Carolink Fingers
12.10.2014

toda la vida que llevamos

por carolinkfingers

Sólo son importantes las pequeñas cosas de la vida.

¿Qué me importa, a mí, paseante que marcha en diagonal por un avanzado día de primavera, la gran tragedia de la historia universal que recogen los editoriales de los periódicos?

Joseph Roth en Crónicas berlinesas

Florecer mirándote a los ojos, perfección

Soda Stereo, En remolinos

Frente al acoso de lo grotesco y de la rabia, que es lo que siento: la proposición afirmativa de la vida. De nuestra vida. Que hemos aprendido -estamos en ello- a hacer de otros modos. De lo válido. De lo que nos mantiene. De lo que viene. No me sirve la indignación frente al televisor, no me sirve frente a los listados. Indignación en diferido.

Es como necesitar ver imagen tras imagen de niños destrozados por las bombas para mantener la rabia fresca. Está pasando. Lo sabemos, ¿quién no lo sabe? Me asomo a la mirada soñadora de mi hija pequeña. Es sólo un refrendo. Lo puedes encontrar en tu mascota, lo puedes encontrar en el silencio contigo misma si eres capaz de encontrarlo. El horror del mundo acecha en todas partes. Ya sabíamos, ellos roban, ¿es así como están hechos? ¿Es inevitable?

A veces he mentido.
Siempre tenía buenas excusas.
Me agota la indignación que se ciega. Que ciega. Castiguemos, señalemos.

Que ellos roban, se hacen negocios, se lo reparten todo. Que ellos creen que no tienen cuentas que dar. Que han sido entrenados para creerse por encima del mundo. Que por tanto ellos tambien mienten y asesinan.

Pero no sé hacer nada contra eso. No olvidemos, por favor no olvidemos, que lo que nos falta por tener está en nuestra mano, que no nos lo van a dar hecho, que todo lo que necesitamos es tomar la palabra, jugar el juego con nuestras reglas.

¿Os imagináis jugar al juego con nuestras reglas? De impotencia atravesada en la garganta ya tuvimos suficiente.

Que roban, que robaron, qué bueno saberlo, si es que vienen haciéndolo desde siempre, si es que siempre mandaron, si es que nos hicieron comernos los carnés (a mis abuelos, a tus bisabuelos), si es que no sentían que hicieran nada que estuviese ni medianamente mal. Es bonito que lo veamos entre todos. Si mi abuela estuviera viva, no se indignaría. Sabe que eso lo han hecho toda la vida de ella, que nació en el 15.

Es verdad, se alegraría de ver cómo cambia el sentido.

No indignarse no significa no tener las tripas en llamas. También sabemos sin que se publique en ningún listado que tienen sus casas atendidas de mujeres de otros países, que han venido a trabajar dejando a sus familias lejos. También sabemos sin que se publique que consideran que no tienen que rendir cuentas al mundo. Es bonito que -no sé, a lo mejor, les dejamos un recado en sus domicilios- entiendan que no era tan gratis disfrutar de esos privilegios.

Mi amigo A. dice que no tengo suficiente odio de clase. No me hace falta odiar más.

No olvidemos, mientras tanto, que lo que necesitamos es tomar la palabra. De la impotencia atravesada en la garganta como un hueso ajeno ya tuvimos suficiente.

De los gritos, que ya sabemos hacer, aún faltan muchos, pero anhelo el momento en que el grito lo construyamos desde y no contra. Lo estamos haciendo. Cuesta mucho. Cuesta contarlo y verlo. Cuesta partir de otra cosa. Cuesta darse cuenta de toda nuestra vida, cuesta hacerse cargo de que ya lo hacemos. Todo lo que ya hacemos es afirmativo, y lo inventa y lo revienta desde dentro. Ya sabíamos todo eso, yo no tengo nada nuevo por lo que indignarme.

Todo lo que hacemos afirma. Vosotros teniendo hijos, aquellos queriéndose, aquellos otros inventando maneras de burlar los plazos de la comisión judicial, aquellas otras organizándose, y aquellas cuidándose, en extrañas formaciones, en perpetuaciones rigurosas y extremas. Inventándose modos de seguir. Con toda la vida que llevamos.

23.09.2014

Un iceberg en mi asamblea

por carolinkfingers

Me invitaron a formar parte del encuentro sobre prácticas cooperativas Cooperland 2014, y además me propusieron contar las cosas que suelo contar en este blog, en una mesa a tres, junto a Margarita Padilla y Marc Martí. Preparé unas notas y un dibujín. Expliqué cosas que intentaban estar enlazadas y tener un hilo/hijo narrativo. No sé si lo conseguí, pero me pidieron que compartiera las notas, así que ahora sí que les he dado un poco de forma.

La charla se llamaba Infraestructuras para la cooperación social, me encomendaron el segmento sobre los “cuidados y la reproducción social”.

Escribí a partir de estos tags:

COOPERACIÓN / CUIDADOS / CONDICIONES / INVISIBLES / grupos / COMUNIDADES / POLÍTICA / VINCULARNOS / SOSTENIBILIDAD

Y de este dibujo

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que me obsesionó durante toda la semana.

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05.09.2014

Leyendo a Doris Lessing

por carolinkfingers

Leí durante agosto El cuaderno dorado. Como otro verano fue 2666 y otro Q. Subrayo, doblo esquinas. Me dice el editor en la contraportada que es novela sobre la “condición femenina”. Me pone en guardia.

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Leo. Encuentro una novela breve partida en trozos (“Mujeres libres”) y cinco cuadernos de colores, incluido el “dorado”. Leo un ajuste de cuentas con la mitad de siglo, con las guerras y el colonialismo, con el partido comunista en la guerra fría y con la experiencia del amor, la amistad y la maternidad: ser mujer en ese momento concreto y lugar particular del mundo (las colonias británicas en África y la propia Gran Bretaña). Leo maneras de ser amigas con otras mujeres, dudas y conflictos sobre la crianza y muchísima dependencia del amor de aquella generación. Avanzo, y voy encontrándome trozos para preservar:

“Retrocedí a mi fase más primitiva de comunismo. ¿Te acuerdas? Cuando una cree que hay que matar a esos hijos de puta” (76)

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20.08.2014

de esa cosa natural tan antinatural

por carolinkfingers

No se trata de quedarnos en los cuidados porque, por mucho que luchemos contra ello, no logramos romper con su naturalización como cuestión femenina. Pero sí podemos partir de los cuidados para llegar a otros lugares. A pesar de todo, como afirma Silvia L. Gil, aunque quizá “en un futuro podamos encontrar una palabra más adecuada y con menos carga simbólica que la de “cuidado” […] la reivindicación en torno al cuidado puede convertirse en una crítica profunda a la organización de la vida en su totalidad, que no parte tanto de una formulación ideológica como de la experiencia cotidiana”.

Amaia P. Orozco en Subversión feminista de la economía (p. 221)

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Y todo permanece, y no se sabe por cuánto tiempo más va a permanecer. Quiero pensar que el colapso está cerca. Quiero imaginar que las generaciones que ahora están creciendo ya no aprenden el mismo esquema de “cuidados asociado a género” (*). Hablábamos de radicalizar los cuidados. Hablamos mucho por aquello de poner en valor todo el trabajo de sostenimiento de las vidas, y a eso se están dedicando hermosos libros, debates y diálogos que hacen mucha falta; este verano me estoy preguntando mucho sobre la validez de esa “reivindicación” mientras siga saliendo de nosotras, de las mujeres.

Claro pero, ¿de quién iba a salir? Sigo creyendo que hay una potencia en ello. Y, a la vez, no me vale del todo. Creo a veces que se podría convertir en otra cosa. En un movimiento reaccionario de ensalzamiento de lo-que-las-mujeres-siempre-han-hecho. He visto muchas veces cómo se escucha, intelectualmente se comprende el discurso, pero el cuerpo se deja descansado y mullido donde sabes que, más o menos, va a seguir recibiendo cuidados. Es muy cansado poner en crisis un sistema cuando eres el puntal de abajo del mismo, la base de la columna sobre la que se sustenta el capitel. Pero ¿quién si no la base de la columna podría poner en crisis el andamiaje?

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17.07.2014

Oh, happy day

por carolinkfingers

Mi padre me ponía música gospel los domingos -me ponía música de todo tipo- y es buen cantarín, cuando era pequeña cantábamos juntos alguno de esos gospel hiper-conocidos -ya véis, Sevilla años 80- como “oh when the saints go marchin’ in”. El gusto por cantar lo tengo más por él que por ella. Hace poco leí un artículo de Angela Davis sobre la música gospel y el blues, como dos expresiones de un mundo de cambios: de antes y de después de salir de la esclavitud. El blues como la forma musical que se desarrolla tras la abolición de la esclavitud, cuando toda esa sociedad se da la vuelta y los que fueron esclavos pueden emitir mensajes por sí mismos: quedan olvidadas -en parte- las canciones comunitarias para centrarse en procesos individuales (el artículo dice muchas más cosas).

“La DA, durante los viejos tiempos coloniales, disfrutaba de una posición elevada en las casas adineradas de Martinica. La da era normalmente una negra criolla -con más frecuencia de tono oscuro que claro- y era habitual que fuera una capresse en vez de una mestive; pero en su caso particular el prejuicio de color no le afectaba. La da era una esclava; pero ninguna liberta, sin importar lo bella o culta que fuese, podía disfrutar de los privilegios sociales que tenían algunas das. La da era tan respetada y querida como una madre: era al mismo tiempo una nodriza y una enfermera. Porque el niño criollo tenía dos madres: la madre blanca y aristocrática que le dio a luz, y la madre adoptiva de piel oscura que le proporcionaba los cuidados, que lo amamantaba, lo bañaba, le enseñaba a hablar en el estilo dulce y musical de los esclavos, lo llevaba en brazos para contemplar el hermoso paisaje del Trópico, le contaba cuentos fascinantes por las noches, lo arrullaba hasta que se quedaba dormido y se preocupaba de cualquier cosa que quisiera, de día o de noche. No era de extrañar que, durante la infancia, la da fuera más amada que la madre blanca: cuando había alguna preferencia muy marcada, ésta era casi siempre en favor de la da. El niño pasaba mucho más tiempo con ella que con su verdadera madre; sólo ella satisfacía todas sus pequeñas necesidades; él la encontraba más paciente, más indulgente, quizá incluso más afectuosa que a la otra. La propia da tenía el espíritu de un niño, hablaba con el lenguaje de los niños y le divertían cosas infantiles: ingenua, juguetona, cariñosa; ella comprendía los pensamientos, los impulsos, las aflicciones y los defectos del pequeño de una forma de la que la madre blanca no siempre era capaz; ella sabía instintivamente cómo calmarlo en cualquier ocasión, cómo avivar y acariciar su imaginación; entre sus naturalezas reinaba una armonía absoluta, una feliz comunión de lo que les gustaba y lo que no, una comprensión perfecta del placer animal del ser. Más tarde, cuando el niño había madurado lo suficiente para recibir sus primeras lecciones de un tutor o una institutriz, para aprender a hablar francés, el afecto que les profesaba a la da a y a su madre empezaba a diferenciarse de acuerdo con la expansión de su mente; pero, aunque puede que la madre fuese más querida, la da con la familia raramente terminaba, excepto en esos crueles casos en los que solamente la “alquilaban” a otro dueño de esclavos”.

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10.06.2014

inmanescencia

por carolinkfingers

últimamente siento que pierdo el engarce o que todo se ha desbocado. puede que sea el momento de apostar a caballo ganador, me digo. estoy demasiado habituada a perder y no me sale. miro desde la orilla. escribo. no mucho.
me gustaría conservar mi capacidad crítica y no por ello ser mirada como la aguafiestas del baile.
seré la aguafiestas del baile.
en las fiestas a veces me entra toda la melancolía, y a veces sé llevar la fiesta a donde no la lleva nadie.
cuando se ha perdido tantas veces y se ha cambiado tantas veces de piel y se han quemado tantos puentes es más extática la felicidad. y lo que no es felicidad.
relativicemos.
a menudo me abismo y me gusta darme cuenta de que el pozo no es profundo, no hay nada -salvo un par de vidas- que pudiera perder y me harían desaparecer con ellas. habiendo muchas otras cosas que cuidar, habiendo tantas otras cosas que conquistar, hay veces en que me pongo conservadora, por la mera imposibilidad de los hombros propios, por el mero hecho de ser tan poca cosa. por sentirme anguila. o pluma. o chorro de agua.
sabiendo que somos todos tan poca cosa.
he interiorizado demasiado el perder, a lo mejor.
no sé qué hacer con el poder.
ni siquiera sabría definir el poder.
podría hablar (otra vez) de cuidar.
cuidar es la inmanencia, le digo a mi amigo s. la inmanencia no le gustaba a ningún filósofo molón, todos querían ser trascendentes.

un día hablamos de radicalizar los cuidados y se me hace lejano. ahora me pregunto ¿era un intento de hacer trascendente lo inmanente?
a veces pienso que hablamos de aquello por encima de nuestras posibilidades. pero en los discursos pequeños, impotentes e inmanentes nunca es demasiado hablar.
luego viene la materialidad con su daga, con su guadaña, con su cicuta. la materialidad no es trascendente, ni inmanente, es la puta bofetada a la beligerancia del adolescente que cree que mata a los ídolos sin haberlos conocido, catado siquiera.
cuando tocas los cuidados, cuando realmente los tocas, te manchas de barro, de sangre y lágrimas, y la palabra se desangeliza.
radicaliza mi pena. radicaliza mi hambre. radicaliza mi desamor. radicaliza mi desempleo. radicaliza mi desahucio. radicaliza los cuidados a quien no tiene dónde caerse muerto, muerta. empujan y caminamos. sólo los esclavos saben lo que vale un día de su vida. eh tú, camina. hay veces en que no nos queda más que un dedo reumatoso, un mechón canoso, unos lumbares secos, un chocho colgón como dice el personaje de Carmina y amén.
hay veces en que no te dejan ni el derecho a que te vea un médico esa tos, esa tos esputosa, esa tos con sangre. radicaliza eso.
hablamos de la vida en común, también, por encima de nuestras posibilidades. puede que también estuviéramos en lo cierto, que tampoco.
hemos practicado la vida en común en encuentros de tres o cuatro días, en las fiestas del patio, en la casa liberada, en el proyecto de autoempleo de la sierra. otros se encuentran con la vida en común a dentelladas, en el solar, en el cie, en la cárcel, en el parque al raso.
yo tengo miedo cuando salgo de manifestación, lo tengo prácticamente siempre. han conseguido domesticarme. quizá lo estuve siempre. tengo que decir eso. no salgo de manifestación llevando a mis hijas ahora nunca, salvo que tenga la garantía de que seremos muchos miles y me iré a casa antes de que nadie piense en terminar.
el orden (la orden) es caminar única y exclusivamente por las aceras, porque no puedes sentarte, no puedes tumbarte, no puedes dormirte, no puedes no consumir en las aceras.
de repente algunas veces pasan cosas cuando te crees que no iba a pasar nada.
entonces ves algo que trasciende, desde muchísimas, pequeñísimas individualidades poco trascendentes. a veces te das cuenta cuando estás a punto de perderlo todo.
mi amiga s. dijo no hace mucho que desde el 15M vivíamos en una burbuja de amor colectivo. quizá, me explicó, es sólo el querer estar y no poder. el conflicto que se vive en la subjetividad atada, en la identidad relacional cuando no se comparte.
queremos cuidarnos pero no tenemos tiempos, espacios, hábitos, condiciones.
no hay nada más demandante que una criatura pequeña y no hay nada más hermoso que la inmanencia del cuidado. te abismas. te dejas llevar porque sus necesidades son las tuyas y nada de lo que está fuera importa demasiado.
hay una impotencia constante en querer estar y no poder. saber que lo que haces lo tienes que hacer pero… ahí estás siendo otra cosa distinta de sujeto individual, autónomo, todos saben que haces lo que debes pero nadie da el mismo valor a esa tarea que a la de estar en la asamblea, la movida, la mani,

te rindes.
por qué no.
no es rendirse.
pero no recibes el mismo amor.
no recibes ninguno.
bueno, no radicalizaré. a veces alguno.
pero te sacrificas.
y se da por hecho.
te lo has buscado.
es tu problema.
aquí afuera estamos haciendo cosas importantes.
no se dice así, no lo oyes así.
algún día pensamos que podía ser posible que se reconociera ese lugar con la misma importancia.
lo seguimos pensando muchas pero a menudo desde la impotencia.
cuando te abismas en los ojos de una persona pequeña o vieja o enferma que te necesita, todo lo demás no tiene el más mínimo sentido. que se lo digan a j. cuidando a su abuela.
pero agradeces que existan quienes acompañan a los migrantes sin papeles a las citas médicas que necesitan y el sistema les niega y agradeces que todo se esté acelerando como en una turbina pero no puedes acompañarlo.
dices: te dices: no es que me sienta impotente, es que me siento inmanente.
es que cuesta mucho trabajo reventar las costuras de mi traje de individuo autónomo dependiente y asimismo las del individuo relacional (depende de quién hable) y no sabes hasta qué punto es sacrificio viejo, abnegación vana, hasta qué punto es excusa.
y ves el mundo girar fuera del alcance de tus dedos.

pero te sonríes cuando sabes que pasan todas esas cosas, aunque no hayas podido estar en ellas. porque estás en otras. inmanescentes.

19.05.2014

Cuidar violenta

por carolinkfingers

Uno de mis trabajos es querer a los demás“, me dijo hace pocas semanas mi hija de ocho años.

Me horrorizó, me halagó. Me dejó pensando que, una vez más, perpetué con la educación que le di el mandato de la feminización de los cuidados. No tengo hijos varones, no he podido comprobar si lo haría diferente. (Por otro lado, Valentina es muy peculiar).

Querer y cuidar no es lo mismo, aunque en nuestra sociedad se han identificado. O bien cuidas porque quieres (no porque quieras hacerlo, a priori, sino por que te toca al querer) o bien cuidas porque es el trabajo que te alimenta. El binomio cuidados-afecto no es algo que vayamos a romper mañana, ni siquiera creo que haya que hacerlo.

Pero el afecto se ha quedado enclaustrado a la familia desde hace un par de siglos al menos. Eso quiere decir: todo lo demás también. Privado o privatizado. Los cuidados se ofrecen y suministran al interior de las unidades familiares. No en vano “tu hijo es tu problema”, ese mantra. Entregas tu tiempo con infinidad de sacrificio, invisiblemente, al cuidado de las criaturas o los enfermos, o pagas con tu dinero. Por ahí fuera no se ven más opciones.

En Sevilla, pasado mañana está dando una conferencia Silvia Federici, la “feminista de moda” como la ha llamado @Hibai_. La autora trata especialmente temas de economía de los cuidados y su conferencia se llama La permanente crisis de la reproducción social en el capitalismo.

El evento es a la hora en que suelen ser las conferencias, siete y media, muy tarde para cualquiera que tenga niños pequeños o medianos, y en un espacio que no ha contado con ningún tipo de infraestructura para la eventualidad de que muchísimas seguidoras y fans de Federici deben cargar con sus criaturas cada vez que quieren salir.

El lenguaje me traiciona. No “deben cargar”. Podríamos ir juntos a todos lados, si el espacio público, la vida en la calle, los espacios de reunión y socialización no fuesen prácticamente en su totalidad para gente adulta, supuestamente independiente y autónoma.

Si no fuese una anomalía un bebé en una conferencia. Eso es lo que ha propuesto Alicia Murillo, que las madres que quieran acudir a la conferencia lo hagan con sus bebés e hijos y que, entre todas, de forma activista, se habilite un lugar para el entretenimiento de los más pequeños.

Es una anécdota muy reveladora de cuán de espaldas estamos ante esas realidades tan cotidianas. El debate se ha puesto medio calentito en la tarde. La mayoría de las personas han aportado ideas para que ese “cuidado colectivo” se haga realidad, alguna ha preguntado qué pasa con los padres.

No se trata de este espacio ni de esta conferencia en concreto. He dicho en otras ocasiones que esta revolución necesita radicalizar los cuidados. Esta sociedad lo necesita. Así creo. Cuando hablo de radicalizar digo simplemente sacar a la luz y ponerlos en el mismo lugar que el resto de actividades mundanas, humanas, sociales, consideradas serias.

Una vez dije en un foro feminista que, quizá, una táctica era “violentar los espacios”, llegar a los lugares públicos y centros de reunión llenos de personas con “individualidad dependiente” (como la llama Almudena Hernando) con nuestras pequeñas “cargas”. El lenguaje otra vez. Naturalizar el hecho de que cuidamos, no esconderlo, no avergonzarnos, no autoexigirnos, no sacrificarnos. Simplemente dejar de escondernos en nuestras casas. Esto que digo, soy consciente, a veces se vuelve en contra de la madre/padre.

Por eso es reveladora la pregunta “¿qué pasa con los padres?”. Claro que queremos co-responsabilidad, e implicación toda, pero así el problema sigue adentro. Contratar a la canguro, llamar a la abuela…

En una charla que hicimos con Carolina del Olmo hace un par de meses en la librería Muga, dijo que no estamos acostumbrados a los niños, para nada, que en las ciudades son cada vez más anomalía. En general, también los ancianos y las personas enfermas y las que tienen distinta movilidad son anomalías. Lo complicado es reconocernos todos como tal cosa. Como impedidos. Como personas que en un grado distinto necesitan también de los cuidados.

El discurso necesita de prácticas y se hacen, mucho más a menudo de lo que creemos, aunque siguen invisibles. En el taller sobre crianza que se realizó hace un año en Traficantes de Sueños se habilitó un espacio para que todos pudiesen acudir con sus hijos durante dos horas cada sábado. En la última Feria del Libro Anarquista en la Escuela Popular me encontré con una habitación lindísima acondicionada con arbolitos y pájaros de cartón donde los bebés gateaban vigilados por un par de personas.

En todas las reuniones se dan cuidados más o menos informales -casi siempre habilitados por las mismas personas, las que se han imbuido desde la niñez de “identidad relacional”. Aunque la norma sigue siendo que la mayor parte de espacios están de espaldas a esas realidades tan materiales, tan patentes, tan áridas como son las personas que dependen de nosotros.

Las criaturas no son de las madres, son de la sociedad, dice el evento creado por Alicia Murillo. Ponerlas en común a pesar de que la sociedad se violente es algo que, creo, debemos seguir haciendo. Muy poquito a poco. Aunque dos siglos y medio -o mucho más- de privatización, exclusivismos e hiperresponsabilidad maternal no se rompen en dos días. Obvio.

09.05.2014

Desmontando a “la madre”

por carolinkfingers

En los últimos cien años, se han recorrido muchos estadios en cuanto a apertura de imaginarios femeninos, también en lo referente a la maternidad. Creo que, en buena medida, se alcanzó un amplio consenso que entiende que las mujeres no están obligadas a procrear en algún momento de la vida para tener y conservar algún estatus en la sociedad. Ni las mujeres son madres –per se-, ni ser madre es el destino natural de las mujeres.

lang_migrantmother¡Oh, pero…! Tanto los avances desde la lucha feminista como ciertas reacciones pro-tradición nos han devuelto a un momento en que ser madre sigue siendo en parte una obligación y en parte una opción que toma cada una en solitario (a lo sumo en pareja). Quieres tener hijos, apechuga con ellos.

¿Lo tomamos tal cual o lo discutimos? A la vez que se llena el mercado de un sinfín de manuales que te explican cómo debes ser madre -la receta única e infalible en realidad son millones-, las mujeres debemos responder a diario a muchos otros papeles en la sociedad -y encima preocuparnos de la propia subsistencia, claro.

Cuando miramos con detenimiento a las madres contemporáneas en los medios, a las famosas, a las madres blogueras, a las madres solas o en pareja, a nosotras, encontramos que en lo general seguimos respondiendo casi al mismo “modelo” al que respondieron nuestras madres o abuelas. ¡Y encima cuestionadas todo el tiempo!

Desde la ficción y las representaciones hay como una nueva acometida de la “madre tradicional”, un ideal inalcanzable entre las mujeres contemporáneas que no deja de crearnos conflictos. A través de este taller queremos revisar este punto con detenimiento: madres abnegadas, cuidadoras a todas horas, responsables de todo… que además deben ser muchas otras cosas.

Como hay pocas áreas más conflictivas en nuestros territorios que la maternidad, vamos a intentar escucharnos para aprender unas de otras, con apertura de mente, sentido crítico y todo el humor que podamos. Es un terreno de batalla en el que no podemos ceder.

405px-Mblanchard copyEn lugar de considerar a la “maternidad” como una cosa fija, queremos integrar en nuestras “maternidades” muchos más matices, aspectos y contradicciones. Entre éstas, queremos también abrir los cerrojos del binomio maternidad-cuidados.
Partiendo de esos roles en que socialmente se coloca a la “madre” –y también a las que no quieren serlo-, queremos discutir e inventar modos de salir de ellos.

Este taller es para pensar todo eso. Y, en la medida de nuestra fuerza e imaginación, construir nuevos posibles.

//Este texto es parte de la presentación del taller Desmontando a la “madre” que hemos preparado en coordinación con la Librería Relatoras y ya está disponible en Campus Relatoras para inscripción. Comenzará el 26 de mayo y serán 8 semanas de desarrollo en la plataforma online del campus.

En el Campus, que es mi proyecto actual más bonito en lo laboral para poder seguir siendo, vamos a ofrecer muchos talleres próximamente, siempre dirigidos a mujeres y con el objetivo de darnos herramientas, motivaciones y saberes útiles para el empoderamiento.

Como ahí explicamos, este taller no es para dar recetas para la maternidad, sino para ir desmontando en lo posible el rol hegemónico, y en cierto modo también el binomio indestructible maternidad-cuidados por defecto: vamos, empezar por pensarlo, imaginarlo, hablarlo y debatirlo como primer paso para inventar otras formas menos asfixiantes de maternidad. Un rol distribuible y compartible, quizá. Problematizar la autoexigencia feroz y otras cosas. Nos vamos a divertir.

En fin, que si te interesa y te motiva y crees que a alguna persona le puede interesar, será un placer muy poco decente y muy gustoso si lo quieres compartir//.

02.05.2014

#túdecides y un alfiler para toda la vida

por carolinkfingers

Podría estar horas escribiendo razones contra ese anuncio. Podría analizar con minuciosidad cada uno de sus mensajes insertos en veinte segundos, a cual más triste, reaccionario, pobretón, reduccionista y tramposo, mentiroso, carca, demodé, sucio y basuriento. Y machista por cierto.

Lo están haciendo otras personas con tino (aquí también), no voy a insistir en que la imagen que entrega de la mujer que desea ser madre y para ello recurre a ocultación, engaño y falsedad es exactamente la que el patriarcado quiere mantener -me insulta que piensen que así conseguirán vendernos algo-. No puedo detenerme en la abundante ironía de tomar ese minúsculo argumento en un momento en el que en este país se nos está arrebatando el derecho a decidir vía ley Gallardón.

A lo que me quiero referir es a un único detallito, aparentemente inocuo, sin importancia, en la maquiavélica narrativa del anuncio.

Al hecho de que pasado mañana es el “día de la madre” y al trapacero hashtag que enmarca la campaña: #túdecides.

La protagonista pincha unos condones (hay otra versión en que eso no se muestra) y a partir de ese momento ella decide. Con todo el peso ontológico de esa decisión.

Está exultante, se la ve resuelta, segura de la vida, programada para el disfrute, una auténtica campeona de la autosuficiencia y la valía personal.

Ha decidido ser madre #túdecides.

El anuncio termina. La maternidad permanece.

Ese #túdecides se perpetuará en su vida. Como decisión individual tomada en soledad y en contra incluso de quien sea que se va a acostar con ella esa noche.

Da lo mismo si la decisión la tomaste como una persona sensata y teniendo en cuenta todas las variables y todas las personas implicadas, la decisión es tuya.

Que la muchachita fabulosa se olvide a partir de ese momento de que puede contar con nada ni con nadie para lo que sigue. Hacerse cargo de una vida.

¿La liberación femenina era esto? ¿Sumar egoísmo al egoísmo y hacer lo que nos salga del coño dándonos todo tres pimientos? Lo que propone el publicista es tirar por el váter un siglo de conquistas. Queríais liberación, tomad dos tazas.

No es otra cosa lo que propone el día de la madre: ella está sola. Tú estás sola. Esto es el patriarcado y a eso quieren reducir las mejores cosas conseguidas por la lucha feminista. A un #túdecides inicuo, sangrante. A la intemperie.

Algunos se van a acordar de sus madres durante veinticuatro horas, el resto del tiempo es y ha sido cosa suya engendrarnos y todo lo que vendrá después. Que apechugue. Que la muchachita se vea con cincuenta años recibiendo un ramo de rosas el primer domingo de mayo y con sesenta un besito de sus nietas. Que apechugue. Tú decides.

21.04.2014

Comunidades sostenibles (de individuos sin sostén)

por carolinkfingers

En la tensión entre el individuo y la multitud, lo privado y lo colectivo, están las prácticas de “retaguardias” que intento describir en el libro que me propuse (que avanza, a trancas y barrancas, sobre todo a trancas).

Si bien heredamos un paradigma de sujeto individual autónomo –que se basa en una ficción, como ha descrito Almudena Hernando en La fantasía de la individualidad-, buena parte de nuestra socialización cotidiana depende de los cuidados: eso que está habitualmente invisibilizado, que suele asignarse a una parte de la humanidad (la femenina) y que no se explicita ni trabaja en colectivos, salvo excepciones.

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