abrelatas
19.01.2011

Recordando pasado mañana

por abrelatas

Año 2060.

Me cité con un/a antiguo miembro del colectivo ZEMOS98. Desde un principio, nos pide no hacer pública su identidad, prefiere mantener el anonimato. Aunque tenemos nuestras dudas, decidimos respetar su petición. Por su edad y para su comodidad, quedamos en su casa. Vive a las afueras de una gran ciudad (que por coherencia, también omitiremos).Piscina, una parcela con vistas al horizonte…no parece esta la casa de activista.

¿Quién ha dicho que yo sea activista? ¡Ya tengo mucha edad para eso!

Bueno, formó usted parte del mítico colectivo ZEMOS.

En realidad siempre fue ZEMOS98. Pero al final cada cual lo llamaba a su manera…¡sobre todo los periodistas como usted! Gracias por lo de mítico, pero no creo que fuera para tanto. Éramos sólo otro grupo más de personas con ganas de cambiar el mundo.

¿Y lo hicieron?

Diría que no.

¿Y por qué?

Porque era un objetivo bastante pretencioso. Mire, cuando se es joven, uno cree que puede cambiarlo todo. Y con el paso de los años te das cuenta de que hay que luchar por los pequeños cambios. Queríamos abarcar demasiados temas…educación, comunicación, creación audiovisual, cultura digital… ¡No se puede estar en todas partes! Luego hubo que centrarse en las respectivas familias, y luego encima vino la 2ª Guerra Civil, eso sí que cambio nuestro mundo…

¿Estuvo en el frente?

No, me marché con mi familia a Venezuela.

Volviendo a lo de cambiar el mundo…tampoco sea usted tan duro. ZEMOS98 fue un referente indispensable para entender los cambios en los ámbitos de la acción cultural, el aprendizaje, las prácticas relacionales, el arte, la participación, el pensamiento crítico, el dominio público…

Lo cierto es que nunca me he considerado una persona pesimista. Al contrario, el humor ha sido mi espina dorsal identitaria siempre. Pero hubo unos años, sobre todo al principio, donde era todo demasiado autocomplaciente. Quizás no supimos leer que la consolidación de un proyecto como el nuestro implicaba grandes riesgos en cuánto a los principios que regían nuestra iniciativa en su nacimiento…

¿Y cuáles eran esos principios?

Pues mire, al inicio era un juego de niños. Nos juntamos en la universidad y no teníamos ni idea de casi nada. Pero jugábamos continuamente…y esa es la base de la experimentación. Esa idea de “bla bla bla” de infantilizar al adulto. Luego el proyecto creció y en su consolidación vio peligrar esos principios.

Digamos que “facturar” y “experimentar” no siempre se llevan bien, ¿no?

Claro. Mire, al inicio éramos percibidos por el resto de agentes sociales como “anticapitalistas”. Nos llegaron a llamar “jóvenes indomables”. Nunca fue una auto-definición, porque sabíamos que había personas, colectivos y proyectos más radicales que el nuestro. Pero es que además y con el tiempo, maduramos. Porque después de haber luchado tanto para conseguir vivir, y por tanto cobrar, facturar, etc. de tu propio trabajo…un día descubres que ya no te gusta tanto como cuando no cobrabas y luchabas por hacerlo. Entonces decides plantearte hacer otras cosas, recuperar ciertas lógicas experimentales que se han ido perdiendo y buscar la financiación en otros lugares donde no te produzca tantas contradicciones éticas. Y a partir de ahí, es un viaje con muchos altibajos. La mayoría de los integrantes de ZEMOS98 hemos hecho de todo…hay uno que montó una librería, otra una panadería, otro una escuela de tenis, otro una tesis doctoral sobre Val del Omar y su relación con los Videojockeys…total. Pero al final siempre hemos acabado volviendo a hacer cosas juntos. Porque como decía un viejo amigo, en la vida a veces hay que desconectar temporalmente.

¿Por qué cree que fracasó la Federación de Proyectos Culturales Independientes?

Yo no diría que fracasó. Al menos desde un punto de vista cultural. La historia está llena de fracasos que han sido muy provechosos para la humanidad. Piense por ejemplo en la vacuna contra el cáncer, se descubrió probando un tratamiento contra la caída del cabello. Y como decía Ricardo Antón, “en cultura hay que fracasar”. Pero no en términos de aquella viaje idea americo-cristiana, de fracaso como sufrimiento previo al éxito redentor. Sino en la idea de cultura como ciencia arrítimica y asincrónica. La cultura como experimento nunca puede terminar funcionando. El experimento es errático por naturaleza. Porque si lo hace, si funciona, quizás se convierta en otra cosa. O quizás no, pero al menos en lo que respecta a la Federación, sirvió para que los proyectos culturales de una época nos conociéramos mejor, discutiéramos, comenzáramos proyectos juntos, etc. Pero nunca llegamos a alcanzar un consenso sobre qué queríamos hacer en común, cada uno tenía su propio contexto.

¿Y cuál era el punto en común?

Desde luego era la defensa del espacio público…entendido desde muchos puntos de vista. Desde el arte, desde la arquitectura, desde lo audiovisual…ese era el punto en común. Antes de que las licencias de libre distribución se convirtieran en una moda y fuera absorbidas por los lobbys de la industria cultural, existieron años de lucha encarnizada por evitar que las grandes corporaciones privatizaran el conocimiento común. Era lo que en España se llamaba “Procomún”. El problema es que mientras que algunos trabajábamos por intentar compartir proyectos, ideas, etc. se impuso en la cultura popular un modelo de comunicación que se regía en un sistema cerrado. Probablemente usted no lo recuerde o lo haya leído…Facebook se llamaba.

Si, algo he leído.

Pues Facebook se convirtió en una compañía muy poderosa que generaba ingreso con la simple conversación digital de sus usuarios. Pero esa conversación no era abierta y por tanto no redundaba en el espacio público. Eso a pesar de que las presiones de ciertos grupos de activistas consiguieran que se liberase gran parte del código. Pero no fue hasta el crash 2.0 del 29 y la compra de Google por parte del Estado Chino, que realmente hubo cambios. Y esos cambios obligaron a reposicionar todos nuestros planteamientos.

Y los luditas digitales, ¿qué piensa de ellos?

Fue una consecuencia lógica del crash 2.0. Lo digital se sobredimensionó durante años y alcanzó cotas absurdas. Figúrese, algunos países llegaron a un acuerdo con Facebook de manera que si los padres daban de alta a sus hijos, la compañía financiaba sus estudios. Al principio eso fue recibido como algo fantástico. Imagínese: todo gratis. Pero nunca fue gratis. Los luditas digitales ayudaron a desmantelar muchos de esos mitos. A base de acciones simbólicamente violentas, consiguieron llamar la atención de la ciudadanía y que se dieran cuenta de que esa dependencia y sumisión con la tecnología, no podía llevarnos a ninguna parte. Pero también cometieron muchos excesos. Cuando por ejemplo hicieron desaparecer el 85% de la Mediateca Pública Internacional…fue del todo innecesario. Ahí estaba recogido el trabajo altruista de millones de personas de diferentes épocas.

Curiosamente, uno de los media-contents que permaneció de todos los que borraron de usted, fue el de un programa de radio, en 2010 a cuenta de un encuentro en Barcelona, no sé si recordará, las Jornadas EXTRA-RADIO organizadas por Sala de Star…

Por supuesto. Le tengo mucho cariño a ese pedazo de mediabiografía. Tenga en cuenta que los luditas borraron también mi diario, que mantuve durante casi 20 años.

¿Y qué decía en él?

Nosotros estábamos en un momento especial. Acabábamos de comenzar a investigar en educación expandida. Y justo habíamos organizado un encuentro que se titulaba “Cultivo Microbios”. Pretendió ser un encuentro de lo que nosotros llamábamos micro-organismos culturales. Lo hacíamos en el marco de nuestra principal herramienta de investigación en aquellos momentos, que era el Festival ZEMOS98. Y de aquella experiencia nos marcó. Porque nos dimos cuenta de distintas cosas. La principal, que teníamos que funcionar como una red informal. Y por eso era importante verse, reunirse, hablar, compartir puntos de vista…Mi intervención fue muy divertida, porque recuerdo que se tituló “En qué la cagamos” y estaba centrado en nuestros errores como colectivo. Y a partir de esa especie de desnudo que fue hablar de nuestros problemas, realicé una intervención mucho más optimista para la radio…

Porque, ¿qué tenia de especial ZEMOS98?

Sinceramente no lo sé. Quizás trabajar en el contexto de una ciudad que en su momento era tremendamente conservadora. La actual Isbiliya, que recobró su nombre árabe tras la guerra, antes se llamaba Sevilla. Y no era como hoy la ciudad del agua. Era una ciudad fundamentada en fuertes herencias y arraigos religiosos. Pero al mismo tiempo albergaba un lado oscuro. Una fuerza bruta que cuando se deshacía de su hipocrecía, era capaz de muchas cosas, como más tarde descubriríamos.

Por otra parte, con el paso de los años, creo que la clave de ZEMOS98 era funcionar casi bajo parámetros familiares. En aquellos momentos, el concepto de familia estaba muy arraigado en la sociedad. Y las familias tenían cosas buenas y cosas malas. Y nosotros teníamos lo mejor de las familias. Éramos muy acogedores en el Festival. Tratábamos de tratar a los invitados como si fueran de nuestra familia. Y no fue fácil…la profesionalización casi siempre implica la despersonalización, el anonimato burocrático y la frialdad en el trato. Pero tratamos de combinar la idea de un evento bien producido pero con cierto aroma familiar.

En una ocasión dijeron de nosotros que éramos un Festival de autor. Quizás era una forma cool de decir que hacíamos lo que nos daba la gana. En aquel momento muchas de nuestras actividades eran financiadas por entidades que administrataban los recursos públicos. Pero no existía por parte de ellos intervencionismo. Sí nos generaban muchos problemas fiscales. Pero nunca modificaron nuestros contenidos. Y esa independencia fue clave para crecer.

Así que en el fondo, no creo que fuéramos especiales. O al menos no más que muchos colectivos similares a nosotros como Yproductions, Amasté o personas como María PTQK…

Por último, ¿qué ha aprendió de su época en ZEMOS98?

Pues lo aprendí casi todo. Me convertí en una persona adulta. Maduré. Me equivoqué. Acerté. Todo…y no sería capaz de escoger una sola enseñanza. Las escojo todas.

Después de esto, nuestro invisible integrante de ZEMOS98 nos dijo que no se encontraba bien y se retiró a sus aposentos. Me fui a la oficina con la extraña sensación de que había sido una conversación a medias. Por suerte, el gran trabajo de grupos como Las Post.Espigadoras ha conseguido recuperar muchas de las preguntas que se hizo ZEMOS98 en aquellos momentos, que se perdieron después de los ataques de los luditas digitales y que  nada mejor que éstas para cerrar este reportaje, lo cual culmina este recorrido histórico que le hemos dedicado en el medio LA RES PUBLICA a colectivos culturales de principio de siglo.

¿A qué somos capaces de renunciar a cambio de un espacio común? ¿Por qué no huir de esta sensación de hiperproducción que nos estresa o, peor aún, nos regala canas a los treinta? ¿Es buena idea salir de los túneles que estamos cavando para descubrir que quizá cavar no es la mejor de las opciones? ¿Podemos vivir atascados en un paragüero? ¿Cómo se sincroniza un sureño en un espacio muy frío? ¿Pasa el futuro por la desconexión temporal? ¿Qué consecuencias tiene la agrupación en bandadas sin fijar unas reglas básicas para el vuelo? ¿Es nuestro e.c.o. un estado común de ondas? ¿De qué (otras) formas podemos gestionar el tráfico de ideas? ¿Somos nuestro propio problema? ¿Necesitamos un plan B o somos el plan B? ¿En casa de herrero, cuchillo de palo? ¿Cómo gestionar nuestros procesos creativos cuando ha perdido sentido la distinción tradicional y tajante que la teoría económica hacía entre tiempos de producción y tiempos de reproducción?¿Qué aportas? ¿Qué te quieres llevar? ¿Hay que organizarse? ¿Cómo resolver el desequilibrio de ritmos entre individuos de la misma organización y entre diferentes organizaciones? ¿Cómo generar procomún difundiéndolo desde marcas e identidades tan significadas? ¿Cómo seguir trabajando por proyecto a la vez que desarrollamos una estrategia común?

Este texto lo escribí el pasado mes de Diciembre, con motivo de las Jornadas EXTRA RADIO, sobre acción y ciudad, organizadas por Saladestar en Barcelona. El título es un homenaje a Mar Villaespesa, que nos descubrió esta cita de  Lewis Carroll en “Alicia a través del espejo”: ‘Es la memoria pobre la que sólo trabaja hacia atrás. Yo puedo recordar las cosas que suceden la semana próxima. El tiempo fluye en dos direcciones… el truco consiste en recordar hacia adelante’.

Nos habían pedido un texto que explicara lo que somos y lo que hacemos. Pensé en hacer el típico-re-frito…pero el cariño con el que nos habían tratado los organizadores y la particularidad del evento, se merecían algo diferente. Intenté partir de la idea de backcasting, para construir un relato en el futuro a largo plazo que nos ayude a descifrar cuáles serán las contradicciones a las que nos enfrentaremos a corto y medio plazo. Además, el párrafo final es un copy-paste de las crónicas que hizo Rubén a partir del “Cultivo Microbios: un encuentro de micro-organismos culturales“, llevado a cabo en nuestro 12 Festival. Por otra parte, en ese evento se produjo una charla titulada “En qué la cagamos”, que luego repetimos en Sevilla y que estoy deseando (si soy capaz) traducir a un texto.

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comentarios

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1 - sarok 25.01.2011 - 22:49

me he quedado patidifuso… es un sci.fi cultural… un cuento maravilloso! bravo

2 - palsanz 20.02.2011 - 20:37

Como verás estoy haciendo un repaso por los blogs de ZEMOS98. Eres un puto crack Felipe, flipo con este post.

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