Como demasiada mantequilla en muy poco pan. No, no es del verbo comer. Esa frase la dice un personaje de El Señor de los Anillos, ya sabéis. Esa me sirve estos días, y suman ya varias semanas, para describir la sensación de adelgazamiento simbólico, de inoperancia, de empantanarme en grasa y carecer de peso que me invade.
Sensación de estar quedándome sin voz. ¿Son ellos o soy yo? Dentro, también, necesidad, urgencia, de bajar el volumen. Ahí fuera el ruido es mucho. El tormento, continuo. La dieta informativa, indigesta. Callarse puede denotar simple cobardía. O puede ser, me digo, que sea el momento de la introspección: para el análisis -la digestión- son necesarios silencio y distancia. Pero ¿quién puede aislarse? ¿Quién puede mantener las úlceras bajo control con lo rápido que se suceden las semanas, los consejos de ministros, las manipulaciones informativas, las malas noticias, las cargas policiales y los motivos para que la sangre hierva y se desborde?
AmpliarAgazapada en la página 29 del último número del periódico Diagonal, está la primera colaboración que realizo para este medio (ese enlace lleva al artículo en PDF // La pieza se puede leer en la web del periódico y, además, el reportaje en cuyo contexto se insertaba: No es la crisis publicitaria, es el periodismo).
Es curioso porque fue una entrada de este mismo blog la que, al parecer, motivó a la gente del diario (a los que conozco sólo de lejos) a pedirme este texto sobre la precariedad de la profesión periodística, específicamente desde el punto de vista del colaborador o freelance. La pieza se inserta en un reportaje más amplio que cubre las páginas 28 y 29, sobre la llamada “crisis del periodismo”.
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1. Río y lloro sobre tu lata golpeada
“Animal doméstico, adormilado y tenso. Jarrón de porcelana. Uña del pie mal pintada.”
Pisapapeles
Pocas cosas en la música que se produce en estos tiempos me han estimulado tanto como el “Déjese llevar” de Fiera. Debe de ser el disco que más he escuchado durante todo 2011, seguro que lo es entre los grupos españoles.
Me cuesta entender (o verbalizar) por qué me ha gustado tanto y es por eso por lo que hoy, después de verles por segunda vez en concierto, me entretengo investigando en lo que sale de mí mientras les escucho. Hace bastante tiempo que dejé la crítica musical, así que cuando escribo sobre música y grupos no soy capaz de dejar fuera mis experiencias de escucha. De crear una especie de diario de escucha.
AmpliarDescansar la capacidad productiva. Activar el pensamiento. Venir al blog, al final de una semana horrible, y abrir una nueva entrada. Para respirar. Para tomar aire. Inspirar, espirar. Nos están haciendo daño. Piensa. Lo último que nos quitarán es el pensamiento, la malafamada vida interior. Nos están violando. Esta imagen es obvia. La rabia no lo es. Pero se expresa, como rabia, con escasa profundidad, por más amplia que sea la herida. O la penetración.
Ampliar Traducción libre/remezcla de El libro de lo grotesco, primer relato de Winesburg, Ohio (1919)
La escritora, con su blanco mostacho, tenía algunos problemas para subir a la cama. Las ventanas de la casa en que vivía eran altas y le gustaba mirar a través de ellas las historias de sus contemporáneos. Un carpintero vino a arreglar su cama Fogwill, para que así ella pudiera mirar por las ventanas cuando se acostaba.
AmpliarEn uno de los mejores libros que he leído este año (Mata a tus ídolos, de Luc Sante), hay un texto llamado “El molde”.
Es difícil elegir uno solo de los artículos de este libro, obra que abarca textos de más o menos una década, compuestos a partir de las preguntas, obsesiones y temas preferidos de este periodista y crítico cultural, belga de nacimiento, afincado en Estados Unidos hace 50 años y sin pasaporte (el dato me encanta).
Ampliar“Estaba predestinado a trabajar en una fábrica. Nací en una ciudad belga dedicada a la industria textil y mis antepasados habían trabajado en las fábricas durante al menos dos o tres siglos (…)” (89)
“Mi padre no quiso que siguiera sus pasos. Nunca me empujó en una dirección en particular, pero desde muy pequeño me dejó claro que el trabajo mental es preferible al trabajo físico (…)” (90)
Ya va siendo hora de compartir el prólogo que escribí para Silvia Nanclares, que esta misma tarde ha presentado su libro en Sevilla. Más detalles al final.
Itinerario del empoderamiento posible
Escribe, que nadie te retenga, que nada te detenga: ni hombre, ni imbécil máquina capitalista donde las editoriales son los astutos y serviles relevos de una economía que funciona contra nosotras y a nuestra costa; ni tú misma.
hélène cixous
Observo y analizo con la mirada cariñosa del crítico (similar en todo a la de una Erzsébet Báthory frente a la carne blanca de seiscientas doncellas) en busca del quid del proceso por el que algunas extraen de sí la energía suficiente para creer en ellas mismas y llevar a cabo un proyecto, de cualquier índole. Ese proceso por el cual el sujeto se convierte en agente activo como resultado de un accionar: a eso lo llaman «empoderamiento». He debido acercarme mucho más al fenómeno, tratando de no mostrar los colmillos. He sacado a trabajar mis instrumentos: ¿será algo relativo al ADN de estas personas? ¿Tendrán las «empoderadas» ciclos hormonales menos salvajes? ¿Residirá la razón en el entorno y circunstancias de crecimiento (los años de formación, se sabe, hicieron de Sade o Catherine Millet lo que fueron)?
AmpliarEstoy desprecintando, una a una, las doce tablas de mis estanterías de CDs. Son los precintos que les colocaron los muchachos subordinados del “mudancista” que contraté para traerme los muebles a la nueva casa. Los voy sacando uno a uno y no puedo evitar pensar en ellos. En todos ellos: uno se llamaba Miguel y otro venía de Arequipa, Perú. De los demás no sé nada.
Aquellos hombres que desmontaron mis modestos muebles, los cargaron y descargaron de la furgoneta y los montaron en mi casa nueva, ¿cuánto cobraron por ese trabajo realizado en cuatro horas de un viernes tarde?
AmpliarEstoy goteando. Soy agua, soy fuente. Be water, my friend. He perdido el hilo. No sé quién soy, y tampoco sé quiénes son amigos. ¿Aquellos con los que me veo una o dos veces al año? ¿Aquellos que me escriben y marcan en las redes? Estoy exagerando. Dejadme seguir.
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“La melancolía no es una enfermedad sino un medio de conocimiento”
Cuando escribí esto en twitter hace dos días, no había visto Melancholia. Me da hasta un poco de susto haberla definido tan bien (a mi modo de ver).
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