Carolink Fingers
26.06.2007

El problema de la vivienda

por carolinkfingers

Uno de los proyectos que pretendo llevar adelante -no enumero, que me da rabia- tiene ese título: El problema de la vivienda. Como título, sé que es poco lírico, y menos sugerente. Se trata de un cuento, o un conjunto de cuentos. No lo sabré hasta que lo escriba. Produje varias docenas de frases, hilé dos o tres escenas y creé -medio creé- a seis personajes. No, no necesitan autor, necesitan casa. O, al menos, tres de ellos.

En realidad no. Todos necesitamos casa. Todos debemos tener un lugar donde cobijarnos. Un lugar, dice el saber popular, donde caernos muertos. Si eso fuera tan fácil. La casa es mucho más que eso. La casa es grande, es chica, es humilde, es vieja, es nueva, es de los antepasados, es ostentosa, es primordial, es de chapa, es de lata, es de ladrillo, de madera, de cielo raso o de cartón corrugado. La casa habla de ti, dicen los publicistas. No jodan.

Marca de clase, garantía de estatus, prueba de pertenencia, lo ha sido siempre, no hay que engañarse; pero el supuesto derecho, hoy, es un sangrante privilegio. El «tener» y el «no tener» marcan la «diferencia».

Si el poder corrompe, la envidia corroe. Si la casa es un derecho, en un tris se convierte en tu ruina. Si elegimos bailar al son de los expoliadores, especuladores, fabricantes de sueños, hemos de tener claro que el terreno es cenagoso. Tan, tan cenagoso, que sé que no manejo en absoluto las tres o cuatro coordenadas básicas para escribir los cuentos que deseo escribir. Mientras una casa propia es un sueño que ya no sueño, puedo soñar con escribir mis cuentos.

15.06.2007

Para no olvidar (reseña)

por carolinkfingers

Publicada en Go Magazine (junio 2007).

“Para no olvidar”
Clarice Lispector
Siruela

“Para no olvidar” pertenece a ese género que puede llamarse “libros de escritor”: escritos para sí mismos, sin tenernos en cuenta, quizá ni siquiera se escribieron como tal: compuestos de heterogéneas materias, pueden entrar en la categoría de “libro de editor”. Se llamaba originalmente “Fondo de cajón” –mucho menos sonoro, menos comercial-, y es fácil imaginarse las gavetas de Lispector empachadas de papeles garabateados, de todos los gramajes y tamaños. Sin embargo, ella no nos va a dejar rebuscar en el cajón a nuestro antojo; sólo después de la poda, la censura y la corrección llegarán a nuestras manos unos textos informales sólo en apariencia, sugerentes más que explícitos, testigos de su genuina manía de escribir. Apuntes, recortes, notas, micropoesías, prosas que no caben en ninguna clasificación: lo inacabado y lo impreciso de sus límites deja ver a menudo la tramoya –fina o gruesa, dependiendo del nivel de elaboración- de lo que es conocido como obra “oficial” de Lispector. “Los espejos” o “Perfil de los seres elegidos” son ejemplos de su pasión por la prosa viva, palpitante, que o bien enamora o da asco. “Malestar de un ángel” revela su viso humorístico. Hay “Literatura y justicia” o “Un escalón más arriba”, reflexiones en el interior de su trabajo. Pero todo este libro no valdría un coatí sin los dos textos (en posición central, qué cucos) dedicados a sendos viajes a Brasilia, crónicas de espesura lírica que producen un nuevo complejo: la vergüenza del turista.

08.06.2007

El asco

por carolinkfingers

Cavani desconfía de los diarios, se opone al cuaderno que arrastro en mis salidas, lo llama pérdida de material, ficción que aborta en soliloquios narcisistas” (Amores sicilianos, Vlady Kociancich, Seix Barral, p. 53)

Tropiezo con estas frases y me animan. Gatillan el intento de respuesta al interrogante. ¿Qué es lo que hago mal? El asunto, el ISSUE, es un resquemor antiguo. Éste, por ahora, no es un blog “de creación” (y, cuando lo sea, quizá lo avise, quizá no). No es tampoco un “diario”. Lo titulo, ahí al lado, “diario de trabajo”. Formalismo para decirme a mí –a todos- que aquí se trata de esa basta y desnutrida palabreja, el “trabajo” (aunque sigue sin estar muy claro qué es lo que yo llamo trabajo), y no me atrevo a llamarlo “profesión”. Rechazo, con asco, la idea de los diarios publicados. Celebro los diarios de ficción, la farsa y la guasa inverosímil de jugar a la verosimilitud. Celebro el juego en ellos. Pero yo tengo la manía del diario. Sí, el cuaderno que arrastro donde quiera. Un cuaderno simbólico, de aire, de frases sueltas o de instantáneas volátiles. Con él voy cocinando mi discurso (al mismo tiempo que se vuelve rancio e indigesto).

El diario, una vez que se exprime para los otros, deja de ser tal cosa. Es una invención en aras de un material autobiográfico, más o menos soterrado. Mandé al cuerno el anterior carolinkfingers, después de algo más de dos años, porque ya no respondía más a esas normas, porque ya no me dejaba jugar. Era un puto juego. Para interrogarme, para encontrar huellas o pistas o caminos, para desbrozar una realidad que cada día me es más ajena y cada día entiendo menos. ¿Es que, acaso, soy yo la que no sabe jugar?

Escribir es mi única ancla. Trabajo, trabajo escribiendo, escribo para otros tanto como para mí misma, sigo dictados ajenos y me atengo a autodisciplinas –más violadas que las maracas de Machín. Me salí, con asco, de ese narcisismo ensimismado de contarse-uno-mismo; por más que yo intentara recrear las experiencias en versión literaria, no estaba contando con LA MIRADA. Ay, qué ingenuidad la mía. La mirada del otro es la que construye la obra, dice cierta corriente estética. El problema, para mí, es cuando esa mirada pretende construirme, a mí. No puedo evitar sentir EL ASCO cada vez que escribo el pronombre personal, en cualquiera de sus formas. No llegaré al punto –al que otros sí se han visto abocados- de inventarme avatares sin sentido para espantar a los moscardones. Ese intrusismo voyeurista conforma, moldea, pretende leer “tu vida” por mucho que uno ponga “mi trabajo”.

Ok, soy TAN ingenua. Dejé aquello, escondí la cabeza, y aún la escondo. Soy consciente de cuán contenidos son los textos que doy desde entonces. De tanta despersonalización como solicité para mi escritura, me embarqué en la más pura ficción. Todavía podría hacerlo mejor (y no se me ocurre cómo lo hace, este señor, para soportar tanta vigilancia asfixiante; cada palabra de su ficción extraordinaria es leída como espasmo vital de él mismo, qué movidón). Cerré las compuertas, escribí sólo en los cuadernos, dejé de ventilar cada reflexión por miedo. Es un asco. Pero no puedo separarme del diario.

De trabajo, ¿eh?, de trabajo.

07.06.2007

Niños mutantes: Grandes éxitos de otros

por carolinkfingers

La historia del rock es la de un rosario de transgresiones pero, una vez que transgredimos, sólo queda el lugar común. En cambio, abre la puerta a la repetición resignada o a la consciente actualización. Para hacer un disco de versiones, se debe tener esto muy en cuenta o arriesgarse al kitsch más desagradable. Afortunadamente, en “Grandes éxitos de otros” hay una gran dosis de autoconciencia, la más dulce ironía y el humor necesario para que degustemos estas canciones como lo que son: recreaciones sin culpa. Como una buena película muda, cuyo lenguaje ya ha sido superado, sorprenden si nos dejamos sorprender. “El silencio” levantará más de una ampolla, “Electricistas” suena como si se versionara a La Mode (qué gusto ese arañazo cálido en la voz). En general, traen remembranzas de melodías a cuyas ingenuas y escabrosas letras hay que volver a prestar atención: eso es lo grande de estas versiones. En sus voces, “Perdido en mi habitación” o “Como yo te amo” toman un nuevo sentido.

//Reseña publicada en Go Mag (junio 2007) //

29.05.2007

El milagro

por carolinkfingers

Curiosos artesanos. Darle tratamiento humano a tu material de trabajo, hablar de la arcilla o del cuero como si de seres vivos se tratara. Requiere de una larga relación con la materia prima, de un casi enojoso sentido del compromiso y de una imaginación desbordada.

Clarice Lispector en «Cuerpo y alma» (texto incluído en Para no olvidar, Siruela, 2007) holgazanea describiendo una palabra (ese loop imposible), «milagro», en distintos idiomas. Mi fragmento preferido: «The miracle tiene puntas duras de estrella y mucha plata espinosa. Para pasar de palabra a su sentido se destruye en añicos, así como los fuegos artificiales son opacos hasta ser fulgor en el aire de su propia muerte«.

No puedo evitar sentir la punzada. Esa forma de poner en el mismo sintagma formas sensibles y abstracciones pseudofilosóficas me suena.

25.05.2007

A lo que yo llamo trabajo

por carolinkfingers

Mirando alrededor, no queda ni un solo concepto que mantenga los bordes nítidos, definidos y ajustados que tuvieron en otras épocas. Ni las parejas, ni las relaciones, ni el amor, ni el dinero (bueno, éste no ha cambiado tanto, sigue indoblegable e ingobernable), ni el trabajo son lo que fueron. Me guardo de la nostalgia.

Cuando dejé de «trabajar» para quedarme a cuidar de mis hijas, hube de redefinir -a efectos personales, espirituales o psicológicos- lo que yo llamo trabajo. Una redefinición lenta, trabajosa y no siempre obvia. Escribir es lo que he hecho siempre. Aunque jamás he podido plantearme dedicarme a ello. Ganar por ello. Entonces, ¿escribes o no? ¿Eres escritora? Cómo mola.

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22.05.2007

Belleza americana

por carolinkfingers

Kristin Hersh es una estrella. Despide una intensa luz genuinamente americana, hecha de alma oscura e historias agridulces. Escribe e interpreta. Hace aquello que sabe hacer. Siete discos en solitario y una decena a lomos de grupos. En la música desde los catorce. Hoy tiene cuarenta y su nombre forma parte de uno de los capítulos más memorables del indie-rock. Ha pasado por todos los estados de la lucha, hasta afianzarse en el firmamento. Ella puede enseñarte a cantar como una estrella.
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16.05.2007

Los músicos, los libros y yo

por carolinkfingers

Entre componer canciones y escribir relatos o poemas no hay un gran salto, aunque sí parece existir un abismo en la interpretación que el público/la crítica hace de la obra publicada de fenómenos como Leonard Cohen o Patti Smith: como si hacer rock tuviese una categoría inferior o te inhabilitase para portar el «aura» del artista.

Hace algo más de un año (abril 2006), publiqué en Qué Leer un artículo acerca de músicos (rockeros) que habían sido tentados por la escritura (el texto ya no está disponible en la web, al parecer). Entre los géneros que tocan los músicos, la autobiografía es uno de los más apetitosos si, al relato de formación del artista, se suma un poco de aventura, mitología rockera y buena tensión del pulso narrativo.

Eso, y mucho psicoanálisis de mesa camilla, es lo que hay en Mi madre, mi mentor y yo, de Paul Collins, editado en Gamuza Azul.

16.05.2007

Mi madre, mi mentor y yo (reseña)

por carolinkfingers

Crítica aparecida en Go Mag (abril 2007).

Mi madre, mi mentor y yo

Paul Collins

Gamuza Azul

Unos pocos recordarán a The Nerves y The Beat, epígonos del power-pop de cierto calado, pero rara vez en listas nostálgicas. Más tarde, una carrera en solitario con más desapariciones que el río Guadiana… ¿Qué éxito ha alcanzado Paul Collins para imaginar que nos interesa su autobiografía? Sigue leyendo

11.05.2007

Un producto (colombiano) de nuestros tiempos

por carolinkfingers

A ritmo tropical, una novela de visos punk que busca romper con los tópicos.

Antonio García Ángel
Recursos Humanos
Lengua de Trapo

Cómo construir una novela colombiana sin acudir a los tópicos: ni los de la geografía humana ni los de la literatura. García Ángel conoce perfectamente la tradición sobre la que se asienta, pero la pone a un lado. Si no la capitanea, al menos aporta un atisbo de renovación en la narrativa de su país. Sigue leyendo

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