Carolink Fingers
18.06.2015

Ay Carmena (sobre heroicidades varias)

por carolinkfingers

Estimada jueza,

Soy Carolina. No me conoce, aunque estuvimos sentadas lado a lado en el acto de campaña de Chamartín. Una de esas activistas que la ha acompañado en la candidatura. Una de ésas que se ha pasado un centenar o dos de horas en asambleas para diseñar lo que ahora es el partido que gobierna Madrid (en minoría). Una que ha puesto amor y ganas en la organización, junto a otros centenares, a las primarias que la llevaron al primer puesto, y a la campaña que realizamos durante dos frenéticas semanas. Una que, también he de decir, no apostaba por “gobernar escuchando” como lema, era más de “mandar obedeciendo”.

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No puedo seguir todo lo que usted cuenta a la prensa, pero empiezo a tener la sensación de que -a cuatro días- usted me está gobernando hablando.

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03.05.2015

No me llames “mamá”, llámame Caro

por carolinkfingers

¿Y si no hay manera de renunciar al rol de madre?, me pregunto algunos días. Este escrito parte de todos los trabajos que llevo dedicados como madre de dos niñas, de los pensamientos sobre el “ser madre” y los escritos, así como del trabajo teórico-práctico que hacemos en el taller “Desmontando a la madre” en Campus Relatoras.

Dirigirme literariamente a mis hijas es ya un comodín. Pero no invento palabras que no les diría. Hay una discusión en marcha sobre el papel que adoptamos cuando somos madres -al que falta poner aún en evidencia, que ningún discurso feminista ha conseguido desamoldar, y que viene impuesto por dentro y por fuera- y que es, para mí, la piedra de toque de cualquier discusión sobre la maternidad desde el ámbito del feminismo.

Reivindicar los cuidados, sí, a tope, ¿a costa de nosotras otra vez? Esto es mucho más largo de argumentar y a ello he dedicado otros espacios y seguiré dedicando. Este texto sólo pretende ser una fotografía de algunas conversaciones conmigo misma en este minuto (y sobre todo con ellas):

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30.04.2015

Ser todas el alcalde de Madrid

por carolinkfingers

Me acuerdo bien de una conversación con una amiga del colegio. Tendríamos trece o catorce años. Los padres de esta chica eran militantes de un partido y estaba familiarizada con el discurso “político” en casa. Hablábamos de POLÍTICA, palabra a la que yo tenía cierta aversión, como correspondía a nuestra generación masivamente criada en la apoliticidad. “¿Qué sentido tiene la política?”, preguntaba aquella que era yo. “¿Qué influencia o poder tiene en nuestras vidas lo que los políticos profesionales hacen?”. Yo decía que ninguno, ilusa, y mi amiga zanjó la cuestión con un contundente (me acuerdo tan bien): “Todo. Política es todo”. Éramos unas crías.

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Tuvieron que pasar casi treinta años para que le diera la razón. Hacernos cargo en común de los asuntos comunes: ésa fue la certeza aprendida hace no demasiado tiempo. A partir del 15M me enteré de que no podíamos seguir mirando para el lado. Nos tocaba ser concientes, cada uno y una desde nuestra particular parcela, de la cuota de responsabilidad en lo “común” que nos tocaba. En elecciones, acciones y discursos. En “hacer con otras”.

Yo no soy –era– una activista. A partir de entonces experimenté la potencia de conectarnos, discutir –presencialmente o no–, producir sentidos y saberes y, sobre todo, saltar desde lo individual a lo colectivo. Sumar en la diversidad. Re-conocernos.

En otras ocasiones he contado: cuando las asambleas del 15M se trasladaron a los barrios, supe que quería estar, pero no supe articular palabra ni tomar el micro hasta pasados muchos meses.

El aprendizaje de la pluralidad: es una de las más profundas enseñanzas que he sacado en estos años de la asamblea de barrio. Tras mucho tiempo en la parte exterior del círculo, escuchando y aprendiendo, pude ir entendiendo cómo se conjuga la energía y la inteligencia colectivas, cómo de potente es hablarnos. La asamblea de barrio –en mi caso- ha sido mi pequeña escuela de política. Allí hemos escuchado las razones y la experiencia de la huelga de barrenderos, de boca de los mismos que dejaron de limpiar las calles para defender sus puestos de trabajo, y hemos visto cómo concitaba la simpatía y apoyo de los vecinos; allí hemos escuchado a Libertad en numerosas ocasiones relatar sus condiciones de vida con una escueta jubilación y apegarse a las campañas en marcha, repartiendo periódicos y declarándose republicana; algunos vecinos se organizaron para procurarle conexiones con bancos de alimentos y otros recursos.

Allí, cada dos semanas en nuestro micro abierto, se han acercado vecinos y vecinas que han podido expresar sus quejas (pasados cuatro años aún queda alguno que nos pregunta “¿y esto qué es?” Y se queda): hablan de lo poco que les llega la pensión, de lo largo que se está haciendo el desempleo, de su incomprensión por las obras en las aceras en la avenida que nadie ha pedido, de los impuestos y tasas inasumibles, de la decadencia del mercado del barrio…

¿Y qué hemos podido hacer con ello?

Escucharles. A lo mejor preparar una campaña de panfletos y carteles –contamos con una unidad de propaganda envidiable donde las haya– . A lo mejor ir a la Junta Municipal a dejar un escrito del que nos contestarían algún día –o no–. Organizarnos. Apoyar.

Sabíamos, intuíamos, que se podía hacer más.

Si para “hacer algo más” había que asaltar las instituciones… no sabíamos cómo.

Por ello algunas apostamos a sumarnos, pensando y haciendo municipalismo en el barrio –con la candidatura de Ahora Madrid como medio–.

Pero no de cualquier modo.

Por ellos algunas hemos creído que esto tenía que ser de las vecinas y vecinos –no las 500 que están organizadas y trabajando cual dromedarios, ni siquiera las 30.000 que dejaron sus firmas en apoyo de la candidatura-.

Conseguir una estructura de interlocución fluida y transparente que sea capaz de acoger la diversidad y la inteligencia de todas las personas.

Lograr X concejalías y que éstas a partir del día cero no hiciesen su trabajo aisladas en despachos, rodeadas de asesores, sino en permanente escucha y retroalimentación de la ciudadanía.

Llegar a las Juntas Municipales y no llegar solas, como individuos, y ni siquiera como partido, sino controladas, vigiladas y potenciadas por las vecinas que saben lo que necesitan, lo dialogan, lo debaten, lo trabajan, lo viven.

Tenemos y sufrimos un sistema representativo, el que me hacía decretar cuando era niña que “esos”, los “políticos”, no me interesaban un pimiento. Podemos cambiar el sentido del todo a esa representación. Eso será, cree la gente de la lista Madrid en Movimiento y creo yo, si existe tras ello una organización vecinal fuerte y activa, si mil, un millón o varios millones de personas permanecen vigilantes.

Madrid en Movimiento tiene personas, claro, no se hace de otro modo una lista para unas primarias. Pero, más allá de esas personas, cuenta con los saberes y experiencias que suman las miles organizadas de toda la urbe, para racionalizar y hacer sostenible la gestión de los asuntos comunes. Eso es: no solas. Madrid en Movimiento no es más que una lista de personas que cree, de forma muy sincera, que nada se puede hacer bien si no se está obedeciendo al común, en el mandato ciudadano.

Voy como una más en la lista de Madrid en Movimiento, algo que para alguien que se enteró de lo que es la “política” hace cuatro años está siendo una experiencia intensa, extraña, desbordante. Alguien a quien nunca se le pasó por la cabeza dejar las retaguardias: alguien que, en todo caso, mientras está en esta arena desconocida del “asalto institucional”, no quiere perder de vista todo lo que importa. En todo caso, formo parte de la lista con la confianza –la certeza- de que los que me rodean tienen la misma preocupación: no es llegar “allí” el objetivo, que lo es, sino seguir siendo miles.

Como si fuese un reflejo de aquella vieja conversación con mi amiga del colegio, tuve esta otra con mi hija pequeña, cuando, viéndome salir a reuniones y mover por toda la casa papelotes, borradores y manifiestos, me preguntó:

“Mamá, ¿tú trabajas en Ganemos?” (como se ha llamado hasta hace poco el espacio organizativo de la candidatura Ahora Madrid).

“Bueno, querida, trabajo, sí, como trabajamos tantas otras, somos miles”.

“Entonces…” (se quedó pensando), “si ganáis, ¿seréis todas el alcalde de Madrid?”

Ser TODAS el alcalde de Madrid. No se imaginaba ni por asomo mi hija pequeña que ése, exactamente ése, es el espíritu que anima esta lista.

 

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Coda:

Este artículo se publicó en el proceso de primarias abiertas de Ahora Madrid, aquí.

Y Luis (El Tránsito) me contestó esto a este texto: que a ver si la revolución democrática no dejaba ver el bosque.

Y las primarias se desarrollaron. Voy en la papeleta de Ahora Madrid. Sí, número 62, más retaguardia imposible.

Y ahora estamos en campaña.

12.02.2015

Vuestra madre en una web de contactos

por carolinkfingers

Otro febrero más. El día 6 tuve un pensamiento tangencial al que fue aniversario de haber puesto un pie en Santiago de Chile, que tomé como fecha de inicio de mis diez años de matrimonio. Y lo que vino después, dos hijas, tú la mayor ya me pasas en altura. Y en más cosas.

Desde hace ya días temo abrir twitter, encender la tele o abrir un periódico: es el “mes del amor”. Sabréis, y todo bonito, que no llevo bien estar sola. No sola. Sin pareja. No sin pareja. En realidad… Bffff, esto es lo que pasa cuando trato de escribirme. Que toca hacer mucha crítica a la estructura del amor romántico, en la base de dinámicas que acaban en mujeres asesinadas, y en lo que a mí respecta de una concreta que me lleva a creer, de forma soterrada, que no valgo lo que otras que están en una relación.

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12.12.2014

La coyuntura de la escalera

por carolinkfingers

Nunca he sido capaz de “leer la coyuntura”.

Lo cierto es que, pasadas las euforias de hace algún tiempo, de reconocernos tantas juntas en un descontento común –con su lado de alegría dionisíaca-, apenas sé leer lo que pasa en las calles que transito a diario, las aceras que nos han cambiado sin permiso en la avenida, las vomitonas de fin de semana en alguna esquina que dejan un rastro de grasa para siempre porque ya nadie pasa a baldear las aceras, las farolas que nadie ha repuesto porque esa calle no es lo suficientemente transitada, lo que nos pasa a los vecinos que a veces nos juntamos en la plaza para seguir discutiendo, como vimos que sabíamos hacer hace tres años y medio largos.

Los vecinos, las vecinas. Llevo viviendo doce años en Madrid y es ahora, desde hace esos tres años, cuando puedo decir que tengo un vecindario. No son precisamente los de mi escalera, a los que no puedo soportar demasiado y es mutuo, pero podrían y deberían serlo (también).

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12.11.2014

Querer ser Cerati

por carolinkfingers

Me fui a vivir con 25 años a Santiago de Chile.

El primer disco que escuché con fruición de la discoteca de mi amigo allí, que después fue padre de mis hijas, se llamaba Signos. Poco después fue uno llamado Amor amarillo. Un año más tarde Gustavo Cerati visitaba la ciudad, con un concierto de la gira de Bocanada. En el Teatro Monumental, éramos miles para verle. Los miles eran lo normal, y sin embargo por entonces aquellos éramos una pálida sombra de lo que había sido el recibimiento a Soda Stereo en sus giras en los ochenta en esa ciudad.

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Él estaba, año 1999, regio, tanteando su nuevo camino, sabiéndose dios de otra época, exultante. Re-creándose.
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Mi amor por Gustavo Cerati está atravesado por mi amor a Santiago de Chile, cosas de la biografía.

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12.10.2014

toda la vida que llevamos

por carolinkfingers

Sólo son importantes las pequeñas cosas de la vida.

¿Qué me importa, a mí, paseante que marcha en diagonal por un avanzado día de primavera, la gran tragedia de la historia universal que recogen los editoriales de los periódicos?

Joseph Roth en Crónicas berlinesas

Florecer mirándote a los ojos, perfección

Soda Stereo, En remolinos

Frente al acoso de lo grotesco y de la rabia, que es lo que siento: la proposición afirmativa de la vida. De nuestra vida. Que hemos aprendido -estamos en ello- a hacer de otros modos. De lo válido. De lo que nos mantiene. De lo que viene. No me sirve la indignación frente al televisor, no me sirve frente a los listados. Indignación en diferido.

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23.09.2014

Un iceberg en mi asamblea

por carolinkfingers

Me invitaron a formar parte del encuentro sobre prácticas cooperativas Cooperland 2014, y además me propusieron contar las cosas que suelo contar en este blog, en una mesa a tres, junto a Margarita Padilla y Marc Martí. Preparé unas notas y un dibujín. Expliqué cosas que intentaban estar enlazadas y tener un hilo/hijo narrativo. No sé si lo conseguí, pero me pidieron que compartiera las notas, así que ahora sí que les he dado un poco de forma.

La charla se llamaba Infraestructuras para la cooperación social, me encomendaron el segmento sobre los “cuidados y la reproducción social”.

Escribí a partir de estos tags:

COOPERACIÓN / CUIDADOS / CONDICIONES / INVISIBLES / grupos / COMUNIDADES / POLÍTICA / VINCULARNOS / SOSTENIBILIDAD

Y de este dibujo

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que me obsesionó durante toda la semana.

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05.09.2014

Leyendo a Doris Lessing

por carolinkfingers

Leí durante agosto El cuaderno dorado. Como otro verano fue 2666 y otro Q. Subrayo, doblo esquinas. Me dice el editor en la contraportada que es novela sobre la “condición femenina”. Me pone en guardia.

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Leo. Encuentro una novela breve partida en trozos (“Mujeres libres”) y cinco cuadernos de colores, incluido el “dorado”. Leo un ajuste de cuentas con la mitad de siglo, con las guerras y el colonialismo, con el partido comunista en la guerra fría y con la experiencia del amor, la amistad y la maternidad: ser mujer en ese momento concreto y lugar particular del mundo (las colonias británicas en África y la propia Gran Bretaña). Leo maneras de ser amigas con otras mujeres, dudas y conflictos sobre la crianza y muchísima dependencia del amor de aquella generación. Avanzo, y voy encontrándome trozos para preservar:

“Retrocedí a mi fase más primitiva de comunismo. ¿Te acuerdas? Cuando una cree que hay que matar a esos hijos de puta” (76)

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20.08.2014

de esa cosa natural tan antinatural

por carolinkfingers

No se trata de quedarnos en los cuidados porque, por mucho que luchemos contra ello, no logramos romper con su naturalización como cuestión femenina. Pero sí podemos partir de los cuidados para llegar a otros lugares. A pesar de todo, como afirma Silvia L. Gil, aunque quizá “en un futuro podamos encontrar una palabra más adecuada y con menos carga simbólica que la de “cuidado” […] la reivindicación en torno al cuidado puede convertirse en una crítica profunda a la organización de la vida en su totalidad, que no parte tanto de una formulación ideológica como de la experiencia cotidiana”.

Amaia P. Orozco en Subversión feminista de la economía (p. 221)

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Y todo permanece, y no se sabe por cuánto tiempo más va a permanecer. Quiero pensar que el colapso está cerca. Quiero imaginar que las generaciones que ahora están creciendo ya no aprenden el mismo esquema de “cuidados asociado a género” (*). Hablábamos de radicalizar los cuidados. Hablamos mucho por aquello de poner en valor todo el trabajo de sostenimiento de las vidas, y a eso se están dedicando hermosos libros, debates y diálogos que hacen mucha falta; este verano me estoy preguntando mucho sobre la validez de esa “reivindicación” mientras siga saliendo de nosotras, de las mujeres.

Claro pero, ¿de quién iba a salir? Sigo creyendo que hay una potencia en ello. Y, a la vez, no me vale del todo. Creo a veces que se podría convertir en otra cosa. En un movimiento reaccionario de ensalzamiento de lo-que-las-mujeres-siempre-han-hecho. He visto muchas veces cómo se escucha, intelectualmente se comprende el discurso, pero el cuerpo se deja descansado y mullido donde sabes que, más o menos, va a seguir recibiendo cuidados. Es muy cansado poner en crisis un sistema cuando eres el puntal de abajo del mismo, la base de la columna sobre la que se sustenta el capitel. Pero ¿quién si no la base de la columna podría poner en crisis el andamiaje?

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