hasta componer una figura con más o menos sentido. Reconocible. Del compost a la plantita o al fruto. De la basura a la boca. ¡Tacháan!

Ahí voy. Prueba, 1, toma 1: Haciendo compost, cavando agujeros.

1.- La montaña de compost.

¿Te imaginas una cinta transportadora por la que pasara el equipaje de tus últimos tres meses de vida?  Aquí está mi cinta, ahí vienen mis maletas:

Llamadas de larga distancia, facturas astronómicas, cafés congelados, un bigote postizo, un libro de relatos, unas citas de audio encontradas en la calle Puebla, una carta robada del café Zoom, el lugar más bonito de San Petersburgo, tickets de cafeterías, un cuaderno amarillo comprado en Francia en cuya portada se lee Zap Book escrito hasta los topes,  una entrada a aquel concierto, muchas monedas microscópicas, billetes de metro de Madrid y Barcelona, un flyer de una obra de teatro, dos barras de Pritt, un pintalabios tono Rouge Hype 33, cien euros sacados a crédito, un cuaderno finito hecho en Turquía, 2 revistas Archipiélago y otro cuaderno rosa finito con una pegatina donde se lee Mala Suerte o Falta de Talento.

Dime que nada de esto es importante. Cierto, no lo es.

Ahora recoge todas estas cosas, una por una, súbelas en un carrito, pasa el control, coge un taxi, vete a tu casa. Y escribe.

 2.- El agujero, plantar la ficción.

Mitad Princesa Leia, Mitad Chewbacca

¡Ahora sí! Jope. L. lleva por fin las trenzas bien apretadas. Se clava la última horquilla mientras repasa la carta del Zoom de la calle Puebla. Siempre pide el mismo café, en la  misma mesa. Odia leer y escribir en público, no conoce actividades más íntimas. Y con la lógica de los bebés mientras hacen el cucú-tras, si no te veo no me veis, se sienta de espaldas a la parroquia del Zoom que, mientras, desayuna, come y toma café aleatoriamente en asincrónico follón.

“Peluda hasta el verano” L. lo leyó en el frigorífico de su nueva oficina el mismo día que entró, a principios de septiembre. Y se rió. Entonces hacía meses que no se depilaba las piernas pero, total, si ya iba a llegar el otoño. Y no era verdad. Quedaba mucho calor por delante. Se apañó con las Venus desechables en las noches estratégicas. Ahora se toca la pelusilla sobre el puente que hace la tibia bajo las medias tupidas y sigue mirando, fascinada, la carta. Nunca se cansa de mirar esta carta. La quiere robar pero no se atreve.

Saca su cuaderno amarillo de fórmulas escrito hasta los topes. Saca también dos números de una revista extinta y dos cuadernos finitos, también garabateados hasta en las tapas interiores. La terapeuta dijo grafomanía. El café se va a quedar congelado pero hay que seguir haciendo cuentas. Gastos fijos, gastos inesperados, clientes por cobrar, facturas astronómicas de móvil, la cuota de autónomos. Y cien euros sacados a crédito para acabar el mes.

Suena una canción de Camarón pero en realidad es una música electrónica que imita el sonido de una cinta. Una mujer canta por encima de Camarón. L. se imagina a una chica con los labios muy rojos que besa a José Monge mientras a los dos les sube el caballo. Y el agujero se hace más grande. Y las cuentas por cuadrar. Antes dibujaba letras, es decir, solía escribir, ahora los números la tranquilizan igual. “No estás loca, es sólo una adicción.” Dice la terapeuta: “Las adicciones tienen que ver con los rituales, si dejas una adicción, tienes que cambiar de ritual.” Por eso se viene casi siempre al Zoom a la hora en que solía comer en casa con T. Se siente incapaz de volver a casa a comer, todavía. Hacer ese camino a esa misma hora. “Ser” ese personaje. Abrir la puerta de casa. Agujero. Recuerda un día que lo espero con un bigote postizo sentada en la mesa de la cocina, como si tal cosa. Y él se río mucho. “Llevas trenzas pero pareces Chewbacca”.

Ahora ha descubierto que el pegamento en barra también ayuda. Recortar y pegar fotos. Colocar la entrada de aquel concierto junto a los billetes de metro de distintas ciudades. Fabricar nuevas imágenes. Cavar un agujero. Salir a robar caballos. Empezar de nuevo a escribir, hacer algo con todo lo que pasa y ha pasado, por insignificante que parezca. Nunca sabe si es mala suerte o falta de talento, lo suyo. Mar Báltico: 5 días, 6 noches. Recorta. Pegado al lado del flyer de la última obra de teatro y la portada de un libro de relatos, el río Neva parece de golpe menos navegable. L. escribe debajo del collage improvisado: “Durante el sitio de Leningrado, algunas personas cruzaban la frontera por el golfo de Finlandia caminando sobre el hielo durante días solo para conseguir algo de pan o café. A ese paso hoy lo llaman El camino de la Vida”. Si ellos superaron el sitio, yo superaré el invierno, se dice L. mientras deja un montón de monedas diminutas en el platillo de la cuenta. Recoge el ticket, los cuadernos y las revistas. Sale del Zoom. Vuelta a la oficina. Y sin depilar. Así, a pelo. Como una Venus cruzando al otro lado.

…..

“Donde hay mucha basura nacen siempre flores”.

Wu Ming 2

01.11.2011

fiesta del Difunto Gran Poder

por silvink

Hoy hace 9 años exactamente. Llegué a Sevilla, a la Plaza de Armas. Me fueron a recoger, lo cual siempre es bueno, buenísimo. Fuimos andando a la que sería la nueva casa, en la Calle Jesús del Gran Poder. Nuestra primera casa sevillana, donde se producirían en los siguientes meses varios pequeños milagros. Desconozco si por intercesión o no del Almighty Power de Jesús (pero esto es otra historia). Allí nos disfrazamos, improvisando, las maletas abiertas en medio del salón medio vacío. La fiesta era en la calle Cuna, en una casa de tres pisos con patio interior. Una casa de esas míticas que están habitualmente llenas de gente y por las que todo el  mundo ha pasado alguna vez (esto lo sabría luego).

M. iba vestido en plan soso, como siempre, pero con una lagartija de plástico gigante cosida a la espalda, un muerto en preludio. H. iba de Rex Harrison en Un Hombre llamado Caballo (Rex había muerto la semana anterior). R. iba de Ofelia versión cine  mudo y yo iba de terrorista chechena, de las que se encerraron en el teatro Dubrovka de Moscú y acabaron gaseadas junto a un montón de rehenes por las fuerzas especiales rusas.

Compartí  fiesta con muertos célebres de todos los estilos. Gente que, sin yo saberlo en ese momento, sería, a lo largo de los nueve años siguientes personajes clave de mi historia sevillana por comenzar. Amiga (Isadora Duncan), muy amiga (Mina, la novia de Drácula), algún amante (el hermano gemelo de Elvis y un tipo con el traje de chaqueta lleno de polvo que no logró salir de las Torres Gemelas), compañeras de trabajo (Lady Di, la hija ahogada en el Mississippi de Romina Power y Al Bano y la Novia Cadáver) y hasta un novio de larga duración (Freddie Mercury en su época Bohemian Rapsody).

¿Te imaginas asistir nada más mudarte a una nueva ciudad a una fiesta donde tu vida futura está preconfigurada en una sala de baile llena de muertos vivientes? No sé si significa algo. En su día, mientras sucede, no significa nada. Hoy significa todo. Ahora son muertos de un pasado. El pasado reciente. El que va de 2002 a 2011.

Para eso sirve la escritura autobiográfica. Como en una sala de montaje de la memoria, puede redimensionar los sucesos sólo por el orden y el valor que se le otorgue a cada cosa respecto del conjunto. Ahora puedo creer, gracias a esta narración y mientras escribo, que aquella noche se me  insinuó todo por adelantado, como si me hubieran hecho un pase del trailer de mi vida futura. La mayoría de los protagonistas de la novela Tu Futuro pasaron como muertos célebres y en pequeños fotogramas debido a la luz estroboscópica.  No recuerdo en absoluto la música. Pero recuerdo perfectamente las baldosas del suelo del baño. Eso también es la memoria. Por otro lado, tampoco recuerdo la última vez que me drogué. Ni sé si me gustaría volver a hacerlo.

Hay un personaje brutal en una peli de Woody Allen, September (es de las del ciclo “quiero y podría ser Ingmar Bergman”). El personaje hace de madre de Mia Farrow, una mujer de mediana edad desorientada y con tendencias suicidas. La madre, una vividora egocéntrica que no comprende en absoluto a su hija, le pide por favor que viva, que disfrute ahora que es joven y puede hacerlo. Que ella, pese a sentirse “como si tuviera por dentro 21 años”, cuando se mira al espejo ya sólo puede constatar que a su rostro le falta algo. “Lo que le falta es el futuro”. Joder.

Creo que hay que aprender a morir a ciclos y que hoy es un buen día para pensar,  imaginar y escribir sobre ello: la muerte iterativa, el pasado, el vivir y las fiestas donde los muertos, sin saberlo, nos traen noticias de allí, de nuestro denso e incierto futuro. Y bailar. Siempre bailar. To the end of love…

 

 

26.09.2011

en estos días pasan cosas

por silvink

Como esta: recibo la traducción del relato que salió en Periódico Diagonal, que a su vez era una autorremezcla (@abrelatas) -según la Ley de Remezcla-Abrelatas nadie puede decir remezcla sin decir automáticamente después @abrelatas– del relato La vida Londinense que fue publicado en la primera edición de El Sur: instrucciones de Uso y que debe estar saliendo hoy en su (auto)reedición y en castellano de una imprenta de Barcelona (que se llama Imprenta Puresa y yo creí por un momento que se llamaba Imprenta Pureza, pero no, era cosa de los finales en S.A. tan propios de las sociedades anónimas) y que no llegaré a tener en mis manos hasta que vuelva a Madrid. Uf.

Estoy en un Bed and Breakfast de un pueblo de Pennsylvania (el condado de Butler, no, no el condado de la mantequilla), debería estar preparando una especie de lectura que haré mañana. Una Public Lecture, que no es exactamente una lectura pública sino un “encuentro” con una escritora que proviene de un barrio atrapado entre autopistas del suroeste de Madrid que se llama Moratalaz, que es ni más ni menos que otro pico doblado del mundo, como es este County Butler.

Pero, claro, en inglés, todo nos hechiza. De hecho, de eso trata La vida londinense, del hechizo por lo anglosajón con el que nos hemos críado, del ascendente poderoso bajo el cual el proyecto de nuestras vidas e ilusiones se ha desenvuelto, ese horizonte. Y que aún persiste. El departamento de español de la Universidad de Slippery Rock espera por su parte el influjo y el ascendente de la escritora working-class europea. El influjo es viceversal y asincrónico. Pues eso.

Porque sólo has de pasar un par de días en EEUU para comprobar que no existe ya tal hechizo y apenas influjo. Y que aún así el ascendente opera. Que Butler County es igual de bueno, malo y recóndito que Moratalaz. Que Nueva York ya fue, como el futuro, y que todo se está hundiendo. Y que Europa ya no es un faro de nada relacionado con la cultura. Y que seguimos aquí por un rato, a pesar de todo, observándonos las caras y escuchándonos los relatos.

El relato. La traducción. Vale. Vuelvo. Que me mandaron la traducción y me pareció paradójico (y emocionante, tampoco estoy tan de vuelta) leerlo traducido, si no tuviera tantos reparos cotra la expresión , diria “que se cierra el círculo”. Los círculos nunca se cierran, sólo colisionan y estallan. Estoy optimista esta tarde.

Bien. La Public Lecture. Que son las ocho y Thom -el traductor y profesor anfitrión- viene a buscarme a las siete y media de mañana por la mañana (si no se rompe la noche, arghh, esta es la Ley Julio Iglesias, que opera con la misma vigencia y regularidad que la Ley Remezcla-Abrelatas) para la primera clase. Me vestiré y maquillaré y perfumaré de guest starring y bajaré hasta la Universidad de la Roca Resbalosa. Resbalaré. Me levantaré. Se me secará la boca y haré muecas y concentraciones que aprendí en el teatro para superarlo. Daré la charla. Leeremos un fragmento del relato traducido. Propondré una dinámica. Escribiremos. Los de Butler County y la de Moratalaz. Unidos por la ley de los post-it, que es la ley que dice que todo lo escrito en un pos-it fluorescente y compartido en un mural de papel pasa a ser de inmediato interesante, por lo anónimo y por lo horizontal.

Me levantaré. Siempre te acabas levantando. Siempre te acabas cayendo. Qué más da. Me dio por ponerme nihilista en el hotel de los Osos Amorosos. Y todo porque no encontré el jugo de gomibayas que me prometieron en La Aldea del Arce, en Moratalaz, allá por los  noventa. Un día, sentados en la oscuridad del salón, ese día en que dejamos definitivamente de ver dibujos animados para ver películas de animación (el que las vea) y pensamos: ¿Quién se ha llevado mi jugo de Gomibayas? Si aquí nunca nadie habló con acento de doblador portorriqueño. Y empezamos a devorar literatura traducida y musiquitas en v.o. O cosas peores e imprescindibles.

Justamente de esa época trata este relato. Quizá nada que ver. En todo caso, en inglés el comienzo suena así…

We were born right at the beginning of the end of history. 1975, 1977. We grew up in the ghetto of the end of history, in buildings with  low ceilings, houses where the highway served as a defensive wall, separating us from the city and where row after row of cheaply made buildings with minor variations spread out. Each residential tower had an assigned acronym, paper thin walls, terrazzo floors, stuccoed walls, functional kitchens, and every one of the dining rooms had an eye, both a pet and an idol, the chief of the tribe: the TV set, which made all of us a single child who looked through it to the other side while the mechanism worked perfectly. 625 lines of imagination ready to be consumed. We were all trained to serve and be served by capital. To carry out properly the end of history. To follow to the letter the program whereby we would be first a historical children then a historical teenagers, and later a historical young adults and finally free and capitalist men and women. We had to move money, make it then, spend it and then make some more. The project was written down and the project was carried out.

Ah, la flamante traducción es de mi benefactor Thom Daddesio, el hombre más bueno y con la piel más blanca del mundo.

Por cierto, Thom ha venido para echarme una mano con la charla y hemos encontrado el vídeo de Mi vida en Seis Palabras que tiene todo y nada que ver con este post. Ahí lo dejo por si os hace autoficcionaros con limitaciones formales. Ahora voy a lavarme la cabeza. Y son las tantitas…

 

05.08.2011

Una cronología de podcast crudos | #15M on the radio

por silvink

A partir de una idea de Pedro Jiménez, le pedimos a Javier Crudo una cronología de podcast crudos around el #15M para subirla a la parrilla del #bookcamping

Justo el día que Pedro publica su post catálogo-auditivo, Javier Gallego Crudo nos envía el informe de programas carniceros sobre el 15-M, ordenaditos y explicados para su correcta catalogación que listamos a continuación.

Cómo verán, se puede seguir la historia del movimiento, desde su gestación hasta su desarrollo, paso a paso.
Así que este post con podcast complementa y amplía el post de Pedro (o al revés, creo que Pedro ha sacado aún más enlaces crudos).

Si quieres puedes tomar la playa o la montaña y hacer de tu ipod un auténtico transistor de abuelo rebelde, descargáte y copia estos programacos. Como soma para chocolate. Un otoño caliente precisa de acopio de provisiones. Oreja a la plancha, ¡mínimo!, por favor.
Marchando.

1) Precedentes. Cómo se fraguó el 15-M: 

Primeros movimientos de protesta ciudadana: http://www.rtve.es/alacarta/audios/carne-cruda/carne-cruda-malestar-calle-18-03-11/1050781/
Manifestación Juventud Sin Futuro
       a) Convocatoria: http://www.rtve.es/alacarta/audios/carne-cruda/carne-cruda-carne-cruda-sale-calle-para-apoyar-manifiesto-juventud-sin-futuro-07-04-11/1067710/
       b) Repor de la manifestación al inicio de este programa: http://www.rtve.es/alacarta/audios/carne-cruda/carne-cruda-programa-cine-08-04-11/1068867/
Reacciona (convocatoria 15M)http://www.rtve.es/alacarta/audios/carne-cruda/carne-cruda-reacciona-11-05-11/1097963/
2) El movimiento 15-M: 
16M (repor sobre la manifestación al inicio del programa): http://www.rtve.es/alacarta/audios/carne-cruda/carne-cruda-huella-chernobyl-16-05-11/1102802/
17M (opciones de voto alternativo, forma de protesta propuesta en el 15M): http://www.rtve.es/alacarta/audios/carne-cruda/carne-cruda-voto-alternativo-17-05-11/1103685/
18M: http://www.rtve.es/alacarta/audios/carne-cruda/carne-cruda-juan-gelman/1104798/
19M: http://www.rtve.es/alacarta/audios/carne-cruda/carne-cruda-dr-barret-15m-19-05-11/1105939/
20M (monográfico 15M): http://www.rtve.es/alacarta/audios/carne-cruda/carne-cruda-plaza-sol-ucion-20-05-11/1107167/
22M (especial Radio 3 desde la AcampadaSol 1ª parte): http://www.rtve.es/alacarta/audios/carne-cruda/radio-3-especial-acampadasol-22-05-11/1109043/
22M (especial Radio 3 desde la AcampadaSol 2ª parte)http://www.rtve.es/alacarta/audios/carne-cruda/radio-3-especial-acampadasol-ii-22-05-11/1109026/
23M (Resaca electoral en directo desde SOL): http://www.rtve.es/alacarta/audios/carne-cruda/carne-cruda-calienta-sol-aqui-plaza-23-05-11/1109347/
27M (Desalojo BarcelonaMedios Alternativos y el 15-M): http://www.rtve.es/alacarta/audios/carne-cruda/carne-cruda-medios-alternativos-27-05-11/1113436/
Hordur Torfason, “padre” de la revolución islandesa, visita el 15M: http://www.rtve.es/alacarta/audios/carne-cruda/carne-cruda-saca-todo-jugo-hrdur-torfason-impulsor-revolucion-islandesa-23-06-11/1137001/
3) Relacionados con el 15-M
Posteriores al 15M: 
Eduardo Galeano: http://www.rtve.es/alacarta/audios/carne-cruda/carne-cruda-220611/1136222/
Ignacio Ramonet y las marchas del 15M: http://www.rtve.es/alacarta/audios/carne-cruda/carne-cruda-ignacio-ramonet-explosion-del-periodismo-22-07-11/1159350/
-Paco Ignacio Taibo II, revolucionarios, ejemplos para el 15-M: http://www.rtve.es/alacarta/audios/carne-cruda/carne-cruda-010611/1117505/
Anteriores al 15M: 
Islandia, la revolución silenciadahttp://www.rtve.es/alacarta/audios/carne-cruda/carne-cruda-islandia-caso-silenciado-17-03-11/1048072/
Arcadi Oliveres, ATTAC, analiza la crisis y el sistema financierohttp://www.rtve.es/alacarta/audios/carne-cruda/carne-cruda-soluciones-economicas-reales-11-04-11/1070846/
Manel Fontdevila, cómic “Esta crisis está siendo un éxito”: http://www.rtve.es/alacarta/audios/carne-cruda/carne-cruda-crisis-esta-siendo-exito-28-04-11/1085906/
19.07.2011
13.07.2011

Libros livres, 4

por silvink

Ensaladas felices

Hay días felices. Que vienen sin que nadie los espere. Que después se paladean como una ensalada de zanahoria aliñada con limón. O como el recuerdo de una ensalada de col aliñada con mostaza. Sabores fuertes y picantes. Frescor de final de invierno. Días que empiezan en un coche lleno de botellas de plástico y periódicos. Y que acaban volviendo de noche a casa, pasando a oscuras curvas de carretera, escuchando otra vez el disco que nos trajo hasta aquí.

Botas llenas de barro y llegas a la ciudad. Sobre el empedrado tu ropa parece de montañera. El  pelo  enmarañado. Un restaurante,  una librería, una plaza. Civilización.

Es 16 de Marzo fuimos Anne y yo a Toulouse. Lo sé, el día exacto, porque tengo un ticket de Ombres Blanches, la librería que se merece espacio propio. Y que lo tendrá. Más adelante. También lo sé porque al día siguiente es el cumple de Eliane, la madre de Anne. E hicimos una minifiesta y yo le regalé el libro de Kristoff.
Pero ese miércoles pasamos el día en Toulouse entre chiribitas de felicidad inesperada. Uno de esos días. Sin razón aparente.

Llevas quince días en el campo, sin salir, tratando de escribir. Lográndolo, de hecho. Y todo va bien. Quince días en los que sólo te permitiste descansar uno. A pesar del agotamiento provocado por  la mudanza de ciudad y de país + el lío inesperado que trajo la posible decisión de marcharte a trabajar a Hong Kong.

Una posibilidad que se deshizo en humo un lunes por la mañana entre las brumas del jardín casa de J., a las afueras de Auch. Decisiones con frenazos. Sin respiración. Quinto trampolín. Respiras, te lanzas y en el trayecto eres pequeña, de golpe, te da miedo que al caer el agua sea una plaza de cemento. Te tiras y en el aire te detienes.  Pero sigues cayendo. No hay manera de detenerse. Ni siquiera en el campo. Los días pasando, con el tic-tac de la cabaña. Implacables. Tiempo, concentración, palabras.

Vale, decisión tomada (por  ti). No te vas a otro país (más). Sientes nostalgia de futuro de lo que se presentaba como una auténtica escenografía de huida hacia adelante. El total r-evolution de Oriente cambiado por el plan inicial de detener el tiempo.

Y ya estás en otro país. Entre ciudad y ciudad, el campo. Y escribir. Céntrate. Te centras.

Abres este blog, te dejas la espalda sentándote quince horas por día. Y ahora piensas,  cuatro meses después, que quieres escribir, pero que quizá te quedes (o te consagres) como lectora obsesiva  y nada más. Y nada menos.

La historia de Agota

Anne se ha ido a su consulta médica. Hemos comido en Chez Navarre, un restaurante de los que aquí llaman “mesa de invitados”. Una mesa corrida con bancos donde come gente en su hora de pausa  del trabajo. Es mediodía. Comemos las ensaladas míticas mencionadas al inicio de este post y que constituyen el núcleo sinestésisco de los recuerdos felices de este día.

Después de arrasar con la mesa de postres y de vinos (por 14.50€ puedes comer y beber hasta hartarte) quedamos en encontrarnos en un par de horas en la Plaza del Capitole, la plaza mayor de Toulouse.  La comida me ha dado una sed horrible. Esa sed que, aunque quede pedante, diré que sólo puede calmar la lectura. Entro al lugar que mejor conozco de esta ciudad: la susodicha Ombres Blanches. Tiene un fondo inmenso y unos libreros guapos. Zona infantil, zona ados (como llaman aquí a la literatura juvenil), zona polar (como llaman aquí a la  novela negra), zonas escondidas y vedadas para mí, zona de cómic, jardín interior y mesas inmensas de novedades y recomendaciones.

La directora de esta librería fue un tiempo Isabel Desquelles, una escritora “joven” que vive en el edificio de la madre de Anne, (la casa donde pasamos el post anterior). Su primer libro, Je me souviens de tout, es una novela que nunca he llegado a leer y que Isabelle publicó con éxito arrollador e inesperado en 2003, la primera vez que yo estuve en Toulouse y en casa de Anne. Ese título, Me acuerdo de Todo, me parece excelente para una recopilación de Me acuerdos eventual. Desde 2003 ha publicado cuatro novelas y un ensayo autobiográfico (un récit, lo llaman aquí) llamado Fahrenheit 2010. El título hace referencia al último año que paso en la Librería, quemada y rodeada de libros. Sufriendo el síndrome de la librera quemada. Hoy trata de encontrar editor para su último trabajo. 

Esto de las nomenclaturas de los géneros es divertido. Cuando buscaba el libro de Olivier Adam, le pregunté a uno de los libreros guapos por Passer L`hiver , un libro de contes. El tipo se ríe. “¿Contes?” “-Sí, contes.” No son contes, son nouvelles. Noo.  Pero nouvelles son novelas breves. Pasar el invierno es un recueil de neuf nouvelles, es decir, una compilación de nueve cuentos, no de nueve novelitas. Contes  son cuentos, leyendas, al estilo fairy tales. Nouvelle es relato. Vaya jaleo.
¿Y cómo llamarán a las novelas breves?

El librero guapo me encuentra el libro de Adam. Que ya dije que no fui capaz de leer, por nivel y por acidez. Se lo quedó Anne, que tampoco se lo tragó. Este libro no pasó el invierno. Se quedó  varado en las montañas de libros del estudio de Kevin y Anne. La casita azul de la portada espera a oscuras y sola a que pase a su vez el verano.

En la mesa de recomendaciones encuentro un libro que se llama Le Grand Cahier, de portada fea, finito y barato. Lo hojeo porque tengo ganas de leer a esta tipa, Agota Kristoff, no sé exactamente por qué. Me siento y empiezo la primera pagina. Y se produce el milagro. Lo entiendo todo. Hablan dos gemelos, que sólo  en la tercera parte de la trilogía de la que este gran cuaderno es primera parte sabremos que se llaman Klaus y Lucas. Porque lo puedo leer, lo compro. Aún no sé dónde me he metido. Vosotras tampoco.

En el próximo post seguiré con el cumpleaños de la madre de Anne. Como veis, este blog esta plagado de drogas y rock and roll.

11.07.2011

Libros livres, 3

por silvink

Debería escribir sobre cosas importantes, como las licencias o todo lo que he aprendido, las preguntas que tengo (y las que no tengo aún formuladas). Como las cosas que quedan por hacer y que ni siquiera están listadas. Aprendí el arte precioso del aplazamiento. Sólo 3 cosas al día. Métodos para frenar la compulsión.

Podría escribir las cosas más importantes este día. Bueh. Que sólo puedo escribir sobre libros. De la bio-bibliografía que amontoné y expandí en el autoexilio gascón y que me trae hasta aquí, hasta este piso diminuto de al lado de El Retiro que esta noche comparto con mis padres. En la casa nueva no hay luz ni internet.  Sólo puedo estar allí de día, ordenando cosas o leyendo. Lo cual es muy útil para desentrenar el cerebro de lo vertiginoso. Por las noches uso un camping gas de mentira que compré en uno de los chinos de la calle Feria durante el último apagón de este invierno. Me acuerdo de cómo todos los vecinos se arremolinaron en el callejón a escudriñar y comentar la labor del tipo de Endesa Sevillana encaramado a su escalera. Mientras, yo  me empeñaba en darme un baño a oscuras. Casi.

Por eso, porque esta casa es diminuta, escribo en bajito. Acaricio las teclas para no despertar a mi madre, que duerme casi al lado (acostumbrada a la casa de Came, 14 habitaciones, salón inmenso). El chisporroteo de la cafetera es lo más difícil de camuflar. En Came dejaba que el café subiera escandalosamente. La gata cruzaba el salón,  bufando.

Ya hace más de una semana que me fui de Came en dirección a Toulouse. La madre de Anne me dejó su casa. Su apartamento, lleno de miniaturas y reproducciones orientales, con una galería acristalada y tintada con pájaros japoneses y tres chimeneas ciegas, para mí sola. La tarima antigua crujía tanto al pisar que también -aunque estuviera sola- pisaba al despertar los listones como ahora piso las teclas, con cuidado teatral.  Siempre da miedo despertar a las madres, aunque no estén.

Cambié el olor y los sonidos del campo por el sonido y el olor de una calle pequeña y vacía, pero cerca del Gran Rond, del Monumento a los Muertos, del continuo ir y venir de coches. Y las luces. El fin de la oscuridad total. El fin de ver las estrellas con propiedades hipnóticas. Las miniaturas y las luces móviles de los coches que pasan por el techo de la habitación sustituyen al cielo de Came. Transitoriamente. Hasta que llegue el olor y la luz nocturna de Madrid.

Hay algo que une el apartamento de Toulouse y la casa de mis padres. Ambas están junto a un parque. Y las casas de definen más por los alrededores que por los interiores. Y los dos pisos tienen en medio del salón la bolsa que compré por 1,80€ en una tienda de productos africanos del Boulevard de Strasbourg. (¿Os he dicho que en Toulouse hay millones de árboles?) Y  de bulevares. Compré una de esas bolsas desplegables de cuadritos y tejido crujiente. Para facturar los libros. Al final la llené de ropa y metí los libros en la maleta.

Y aquí viene lo importante. El interior de todas las bolsas, como las casas que nunca podemos adivinar desde las ventanas iluminadas o a oscuras. El contenido de los libros. Una parte muy  importante de lo que he hecho en el campo. Manosear libros. Traerlos y llevarlos. De una casa a otra. De una habitación a otra. Cuando esta bolsa acabe en la nueva casa y los libros en estanterias (que espero montar esta semana) terminará oficialmente la mudanza.

Algunos libros del interior de la bolsa. Estos libros han estado esparcidos por los suelos, mesas, jardines interiores y alrededores de las diferentes casas en las que estuve en estos meses (Anne, padres, Daniela, Joana, Juanantonio, Alicia, madre de Anne). Ahora esperan su nuevo hogar. Y de momento, pues viven aquí: en esta crónicas.

Meto la mano y saco al azar (mentira), todo esto  está muy estudiado y pasado por la mano de la autocensura. Nunca os contaría que llevo un libro de autoayuda para mineros, por ejemplo.

Saco La peuvre, (La prueba), un libro pequeño, de portada más bien fea. Escrito por Agota Kristoff. No puede ser. Tenemos que rebobinar, como haría Curtis de Misfits. Todo lo que rodea a este libro es tan interesante como la historia del día que lo compramos. El paisaje de los sucesos es igual de importante que los libros, digo, que los propios sucesos.  Ahora, si me dieran a elegir, creo que cambiaría la visita y estancia en el interior de una casa habitada en cualquier ciudad del mundo por cualquier visita turística a esa misma ciudad. El interior de las casas vs. los parques que rodean a los libros.

Los paisajes vitales que rodean a los libros. ¿Son más importantes que los propios libros?
No lo sé.
Quiero ser vieja y decir: “No me interesa la literatura”. Después de haber escrito muchas casas y muchos árboles y muchas bolsas y muchas estrellas de mentira, móviles, portátiles y manoseables. Es decir, libros.

29.06.2011

Libros livres, 2

por silvink

Entonces recurrí a las baldas del estudio de Anne. Me econtré con La vida por delante (o delante de uno), La vie devant soi. Es una buena historia, de lo más parisina. Y diábolica, formalmente (exagero). Pero algo pillo. Pillo más que leyendo a Olivier Adam. Vengo de Sevilla. Debe ser que estoy más entrenada para comprender el barroco que en desentrañar la dureza de la elipsis continua.

La voz del narrador y protagonista de La vie devant soi es la de Momo, un niño argelino que aparece de pronto en París, en circunstancias que luego contaré. 

Mientras trato de leer, en mi mundo contemporáneo, el de las cosas contables, sobrevuela una decisión laboral que no depende de mí y a la que espero comiéndome los nudillos. Una llamada. Un mail. Un sí. Un no. Y resulta que sólo leer este libro en alto me calma la ansiedad. Entre los caminos asfaltados que recorren los inifinitos campos de trigo amarillo voy leyendo como si fuera una loquita que se inventa el francés arrabalero.

Anne me confiesa que no cree que pueda leer ese libro lleno de argot parisino trasnochado y mil equívocos lingüísticos. Por ejemplo, el niño vive rodeado de putas, en un arrondisement de los más chungos, su madre lo ha abandonado al cuidado de una madame gorda y vieja, que lo cuida muy  bien. Él tiene como una fascinación por la señora. Un día le declara su amor y le dice que quiere ser su chulo. Obviamente no tiene ni idea de lo que está hablando.
Pero, ¿y no se contemplan las propiedades calmantes de la las palabras, por más que no entiendas nada, o precisamente por eso? Me llaman por fin del trabajo. Rejected. A otra cosa. Abandono el libro. Ya no lo necesito. 
En esos días de espera agónica también estuve investigando mucho sobre China (el trabajo en cuestión era allí) y descubrí un libro de Paul Theroux. Un libro de viajes. En trenes lentos. Atravesando China. Una sólo debería leer libros de viaje cuando sabe que  nunca irá a esos lugares. No al libro de viajes-guía turística. NO. Son  otros caminos. Caminos de hierro, caminos de asfalto,  cultivos intensivos de trigo, calles empedradas. Qué mas da. El caso es que hay que andar.
Antes de dejar el libro de Romain Gary, La vida delante de uno, averigüé cosas fascinantes sobre su persona. Que creo que merece la pena contar.
El tipo, este Romain, nació en Vilnus, Lituania, en 1914. (Eso es lo que yo llamaría puntería histórica para nacer, illo.) Vilnus me hace recordar a Alina Zarekaite, una de mis alumnas. Increíblemente lista, bella y talentosa. Alina llegó a España en el año 1999. Con 12 años. Su madre había llegado un año antes. Llegó a la Aldea del Rocío. Glups. Para el que no conozca aquel lugar diré que es lo más extraño que se puede pisar después de, digamos, ¿Marte? Es un pueblo cuyas calles son de arena de la marisma de Doñana. Calles de arena. Bien. No puedo decir más. Y la gente se mueve en carretas. Y levanta polvo en sus traslados. Y hay una  virgen enrejada de la que ya os sabéis la historia. 
Alina llega pues desde su barrrio soviético de Vilna, con el pelo casi blanco y la piel blanquísima, hasta la Aldea del Rocío. Silencio. Sol.
Su madre recoge la fresa junto a otro montón de mujeres que se abrasan y recorren las carretera que va desde Sevilla hasta Mazagón y que atraviesa el Coto. Vuelven a pie por el arcén hasta llegar a casa, por la tarde. 
Alina llega a la escuela de la Aldea del Rocío con doce años. Aprende castellano en seis meses. Saca las mejores notas de su clase. Seguramente se aburre. Despierta recelos. Empieza a escribir.

Ahora vive en Triana y tiene una perra y un novio y su madre se fue a vivir cerca de Lisboa. En la última clase me confesó que estaba muy agobiada porque no le gustan los niños y no sabe cómo escribir desde la voz de un niño y tenía que escribir un relato desde la voz de un niño. Alina es, probablemente, tan escritora como su compatriota Gary era cuando empezó a escribir La vie devant soi. La novela fue publicada con el pseudónimo de Émile Ajar en 1975.

Gary gastó varios pseudónimos  a lo largo de su vida. Pero con el juego Gary/Ajar llegaría muy requetelejos. Listen:

La vie devant soi ganó el Premio Goncourt 1976. Todos saludaron el nacimiento de un gran escritor, el desconocido Émile Ajar. Incluso el propio Romain Gary lo hizo, que ya por entonces era diplomático y estaba casado con, atención: Jean Seberg. La chica de los periódicos de Al final de la escapada.  Vale. Hay gente capaz de tener varias vidas en una. Quizá por eso  necesite más de un nombre.

4 años después de ganar el Premio Goncourt, Romain Gary/Emile Ajar se suididó en su apartamentto parisino. « Aucun rapport avec Jean Seberg » (Ninguna relación con Jean Seberg). Vale, tío. Jean Seberg se había suicidado el verano anterior.

En otro documento dejo dicho, además, quién era. Además de  Romain Gary.

Sólo entonces fue cuando se descubrió que Gary y Adjar eran la misma persona. Así, se supo tambien, que este tipo era el único en haber recibido el Premio Goncourt en dos ocasiones.
Se la había pegado a la crítica y a la academia francesa en pleno. 

La mirada de Gary me recuerda a la de Alina. Esto es una tontería. Lo importante son los libros. Devuelvo el libro de Adjar/Gary a la estantería. Me recuerdo que le tengo que decir a Ali que se lea este libro. Para lo de su relato con niño. Ella, obvio, habla y lee en francés. Sirva este post de comunicado cósmico para ella (habrá una segunda parte).

Alina es una promesa. Como el resto de los libros que  me esperan en las baldas de Anne. Seguimos con la cabeza inclinada hacia la izquierda y el dedo que recorre los lomos. A ver.

Alina Zarekaite en su casa. Foto de María Aya. Sí, la hija de Atín  Aya.

→continuará

28.06.2011

Libros livres, 1

por silvink

Maletas. Recapitulo. Una bio-bliografía de estos meses podría empezar con este mensaje:


02 de marzo a las 12:14
Lolita, gracias por Ahora, escribo,
Ayer lo empecé en un vuelo Madrid-Tolulouse y lo acabo de terminar.
En un momento dado, el sobrecargo le explicó a mi compañero de asiento que debia ponerse la chaqueta para el aterrizaje. Ante la extrañeza del tipo, el otro contestó que la razón era por que en caso “de que tuviéramos que salir corriendo” no podía haber nada por medio.
Creo que tu libro ha desbrozado un montón de cosas de en medio y que en un intento de “salir corriendo” de la escritura queda prendida hasta las patas en ella.
GRACIAS GRACIAS GRACIAS
Por tu libro y merodear esas zonas tan extrañas entre escribir y no escribir. Y por hablar de la necesidad/miedo a la creación, que puede llegar a plantearnos la vida como una huida constante.
Un saludo!
Silvia 
(Sí, soy de esas que escribe a sus autoras favoritas. Soy bastante pelota.)
Así empezó el viaje. El 1 de Marzo, sentada en un vuelo low cost dirección Toulouse leyendo a Lolita Bosch escribiendo que es incapaz de leer en los aviones.
El aeropuerto de Toulouse está en un pueblo-ciudad estilo Barajas que se llama Blagnac. Así que en realidad viajé desde Barajas a Blagnac. De cinturón industrial  a cinturón industrial.
Cuando volvemos al campo desde Toulouse, a veces, algún carril de la autopista está cortado en alguno de los dos sentidos. Piezas inmensas sobre trailers. Van a la fábrica del Airbus de Toulouse. En Sevilla también se fabrican componentes del Airbus. Los carriles cortados están señalizados con miles de lucecitas mientras tipos con chalecos reflectantes mueven las manos con aspavientos evocando inevitablemente una catástrofe núclear.

Al poco de llegar aquí pasó lo de Fukushima. Fu-ku-shi-má decían incesantemente los locutores de France Inter. Era de lo poco que podía entender y me entraba la risa.

Terminé a Lolita Bosch. Después fuimos, tuvimos que ir, como el que va a la farmacia, a la librería de Auch. Una librería pequeña y bien abastecida. Con una librera muy bajita e inhabitualmente pizpireta, para lo que se despacha por aquí. Voy directa a por Passer l`hiver de Olivier Adam. 5.90€, edición de bolsillo. El de Errata Naturae me costo hace dos años16.00€. La edición de Points es muy buena.

Leo. Trato de leer en francés. Constato que soy incapaz de leer a Adam. De pronto me resulta más cínico y hasta patético, con todos esos personajes emborrachándose solos en el salón y pasando la nochevieja en una tienda de gasolinera. Lo contextualizo en Francia y ya no me parece todo tan frío ni tan exótico. Aquí todo es más formal y disecado en las formas. Más violento en la base.

→continuará

Anne y yo antes de entrar al refugio anti libros de Came.

Olivier Adam después del verano que pasó en Las Landas tratando de hacer surf para desintoxicarse de sus propias historias.
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