Carolink Fingers
04.07.2010

Just a working girl (2)

por carolinkfingers

Qué me queda de contar antes de meterme en otros fregaos… Colaboraciones recientes en Notodo.com, que han pasado sin pena ni gloria, en lo que respecta a este blog (y el porqué, si es que hay uno, tiene que ver con otras cosas que quiero contar en otra oportunidad).

Después del textito del amigo Zweig, publiqué esto sobre Mansos de Roberto Enríquez.


La reseña sobre el bestiario de amantes de Josan Hatero:

Y hace pocos días esta otra sobre Diario de las especies de Claudia Apablaza. Un libro del que todavía quiero hablar más.


Y hay muchos más libros, hay muchos más proyectos, hay muchas lecturas atrasadas y otras en curso. Hay mucho más.

02.07.2010

Just a working girl (1)

por carolinkfingers

La broma sobre el trabajo y yo misma viene de muy antiguo, algún día debería contarla.

Hace no mucho, en un arrebato, me fui a un fisioterapeuta, a darme un masaje (fuera bromas). Sé que son los euros mejor invertidos de todo el semestre, porque este chico hace, además, de psicoanalista sin pretenderlo. Él masajeaba, yo me quejaba, una vez más, del poco tiempo libre, del muchísimo trabajo. Me preguntaba él si realmente no me daba tiempo a todo, o yo hacía para que no me diese tiempo.

Me dejó callada.

Ni siquiera contesto a los que amorosamente me comentan. Vale, prometo, porque no tengo excusa. Contesto, o peleamos delante de unas cañas. Hoy me propongo ponerme al día, porque in illo tempore éste era el blog profesional en que contaría lo que publicaba por el mundo.

Aquí están las reseñas publicadas en Go Magazine, que no sé por qué tengo tan olvidadas.

Publicada en ¿marzo?

Catherine Millet Celos
Anagrama

La mujer que desnudó la sexualidad desde su propia voz -o, como le gusta decir, desde su propio cuerpo- amplía y corrige su primera zambullida en un nuevo libro, que ha tardado un par de años en llegar; y eso puede tener que ver con que “Celos” (en el original, “Días de sufrimiento”) carece del “morbo”, de aquel “La vida sexual de Catherine M.”. Claro, los demonios interiores de la que fuera emperadora de la liberación sexual con signo cultureta y francés son menos aberrantes y más comunes: esa mujer con un comportamiento sexual límite, de campeonato, también tenía sentimientos. Era “normal”. Así que, le guste a ella o no, aquí aparece otra Millet, más madura, más cerebral, más autoconsciente incluso, y al mismo tiempo vale decir que está la misma: la de pluma directa e inteligente, la obsesa de las cuestiones visuales y la noción de espacio, la que utiliza modelos artísticos, formas reconocibles del universo abstracto y recreado para desandar sus propios pasos y presentar la realidad cruda, dolorosa, algo más dignificada. Y, ¿cuál es esa nueva Millet?: en el descenso al infierno de los celos, Millet también va a descubrir que toda su cultura a cuestas poco la ayudaba a entenderse. Se hace “fan” del “lugar común”. Entre dos aguas, el libro es un lúcido ensayo anclado en la psicología y el tratado artístico, y al mismo tiempo un excelente folletín. Lástima que, a ratos, parezca que cree necesario psicoanalizar a la “liberada sexual” que tanto nos hizo disfrutar antesdeayer.

Publicada en abril 2010:

F.G. Haghenbeck
Aliento a muerte
Salto de Página

Lanzarse al hoyo de los argumentos históricos, ubicando las obsesiones propias en un pasado más o menos remoto, en lugar de trabajar materiales del presente, puede ser tanto un escapismo como un campo de juego para la imaginación desatada. En una época en que México posee elementos de la realidad inspiradores de una narrativa tan fértil, darse al revisionismo en la novela, ¿no es frivolidad? F.G. Haghenbeck se va al México de 1868: final del imperio efímero de Maximiliano, europeos tratando de emular un régimen napoleónico al otro lado del Atlántico y todo el mundo revuelto en una guerra cuasi civil. Acercándose de puntillas a un costumbrismo de signo goyesco, procaz, lejos de la idealización, a través de una estructura montada como si fuera una “exposición” de cuadros y otras piezas artísticas, vamos entrando en una novela pulp con el trasfondo de una historia de venganza. Adrián Blanquet (ni hermoso ni bueno, como ninguno de los personajes) regresa a su ciudad a cobrarse todo lo que, en la confusión de la guerra, le han quitado. Destaca esa selección monstruosa de tipos y caracteres, que llena el relato de prostitutas siamesas, cocineros enanos, terratenientes obesos y sangre a borbotones. Si bien en las primeras partes cae en manierismos o descripciones arquetípicas, toda esa larga introducción parece quedarse como sostén para el desquiciamiento del relato que vendrá después, digno de ser puesto en viñetas. En algún momento, la novela se transformó en un caballo camino del infierno.

Publicada en mayo 2010:

Josan Hatero
La piel afilada (un bestiario de amantes)
Alfaguara

No me hablen de experimento: los experimentos explotan y éste está muy contenido. Me hubiese entrado mejor como enciclopedia. Desearía haber encontrado más riesgo, seguridad, saltos al vacío, altanería del intento de capturar el mundo (aunque sólo fuese como catálogo de amantes) en unas cuantas páginas. No me discutan: soy una amante «miope»: nada podrá convencerme de que no me enamoro de aquello que no veo, que veo borroso. Sin embargo, me gusta este libro. Me gusta -es mi esencia- por lo que no es, por lo que no alcanzó a ser. El autor se esconde de la verdadera tarea, de la imperiosa tarea de imaginarnos. Estamos todos hechos un lío. No necesitábamos la constatación de que ahí afuera hay otros como nosotros: los testimonios de las «personas reales» entrevistadas no aportan nada a la literatura y acercan peligrosamente el «experimento» a un manual de autoayuda. Sin embargo, ahí está el bestiario. Afilados, narcolépticos, diferentes, santos, berlineses. Imposible sustraerse a la inclinación por vernos reflejados. Te vas a encontrar, y seguramente te vas a reflejar hermosamente descrito. Hay prolijosa documentación, variedades, pero también repeticiones o conceptos demasiado cercanos. Pero sobre todo hay dudas y no me gustan los amantes -ni los libros- dubitativos. Inventen ustedes, que son escritores, un mundo orgulloso de su esencia de mundo y que no tenga nada que deberle a nadie. Evite cuestionarse, que eso lo hará el lector atento y más que ninguno el pornógrafo.

Y publicada en junio 2010:

Pilar Adón
El mes más cruel
Impedimenta

En un libro de cuentos, es terriblemente complicado mantener la tensión suficiente en toda su extensión, y hacernos quedar ahí sin recurrir a fuegos artificiales -encandiladores, pero ilusorios-. Es cada día más frecuente cerrar un libro de cuentos con la sensación de que las maravillas, si están, se presentan retorcidas bajo los consejos del taller, como mujeres excesivamente maquilladas. Y sí, una sutil sensación de estafa. Terminado “El mes más cruel”, me digo: aquí debajo no hay más; todo está arriba, todo lo que se puede mostrar enseña su cara, todo está hecho de engañosas perspectivas, luces difusas, matices, sospechas, peligros. No hay certezas ni claridad posible. No hay explicaciones. Pienso que la autora ha llegado a la conclusión de que no se puede escribir de lo que no se conoce: y fundamentada en ese sano, terminal relativismo, nos enseña aquello que sus personajes ven y sienten. Sin escamotear información, sin narradores «listillos». La verdad es verdad porque está dentro de la literatura y Adón crea mundos deliciosamente bien armados, incontestables, autocontenidos, redondos. Y llego a esa conclusión no porque las historias sean de abrir la boca de pasmo, sino por el trabajo de cirugía sobre el lenguaje, la cuidadosa selección de palabras y el armado paulatino de frases y párrafos, un trabajo celoso sobre la sutileza, la connotación y el eco de las paredes nunca sólidas de los conceptos. Hay una búsqueda desencantada, pero tozuda, y eso me llena de entusiasmo.

11.06.2010

Una soberana estupidez

por carolinkfingers

Una soberana estupidez es escribir (y publicar) sobre algo donde la opinión mayoritaria es tan mayoritaria, particularmente cuando mi opinión es justamente la otra, la que no tiene importancia ninguna.

Una soberana estupidez es criticar un acontecimiento (¿deportivo?) como el Mundial de Fútbol.

Una soberana estupidez es abanderar al equipo nacional, de repente todos tan patrióticos, cuando los esquemas nacionales nos importan aquí (diversidad, regiones, lenguas, afanes de independencia) tan poco.

Una soberana estupidez es la que inviste de pronto a todos los hombres del país, que algunos incluso nos llegan a gritar desde sus tribunas de gurús blogueros que en este mes y medio no nos quieren oir hablar (a las mujeres, sean como sean).

Una soberana estupidez es la de las mujeres que intentarán acoplarse a la fiesta, más que sea aparentando que lo pasamos bien viendo por una vez el fútbol, a escala multinacional que mola más, donde lo entendemos un poco mejor, y disfrutando con las piernas y culos (para esto, mejor el waterpolo).

Una soberana estupidez es la de la épica del fútbol, la que intenta hacerme pasar por contemporáneos gladiadores a los jugadores: aquellos morían, estos se llevan primas millonarias. Y otra soberana estupidez es idiotizarse por estas seis semanas, hartarse de pizzas y cervezas, abandonarse al carpe diem como si realmente de esto alguno de nosotros pobres mortales fuese a sacar algo. Que ustedes disfruten el Mundial.

02.06.2010

Guerra

por carolinkfingers


No anda muy activo este blog -y no importa a nadie, casi ni a su autora. La tarea fundamental consiste en comunicarme en un nivel en el que no se deslicen las quejas, los problemas irresueltos o las presiones. Simplemente por no saber, suelo quedarme en silencio.

Esta mañana alguien querido me preguntó «¿Cómo estás?» y, sabiendo que no se merecía una respuesta de compromiso, un simple «Bien» de esos de tranquilizar conciencias, contesté «No sé». (He aquí en estas dos líneas un microrrelato, al menos uno que me gusta a mí).

Es que cuando mis ideas están amontonadas, confusas, imprecisas y urgidas de hervores, estos han de producirse en otro medio, por tanto no aparezco más que para el telegrama. Dejé tiempo atrás (aunque la tentación, a veces, me lleva al borde del precipicio) de utilizar estos medios para los desahogos, la pataleta obscena 2.0 . Y eso es todo y no hay mucho más que contar. Atravieso tiempos turbios, estoy en guerra conmigo misma, y no me dejo el más mínimo resquicio para que penetre el sentimiento, cualquiera que éste sea. Si pudiera al menos concentrar en alguna forma, mínimamente literaria, esta nulidad de sentimiento, esta podredumbre, quizá se podría sacar algo del proceso en que me voy asemejando -por no hacer daño, por no hacerme más daño- a un autómata.

Hay una canción. No quiero explicar más de ella. Le dan al click si les apetece y punto.

Y no es que me pasen cosas terribles. Más bien al contrario. Ciertamente hoy me ha pasado algo hermoso y por eso vine a contarlo. La guerra conmigo misma tiene sus treguas, y por supuesto que el reverso de la guerra es esta otra irregular batalla: la obligación de salir a la calle, mantener cierto aspecto, sonreir a las personas bonitas, que son muchas, aparentar que todo-va-bien, que todo-es-lindo. Soy Israel y Palestina al mismo tiempo. Soy un ejército que lucha con tanques y soy un ejército que sufre los obuses. Pero este mediodía tenía una genial excusa para ponerme la máscara de Jekyll, maquillaje suave mediante, vestido primaveral, y salir a ver a uno de los escritores vivos que más admiro, Yuri Herrera, que recibía un premio hoy en Madrid. (Le conocí cuando le hice esta entrevista, y a él dedicamos uno de nuestros primeros programas.)

Él venía a recibir su premio, yo fui a saludarlo, pero también a recibir un «premio». Hace algunos meses tuve la desfachatez de enviarle algunas prosas que redacté el pasado verano, a modo de microrrelatos. Y él ha tenido la osadía de poner uno de esos textos en la revista que edita junto a otros escritores en México, El Perro.

En el número 16. En éste.

El Perro tiene tres años de publicación, vale veinte pesos mexicanos, y publica autores en español de todas partes. Lo que más me gusta de la revista es que sólo tiene literatura. Sólo contiene breves relatos o poemas. Sus autores son a veces publicados y a veces no. Como yo misma. Lo segundo que más me gusta es su logo: el perro toma una forma, se adapta como camaleón al tema-motivo que recorre cada uno de los números.

El que véis primero es el número que habla de secretos, el segundo está empalmado, porque va de sexo, y en el último se caracterizó de soldado de la segunda guerra mundial (creo). Así que uno de mis «abandonos» le gustó y/o encajó en el número que dedicaban a la Guerra. No deja de tener su tomate.
Y claro que estoy orgullosa. Para lo poquísimo que me he prodigado hasta hoy en revistas literarias, me encanta aparecer por segunda vez en el continente americano. Eso opina uno de mis bandos. El otro no se inmuta siquiera. Aparta la vista, se aleja de tentaciones, ha aprendido a no morirse ni siquiera de entusiasmo. Se ha hecho viejo y cascarrabias. Está muerto, en verdad. ¿Y si lo matara del todo? Quisiera tomarme esta hermosa noticia como un armisticio o como una bala de plata. Quisiera que uno de mis dos generales bajara el fusil. El que hace daño, el que no me cuida, el más discursivo, el más rabioso, el más hijueputa. O el otro. Pero que uno de los dos se rindiera, por Satanás, por El Perro.

22.05.2010

Alfabeto

por carolinkfingers


Hace unos días, en una reunión con profesores. La maestra de mi hija mayor se quejaba, con terror, de la amenaza que pesa sobre ella de quedarse sin jubilación. «¿Y te preocupa realmente eso?», le dije. «Si ni siquiera sabemos qué puede pasarnos mañana». Dije «mañana» cuando podía haber dicho «en el próximo segundo «.

El caso es que salí de allí y ya han pasado varios cientos de miles de segundos, desde entonces. Sigo con la misma fe (sin fe) en las cosas dispersas, inseguras. No sé dónde lo aprendí, no sé cuándo realmente me di cuenta de que no valía la pena creer en nada, lo cierto es que se vive mucho más tranquilo sin esperanza -ni qué decir sin deseo.

Me estoy almorzando, a las cuatro y media de la tarde, unas papas enconejás, como las llamaba mi abuela Francisca -papas fritas, huevo, perejil y ajo, para qué más. Llevo encerrada detrás de esta pantalla semanas y semanas, perfilando un nuevo futuro profesional o, al menos, una suerte de obligaciones diarias que me permitan no preocuparme demasiado sobre el segundo siguiente. Así está hecho el mundo. No sé cuándo aprendí a quedarme con tan poco. A priorizar mi alfabeto constituyente. A que no me importara ni lo que piensan otros de mí ni lo que otros hacen por mí. Lo cierto es que así se vive mucho más tranquilo.

Es tanto lo que tengo.

Podría ir a revisar viejos cuadernos y me encontraría con expresiones como «mi mundo interior», «mis aventuras imaginarias». De niña, púber, vivía en mis fantasías sin ningún tipo de sentimiento de culpa, ni vergüenza, ni simulación. Vivía allí. Es quizá por eso que sé que no he aprendido nada, sólo estoy desenterrando.

Quiero ir a Chile. Lo quería, pero en estas semanas el deseo me posee entera, y además puedo vislumbrar el cómo. Quiero volver y recuperar lo que es Chile para mí, sin intermediarios. Y conformarme con una ensalada chilena (tomates y cilantro). No pido nada más. Querer no conduce a ningún lado. Y quizá mi proyecto, mi deseo, se quede conmigo y venga a formar parte de mis aventuras de las dos de la mañana. No pasa nada. Trabajaré los recuerdos. Recompondré experiencias que nunca tuve. Adoraré en la distancia. Despediré las ganas. Viviré dentro mío.

Viví allí por cuatro años. Esa realidad es mía aunque se esté difuminando. Es como adorar un cuerpo, algunas horas, y mientras te lo comes estar ya despidiéndose de él, porque sabes que no volverá más. Pero te despides de él y al mismo tiempo lo chupas, lo besas, lo lames, y los segundos que transcurren no son más que segundos, no trascienden más allá, pero son ricos en sí mismos, son pesados, gruesos, petulantes, son los guijarros del río, y el tiempo es el agua que les pasa por encima. No pasa nada porque queden atrás, no pasa nada.

Mañana en la tarde actúa en Casa América, en Madrid, un par de mis artistas favoritos. Vienen de Chile, y hace ya algunos años que me acompañan, forman parte de mi trupe de amigos invisibles. No sé si podré ir a verles en directo, no sé si el tiempo me otorgará tal beneficio. Incluso no estando allí, yo estaré allí. Incluso perdiendo la luz, perdiendo la casa, perdiendo la vida, yo estaría allí. Declamando mi nuevo, aprendido o recuperado, alfabeto.

11.05.2010

El perro de la casa de al lado

por carolinkfingers


Arf, arf, arf
No es el perro, soy yo que no llego a todo.
Hoy publiqué esta cosita sobre ¿Fue él?, libro de Stefan Zweig, en notodo.com.

25.04.2010

En modo microrrelato

por carolinkfingers

Los pobrecitos directores de oficina bancaria u operadores inmobiliarios cuyos chalés me circundan cruzan un par de cuadras hasta el quiosco de mi calle, compran el periódico y lo leen mientras toman una caña en el bar con terraza. Mi pobrecito cuerpo molido por llevar trabajando sin parar, con jornadas que empiezan a las nueve de la mañana y acaban, quizá, a las dos (am), baja al quiosco y compra el periódico, que no leeré, sólo por tomar cinco minutos de sol.

Corto y cierro. Quedan cincuenta páginas por escribir antes de dar la jornada por concluída.

20.04.2010

Sonic Youth Delirio (y 3)

por carolinkfingers


Aquí mismo, 19 de abril 2010

Querido Zito,

¿Es esto una monumental paja nostálgica? Me voy esta noche a encontrar con mi mito. ¿Se caerá? En la época en que la música la escuchábamos en cassettes grabados, Goo era mi favorito. Llegué a pintarme la portada, con rotulador textil, sobre una camiseta blanca. Línea a línea, letra a letra (I stole my sister’s boyfriend. It was all whirlwind, heat and flash. Within a week we killed my parents and hit the road), y llegué a aprenderme la letanía de memoria. La usé tanto y tantas veces que terminé dejándola para las mañanas de batallón de limpieza. Ya no la tengo.

No deja de parecerme divertido que una música absolutamente indispuesta para la belleza (alguien me dijo ayer mismo: «suenan como gatos asesinándose») me toque las coordenadas estéticas de forma tan íntima. En el fondo, creo que me da lo mismo que esta noche toquen el primero o el último (lo más probable), y me dan risa todos aquellos que se masturban con la idea de escuchar en directo Teenage Riot o Catholic Block o Death Valley 69 (la canción con la que nombré a mi grupo, por cierto). Ellos evolucionan, sus fans se quedan. Yo me quedo con aquello que me quieran dar. Me dejaré llevar a las habitaciones más oscuras, puercas, encerradas, claustrofóbicas, de la mano de aquello que les dé la gana echarnos encima. Como si no quieren tocar ninguna y nos someten a dos horas de acoples. Lo más bello de SY es su consistencia. El mundo, si ha cambiado una pizca desde 1982, no ha dejado de tener esas habitaciones apestosas que ellos han transformado en espacios donde dejarse herir. No estoy segura de lo que digo.

Me pondré cerca de Kim. No he conocido en ningún grupo de rock a una mujer tan femenina, tan prodigiosamente sexy, tan absolutamente ajena a todos los estereotipos. No he conocido en mi vida a ningún grupo de rock que no utilice a la mujer como un reclamo, SY son especiales también por eso. Y ella sabe y conoce que cuando canta Tunic produce una descarga de tristeza y sensualidad gigante, irresistible.

Me da lo mismo lo que nos den esta noche: lo único que me importa es que no son remedo, no son fantasmas, no están ahí para divertirnos, no nos van a dejar indiferentes. No te apartes de mi lado.
Tuya,

Carolink


La vuelta de la esquina, 19 de Abril de 2010

Querida Carolink,

Yo, que soy menos auténtico, les escuché por primera vez en un recopilatorio de sus primeros tiempos llamado «Screaming fields of sonic love» y me pusieron patas abajo. Sí, lo que encontré no fue estético, porque no son bellos en el sentido convencional, como tampoco lo es Kim. Allí estaban las guitarras abrasadoras de, por ejemplo Expressway To Your Skull, o sus posters/collages/manifiestos fotocopiados que remontaron todos los 80. Yo no había visto ni escuchado antes nada igual y, como a ti, me llevaron a habitaciones en los que nunca me había atrevido a entrar.

En unos momentos cogeré la puerta para ir contigo a cumplir el sueño de verles en directo, ese que ahora tendré que tachar de mi lista de «Cosas que hacer antes de que estés muerto». E ire vestido de fan absouto, demente y descerebrado. Debemos apasionarnos, debemos entregarnos, Carolink. No es solo una paja nostálgica. Porque SY no son formulas pactadas. No son remedo. No son fantasmas. Lo seríamos nosotros de no hacerlo.

Salgo a buscarte.

Tuyo,
Dr Zito

De vuelta, 20 de abril 2010

Zito,

¿Dónde coño te metiste?

15.04.2010

Sonic Youth Delirio (2)

por carolinkfingers


Casi al lado, 13 de abril 2010

Sueño a veces que salto tramos de ocho escalones de una larguísima escalera que nunca llega a la calle, en un bloque de pisos interminable, con el hueco de bajada iluminado por una luz cenital donde el polvo baila al compás de Schizophraenia. Soy capaz de saltar esos ocho escalones como si volara, desde el rellano alto hasta el bajo, y aterrizo como si mi cuerpo no pesara. ¿Cuánto más se puede seguir soñando así?

Porque Kim, Lee, Steve y Thurston… ¿cómo crees tú que han mantenido las ganas de seguir exactamente igual de fieles a sí mismos y a sus sueños? Esta mañana me levanté con una canción de Nirvana en la cabeza. Malditos perdedores. Me hacen pensar en el fracaso, en los estúpidos años noventa, en la inexperta creencia en una forma de vida que nunca fue la nuestra. Pero están ellos al otro lado del espejo, están SY duplicados, omnipresentes, fantásticos, sabiendo envejecer y tan, pero tan modernos.

¿Cómo lo hacen? ¿Qué maldito pacto tienen con el diablo del underground para ser tan maravillosamente coherentes?

Hoy no tengo ganas de despedirme. Siempre,

Carolink


París, 14 de abril 2010

Querida Carolink,

Tal vez lo que ocurra, tal vez la respuesta, sea que los SY han alcanzado un algo que está más allá de lo mundano, una corriente de verdad inmutable, no sé si de belleza, que les mantiene jóvenes y activos, vitales, haciendo esto y lo otro, incansables, siempre con ganas de intentar algo nuevo, porque les mueve esa corriente, ese fluido rosa, blanco y negro del que, creo, viven y se alimentan.

Cuando les escucho, sobre todo el Rather Ripped; cierro los ojos y consigo escuchar ese fluido. Es como sintonizar el universo, las cuerdas, las supercuerdas, la materia que lo conforma todo, que conforma tambien tu sueños, Carolink. Por eso no acabarán nunca con un tiro de escopeta en la cabeza. Porque ellos no necesitan validación externa como los rockeros viejos (aunque sea para pagar las facturas) ni se asustan por la dimensión del éxito, como el bello suicida.

Ellos son nosotros y nosotros somos ellos. SY nos pertenece.

Tambien tuyo,
Dr Zito

13.04.2010

Sonic Youth Delirio (1)

por carolinkfingers


En algún lugar, 8 de abril de 2010

Querido Zito,

Allá por 2003, quizá, empezamos a hablarnos. Las esquinas, las bifurcaciones, los puentes… Si nos hubiésemos preocupado por archivar nuestras comunicaciones. Todo está detrás de los dedos. ¿Recuerdas cuál fue el primer disco del que podríamos haber hablado? Yo no estoy segura, pero podría afirmar que fue alguno de SY. ¿Te has dado cuenta de que elllos son más viejos que nosotros? De hecho, son más viejos que casi todos sus fans.

A estas alturas, ya no deseas nada. Dímelo, es así. Puedes no confesarlo, pero hacerse viejo es acumular inmunidad. Ah… Creía yo que nos habíamos olvidado de nuestra juventud, entre torteles del Mallorca. Y aquí nos tienes: los dos como niños chicos, acariciando nuestra primera entrada para un concierto de SY.

¿Vendrás conmigo?

Siempre tuya,

Carolink

Bilbao, 9 de abril de 2010

Querida Carolink,

Tal vez el primer disco del que hablamos fue de alguno de tus amados Dead can dance, pero seguro que en algun momento, pronto, buscando una pasión común para hermanarnos nos referimos a alguno de SY que, tienes razón, son más viejos que nosotros, casi más viejos el mundo pues parecen haber estado siempre ahí. Siempre han estado y eso parece haberlos hecho invisibles, no es solo nuestra edad.

Hace unos meses, en una de las críticas de su último disco «The Eternal» leí a alguien que decía algo así como «A nosotros nos parecerá un disco más de SY. Pero para algún chaval en algún lugar del mundo este será el primer disco de SY que escuche. Y pondrá su mundo patas abajo». Es inevitable ir acumulando inmunidad, porque nuestro mundo se solidifica y porque parece que casi nada puede ser como la primera vez. Pero uno siempre puede re-enamorarse. Un siempre puede recrear múltiples primeras veces.

Y está será nuestra primera vez.

Ire contigo.
Tuyo,

DrZ

(Al otro lado del espejo)

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