Para Isabel y Rocío
Hay momentos en que no sabes qué decir ni qué hacer, se te cae toda esa potencia que crees tener. Te enfrentas a unos acontecimientos inesperados, imposibles de prever; te conviertes en un ser inútil para las respuestas. La gente te mira compartiendo la misma incredulidad que tienes, eso si, hablas y mucho o callas, también mucho, pero en ningún caso respondes, ni tus palabras, ni tus silencios son propuestas, solo son sonidos y pausas. Ni siquiera las respuestas están en el viento, tampoco están al alcance de los libros, de las creencias y del conocimiento. No hay respuestas, ni las puede haber, pero si muchas preguntas; hasta la saciedad, hasta el desgarro, hasta el no poder más. Recurres a preguntar en todas las direcciones y compruebas que esa debilidad, percibida porque no encuentras soluciones ni fáciles, ni difíciles, te pone delante del espejo de tu vida que te responde con tu propia imagen, que es la única respuesta posible, tú misma, tú eres la respuesta y puede que haya otra respuesta, otra imagen, la de la persona con la que has decidido compartir tu vida.
No es consuelo para nada ni para nadie, pero tú y tu otro tú, sois las únicas respuestas. Os encontráis débiles e indefensas ante la incertidumbre y ante la injusticia permanente de la vida, solo la comprensión de que esa debilidad es vuestra propia fortaleza, es la que os dará una nueva potencia para salvar este momento inolvidable, regado por las lágrimas de la propia lluvia que hoy nos acompaña. No olvidéis, no es bueno olvidar, el olvido no resuelve las preguntas, estoy seguro que no lo haréis, pero no paréis, ya sabéis como se hace, lo habéis hecho muchas veces, ahora otra vez más. Maldecid como queráis y contra quien queráis, pero lanzaros hacia adelante, las maldiciones desahogan, limpian el estómago de los malos momentos. Todo ello sirve, pero no olvidéis que el futuro está por llegar y solo será si sois vosotras mismas, no lo podréis controlar, ya lo habéis comprobado, pero si no lucháis por ello, no existirá.
Profundas palabras salidas del desconsuelo ante las adversidades de la vida.