Carolink Fingers
12.12.2014

La coyuntura de la escalera

por carolinkfingers

Nunca he sido capaz de “leer la coyuntura”.

Lo cierto es que, pasadas las euforias de hace algún tiempo, de reconocernos tantas juntas en un descontento común –con su lado de alegría dionisíaca-, apenas sé leer lo que pasa en las calles que transito a diario, las aceras que nos han cambiado sin permiso en la avenida, las vomitonas de fin de semana en alguna esquina que dejan un rastro de grasa para siempre porque ya nadie pasa a baldear las aceras, las farolas que nadie ha repuesto porque esa calle no es lo suficientemente transitada, lo que nos pasa a los vecinos que a veces nos juntamos en la plaza para seguir discutiendo, como vimos que sabíamos hacer hace tres años y medio largos.

Los vecinos, las vecinas. Llevo viviendo doce años en Madrid y es ahora, desde hace esos tres años, cuando puedo decir que tengo un vecindario. No son precisamente los de mi escalera, a los que no puedo soportar demasiado y es mutuo, pero podrían y deberían serlo (también).

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12.11.2014

Querer ser Cerati

por carolinkfingers

Me fui a vivir con 25 años a Santiago de Chile.

El primer disco que escuché con fruición de la discoteca de mi amigo allí, que después fue padre de mis hijas, se llamaba Signos. Poco después fue uno llamado Amor amarillo. Un año más tarde Gustavo Cerati visitaba la ciudad, con un concierto de la gira de Bocanada. En el Teatro Monumental, éramos miles para verle. Los miles eran lo normal, y sin embargo por entonces aquellos éramos una pálida sombra de lo que había sido el recibimiento a Soda Stereo en sus giras en los ochenta en esa ciudad.

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Él estaba, año 1999, regio, tanteando su nuevo camino, sabiéndose dios de otra época, exultante. Re-creándose.
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Mi amor por Gustavo Cerati está atravesado por mi amor a Santiago de Chile, cosas de la biografía.

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12.10.2014

toda la vida que llevamos

por carolinkfingers

Sólo son importantes las pequeñas cosas de la vida.

¿Qué me importa, a mí, paseante que marcha en diagonal por un avanzado día de primavera, la gran tragedia de la historia universal que recogen los editoriales de los periódicos?

Joseph Roth en Crónicas berlinesas

Florecer mirándote a los ojos, perfección

Soda Stereo, En remolinos

Frente al acoso de lo grotesco y de la rabia, que es lo que siento: la proposición afirmativa de la vida. De nuestra vida. Que hemos aprendido -estamos en ello- a hacer de otros modos. De lo válido. De lo que nos mantiene. De lo que viene. No me sirve la indignación frente al televisor, no me sirve frente a los listados. Indignación en diferido.

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23.09.2014

Un iceberg en mi asamblea

por carolinkfingers

Me invitaron a formar parte del encuentro sobre prácticas cooperativas Cooperland 2014, y además me propusieron contar las cosas que suelo contar en este blog, en una mesa a tres, junto a Margarita Padilla y Marc Martí. Preparé unas notas y un dibujín. Expliqué cosas que intentaban estar enlazadas y tener un hilo/hijo narrativo. No sé si lo conseguí, pero me pidieron que compartiera las notas, así que ahora sí que les he dado un poco de forma.

La charla se llamaba Infraestructuras para la cooperación social, me encomendaron el segmento sobre los “cuidados y la reproducción social”.

Escribí a partir de estos tags:

COOPERACIÓN / CUIDADOS / CONDICIONES / INVISIBLES / grupos / COMUNIDADES / POLÍTICA / VINCULARNOS / SOSTENIBILIDAD

Y de este dibujo

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que me obsesionó durante toda la semana.

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05.09.2014

Leyendo a Doris Lessing

por carolinkfingers

Leí durante agosto El cuaderno dorado. Como otro verano fue 2666 y otro Q. Subrayo, doblo esquinas. Me dice el editor en la contraportada que es novela sobre la “condición femenina”. Me pone en guardia.

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Leo. Encuentro una novela breve partida en trozos (“Mujeres libres”) y cinco cuadernos de colores, incluido el “dorado”. Leo un ajuste de cuentas con la mitad de siglo, con las guerras y el colonialismo, con el partido comunista en la guerra fría y con la experiencia del amor, la amistad y la maternidad: ser mujer en ese momento concreto y lugar particular del mundo (las colonias británicas en África y la propia Gran Bretaña). Leo maneras de ser amigas con otras mujeres, dudas y conflictos sobre la crianza y muchísima dependencia del amor de aquella generación. Avanzo, y voy encontrándome trozos para preservar:

“Retrocedí a mi fase más primitiva de comunismo. ¿Te acuerdas? Cuando una cree que hay que matar a esos hijos de puta” (76)

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20.08.2014

de esa cosa natural tan antinatural

por carolinkfingers

No se trata de quedarnos en los cuidados porque, por mucho que luchemos contra ello, no logramos romper con su naturalización como cuestión femenina. Pero sí podemos partir de los cuidados para llegar a otros lugares. A pesar de todo, como afirma Silvia L. Gil, aunque quizá “en un futuro podamos encontrar una palabra más adecuada y con menos carga simbólica que la de “cuidado” […] la reivindicación en torno al cuidado puede convertirse en una crítica profunda a la organización de la vida en su totalidad, que no parte tanto de una formulación ideológica como de la experiencia cotidiana”.

Amaia P. Orozco en Subversión feminista de la economía (p. 221)

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Y todo permanece, y no se sabe por cuánto tiempo más va a permanecer. Quiero pensar que el colapso está cerca. Quiero imaginar que las generaciones que ahora están creciendo ya no aprenden el mismo esquema de “cuidados asociado a género” (*). Hablábamos de radicalizar los cuidados. Hablamos mucho por aquello de poner en valor todo el trabajo de sostenimiento de las vidas, y a eso se están dedicando hermosos libros, debates y diálogos que hacen mucha falta; este verano me estoy preguntando mucho sobre la validez de esa “reivindicación” mientras siga saliendo de nosotras, de las mujeres.

Claro pero, ¿de quién iba a salir? Sigo creyendo que hay una potencia en ello. Y, a la vez, no me vale del todo. Creo a veces que se podría convertir en otra cosa. En un movimiento reaccionario de ensalzamiento de lo-que-las-mujeres-siempre-han-hecho. He visto muchas veces cómo se escucha, intelectualmente se comprende el discurso, pero el cuerpo se deja descansado y mullido donde sabes que, más o menos, va a seguir recibiendo cuidados. Es muy cansado poner en crisis un sistema cuando eres el puntal de abajo del mismo, la base de la columna sobre la que se sustenta el capitel. Pero ¿quién si no la base de la columna podría poner en crisis el andamiaje?

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17.07.2014

Oh, happy day

por carolinkfingers

Mi padre me ponía música gospel los domingos -me ponía música de todo tipo- y es buen cantarín, cuando era pequeña cantábamos juntos alguno de esos gospel hiper-conocidos -ya véis, Sevilla años 80- como “oh when the saints go marchin’ in”. El gusto por cantar lo tengo más por él que por ella. Hace poco leí un artículo de Angela Davis sobre la música gospel y el blues, como dos expresiones de un mundo de cambios: de antes y de después de salir de la esclavitud. El blues como la forma musical que se desarrolla tras la abolición de la esclavitud, cuando toda esa sociedad se da la vuelta y los que fueron esclavos pueden emitir mensajes por sí mismos: quedan olvidadas -en parte- las canciones comunitarias para centrarse en procesos individuales (el artículo dice muchas más cosas).

“La DA, durante los viejos tiempos coloniales, disfrutaba de una posición elevada en las casas adineradas de Martinica. La da era normalmente una negra criolla -con más frecuencia de tono oscuro que claro- y era habitual que fuera una capresse en vez de una mestive; pero en su caso particular el prejuicio de color no le afectaba. La da era una esclava; pero ninguna liberta, sin importar lo bella o culta que fuese, podía disfrutar de los privilegios sociales que tenían algunas das. La da era tan respetada y querida como una madre: era al mismo tiempo una nodriza y una enfermera. Porque el niño criollo tenía dos madres: la madre blanca y aristocrática que le dio a luz, y la madre adoptiva de piel oscura que le proporcionaba los cuidados, que lo amamantaba, lo bañaba, le enseñaba a hablar en el estilo dulce y musical de los esclavos, lo llevaba en brazos para contemplar el hermoso paisaje del Trópico, le contaba cuentos fascinantes por las noches, lo arrullaba hasta que se quedaba dormido y se preocupaba de cualquier cosa que quisiera, de día o de noche. No era de extrañar que, durante la infancia, la da fuera más amada que la madre blanca: cuando había alguna preferencia muy marcada, ésta era casi siempre en favor de la da. El niño pasaba mucho más tiempo con ella que con su verdadera madre; sólo ella satisfacía todas sus pequeñas necesidades; él la encontraba más paciente, más indulgente, quizá incluso más afectuosa que a la otra. La propia da tenía el espíritu de un niño, hablaba con el lenguaje de los niños y le divertían cosas infantiles: ingenua, juguetona, cariñosa; ella comprendía los pensamientos, los impulsos, las aflicciones y los defectos del pequeño de una forma de la que la madre blanca no siempre era capaz; ella sabía instintivamente cómo calmarlo en cualquier ocasión, cómo avivar y acariciar su imaginación; entre sus naturalezas reinaba una armonía absoluta, una feliz comunión de lo que les gustaba y lo que no, una comprensión perfecta del placer animal del ser. Más tarde, cuando el niño había madurado lo suficiente para recibir sus primeras lecciones de un tutor o una institutriz, para aprender a hablar francés, el afecto que les profesaba a la da a y a su madre empezaba a diferenciarse de acuerdo con la expansión de su mente; pero, aunque puede que la madre fuese más querida, la da con la familia raramente terminaba, excepto en esos crueles casos en los que solamente la “alquilaban” a otro dueño de esclavos”.

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10.06.2014

inmanescencia

por carolinkfingers

últimamente siento que pierdo el engarce o que todo se ha desbocado. puede que sea el momento de apostar a caballo ganador, me digo. estoy demasiado habituada a perder y no me sale. miro desde la orilla. escribo. no mucho.
me gustaría conservar mi capacidad crítica y no por ello ser mirada como la aguafiestas del baile.
seré la aguafiestas del baile.
en las fiestas a veces me entra toda la melancolía, y a veces sé llevar la fiesta a donde no la lleva nadie.
cuando se ha perdido tantas veces y se ha cambiado tantas veces de piel y se han quemado tantos puentes es más extática la felicidad. y lo que no es felicidad.
relativicemos.
a menudo me abismo y me gusta darme cuenta de que el pozo no es profundo, no hay nada -salvo un par de vidas- que pudiera perder y me harían desaparecer con ellas. habiendo muchas otras cosas que cuidar, habiendo tantas otras cosas que conquistar, hay veces en que me pongo conservadora, por la mera imposibilidad de los hombros propios, por el mero hecho de ser tan poca cosa. por sentirme anguila. o pluma. o chorro de agua.
sabiendo que somos todos tan poca cosa.
he interiorizado demasiado el perder, a lo mejor.
no sé qué hacer con el poder.
ni siquiera sabría definir el poder.
podría hablar (otra vez) de cuidar.
cuidar es la inmanencia, le digo a mi amigo s. la inmanencia no le gustaba a ningún filósofo molón, todos querían ser trascendentes.

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19.05.2014

Cuidar violenta

por carolinkfingers

Uno de mis trabajos es querer a los demás“, me dijo hace pocas semanas mi hija de ocho años.

Me horrorizó, me halagó. Me dejó pensando que, una vez más, perpetué con la educación que le di el mandato de la feminización de los cuidados. No tengo hijos varones, no he podido comprobar si lo haría diferente. (Por otro lado, Valentina es muy peculiar).

Querer y cuidar no es lo mismo, aunque en nuestra sociedad se han identificado. O bien cuidas porque quieres (no porque quieras hacerlo, a priori, sino por que te toca al querer) o bien cuidas porque es el trabajo que te alimenta. El binomio cuidados-afecto no es algo que vayamos a romper mañana, ni siquiera creo que haya que hacerlo.

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09.05.2014

Desmontando a “la madre”

por carolinkfingers

En los últimos cien años, se han recorrido muchos estadios en cuanto a apertura de imaginarios femeninos, también en lo referente a la maternidad. Creo que, en buena medida, se alcanzó un amplio consenso que entiende que las mujeres no están obligadas a procrear en algún momento de la vida para tener y conservar algún estatus en la sociedad. Ni las mujeres son madres –per se-, ni ser madre es el destino natural de las mujeres.

lang_migrantmother¡Oh, pero…! Tanto los avances desde la lucha feminista como ciertas reacciones pro-tradición nos han devuelto a un momento en que ser madre sigue siendo en parte una obligación y en parte una opción que toma cada una en solitario (a lo sumo en pareja). Quieres tener hijos, apechuga con ellos.

¿Lo tomamos tal cual o lo discutimos? A la vez que se llena el mercado de un sinfín de manuales que te explican cómo debes ser madre -la receta única e infalible en realidad son millones-, las mujeres debemos responder a diario a muchos otros papeles en la sociedad -y encima preocuparnos de la propia subsistencia, claro. Sigue leyendo

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