Todo el año desde el 15 de mayo de 2011 ha sido para mí un continuo amar y desamar, un encuentro con un espacio de apertura de la posibilidad al mismo tiempo que un ahogarme en la impaciencia y el odio. La asfixia determinando comportamientos sucios, enfermedad, ausencia de entrega. La observación del mundo, de las gentes que no se inmutan, de la fiesta democrática más triste que puedo recordar. Y, sin embargo, el aire entrando por lugares que ni siquiera se atisban con la imaginación. Un aire que permite pensar. La ficción, entonces, la certeza imposible de que no pueden darnos más duro. De que si levantamos la cabeza el golpe quedará suspendido en el aire.
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En algún momento cayó en mis manos un rotulador de color rosa. En ese momento Guillermo Zapata nos seguía empujando a romper los límites de lo real. Hackeo constante para abrir grietas, respirar otra cosa. Y sin pensar mucho rehice a mi modo el simbolito del 14 Festival Zemos98, el #copylove tal como lo había estado interiorizando durante esos tres días en que participé en las Residencias Copylove, parte fundamental de esta edición.
Parte fundamental, también, de mi vida aquí y ahora. Si lo personal es político, como creo, tengo que abrir un poco el código fuente. Este ha sido para mí un mes tremendo. Revolución personal, explosión de hechos e ideas, clarividencia que me gustaría poder atesorar como un “palantir” para el futuro. Pero mejor no pensar en el futuro, paralizante, es mucho más importante el aquí y el ahora. Y las ideas dispersas y los apuntes en mi cuaderno no son más que acumulación originaria; por eso trato de extraerlo, compartirlo y devolverlo al procomún. Algo. Lo que sea ese algo. Un acto de devolución. Sirva a quien sirva.
AmpliarPor otra parte, es dudoso que las artes de la magia que las mujeres habían practicado durante generaciones hubieran sido magnificadas hasta convertirse en una conspiración demoníaca si no hubiesen existido en un contexto de intensa crisis y lucha social. La coincidencia entre crisis socioeconómica y caza de brujas ha sido advertida por Henry Kamen, quien ha observado que fue “precisamente en el periodo en el que se dio la subida de precios más importante (entre finales del siglo XVI y la primera mitad del siglo XVII) cuando hubo más acusaciones y persecuciones”
Del libro Calibán y la bruja: Mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Silvia Federici.
Ampliar“¿Qué pretende, por lo tanto, descalificar y desplazar el concepto de buenismo? Si recogemos todos los argumentos de la nueva derecha, no nos encontramos sólo con críticas a las políticas de ZP; el objetivo es fundar una suerte de hegemonía cultural frente a los valores de los Mayos del ‘68. Palabras e ideas claves como diálogo o multiculturalidad, el análisis de las relaciones coloniales y postcoloniales, la crítica al capitalismo como sistema de generación de pobreza y desigualdad o la defensa del Estado del bienestar aparecen claramente denostados, al igual que las reivindicaciones y derechos del feminismo, los movimientos homosexuales o los «progres», siempre acusados de que en tanto reivindicaciones particularistas no hacen sino acorralar a la «gente normal».”
Leyendo Spanish Neocon: La revuelta neoconservadora en la derecha española.
Utilizar en caso de: un Ministro/a utilizando un micrófono o firmando un decreto. Aterrizaje eventual en algún texto o similar de la caverna mediática. Cada vez que se necesite un descodificador de neolengua institucional.
Ampliar“Sabré diferenciar mis problemas de los de los demás, y podré ignorar lo que ocurre a mi alrededor”
Disonancia cognitiva – Fundación Robo
La posibilidad. Personalmente, y no desde ayer, estoy muy obsesionada con la palabra posibilidad. Como en otros momentos ha sido “distancia” o “empoderamiento”. “Abrir boquetes en lo posible” es una de mis frases de cabecera, y hoy por hoy se la estampo como sello a aquellas esferas de realidad que me procuran aire y “posibilitan” mi pensamiento.
Ayer escuché hablar a Marta G. Franco y Guillermo Zapata sobre algunos usos y modalidades de las redes sociales para “movimientos”, acción social y revolución.
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La pregunta del jueves (¿Cómo se sube el volumen de esto?) repercutió en la del viernes (¿Quién es la dueña de la literatura?) y también lo hizo en la del sábado (¿A quién sirve mi discurso?) y los ecos resonaron, sin que lo hubiésemos pretendido, como una especie de sinfonía disonante.

Querido diario,
No sabía en qué me metía cuando dije que sí a Elena, a su propuesta de empezar un programa semanal de radio dedicado a la literatura. Y tampoco sabía en dónde me metía cuando dije sí a su propuesta de organizar unas jornadas. Donde me encuentro cómoda es escondida en un rincón de un parque con un libro, o detrás de la pantalla de mi portátil; no tanto entre gente, nunca dando la cara.
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Elena puso la semilla y después brotó. El programa de radio acumula ya 105 capítulos de un dar vueltas a las obsesiones. La literatura, queridas amigas, nunca es inocente, ni brotó del cascarón de huevo, ni se adquiere la voz por ciencia infusa.
Quedan apenas veinticuatro horas para la primera de las sesiones: nos vamos a Traficantes de sueños a hablar de literatura, igual que hacemos en la radio cada lunes, pero con público, amigas, vecinas.
Hemos enredado, como siempre hacemos, a unos cuantos y cuantas para pensar en común. También hemos enredado a Bookcamping.
Este post tiene una motivación, que no es sólo la de canturrear “ay, qué nerviosa estoy”: siempre, lo de dentro, siempre, el entramado que nos ha llevado hasta esto. Pero ahora me duele la cabeza y he de salir. Un escritor me espera para remover el café y provocar un estallido.
AmpliarComo demasiada mantequilla en muy poco pan. No, no es del verbo comer. Esa frase la dice un personaje de El Señor de los Anillos, ya sabéis. Esa me sirve estos días, y suman ya varias semanas, para describir la sensación de adelgazamiento simbólico, de inoperancia, de empantanarme en grasa y carecer de peso que me invade.
Sensación de estar quedándome sin voz. ¿Son ellos o soy yo? Dentro, también, necesidad, urgencia, de bajar el volumen. Ahí fuera el ruido es mucho. El tormento, continuo. La dieta informativa, indigesta. Callarse puede denotar simple cobardía. O puede ser, me digo, que sea el momento de la introspección: para el análisis -la digestión- son necesarios silencio y distancia. Pero ¿quién puede aislarse? ¿Quién puede mantener las úlceras bajo control con lo rápido que se suceden las semanas, los consejos de ministros, las manipulaciones informativas, las malas noticias, las cargas policiales y los motivos para que la sangre hierva y se desborde?
AmpliarAgazapada en la página 29 del último número del periódico Diagonal, está la primera colaboración que realizo para este medio (ese enlace lleva al artículo en PDF // La pieza se puede leer en la web del periódico y, además, el reportaje en cuyo contexto se insertaba: No es la crisis publicitaria, es el periodismo).
Es curioso porque fue una entrada de este mismo blog la que, al parecer, motivó a la gente del diario (a los que conozco sólo de lejos) a pedirme este texto sobre la precariedad de la profesión periodística, específicamente desde el punto de vista del colaborador o freelance. La pieza se inserta en un reportaje más amplio que cubre las páginas 28 y 29, sobre la llamada “crisis del periodismo”.
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