jochimet
24.08.2013

Voy más allá, la superación, hablando en positivo

por José Antonio Jiménez Ramos

nosotros.caosEn mi anterior artículo abordé un asunto, que me da vueltas por la cabeza desde hace mucho tiempo, la Cultura de la Transición y cómo puede repercutir en el momento social y político actual. Me referia de pasada a la presencia de la misma en los CDs como excusa, para el desarrollo del artículo.

Recibí una respuesta de Pedro Jiménez, en la que me indicaba, que la Cultura de la Transición tenía una gran presencia en la música y como paradigma de ello la afamada canción de Jarcha “Libertad sin ira”.Estamos hablando de una canción del año 1976, que llegó a estar prohibida y luego fue utilizada como himno oficioso de la llamada Transición española. Haciendo una pirueta de mas de 35 años, se ha hecho una versión muy del momento:

Pues más allá de esta broma hay mucho que destripar; pertenezco claramente a esa CT, en 1978 hacia dos años que me habia casado  y uno que era padre, digamos pues que soy de la época, la muerte de Franco me pilló con 24 años, más o menos la edad que tienen una buena parte de los que hoy están debatiendo y reflexionado sobre este fenómeno.  Pero claro, una cosa es pertenecer por cronología a esa época y otra, muy distinta, militar en ella. Y ese no es mi caso en este momento, no digo que no lo fuera hace unos años, porque la gente de mi época, hayamos o no criticado como se produjo la transición, hemos participado de esa cultura en los términos que la formula Amador Fernández-Savater en el artículo que mencionaba en mi post anterior.

Lo que hasta ayer mismo era intocable (sagrado) ahora se puede tocar. Un gesto de profanación -multitudinario, callejero, alegre- ha atravesado las distancias sacralizadoras volviendo vulnerable lo invulnerable. El régimen del 78 ha perdido su aura y ahora es susceptible de discusión, crítica, guasa. A ese aura, a esa distancia, a esa membrana protectora hoy en crisis la llamamos Cultura de la Transición y es un filón clave para entender la cultura oficial en España durante los últimos 35 años

Hemos mantenido durante años, que habia cosas que no se debían tocar, porque se corría el riesgo de romper la baraja, sin darnos cuenta que, precisamente, había que romper la baraja. Hemos sacralizado la transición, aunque en privado, como aquel que hablaba catalán, hablábamos de la necesidad de cambiar la Constitución, aspirábamos a cambiar la forma del estado y trabajamos por ello, pero no habíamos comprendido que de alguna forma no queríamos que cambiaran las cosas, sencillamente por miedo al cambio, nos habíamos convertidos en conservadores.

Sin pretenderlo hemos alimentado esa cultura, porque encima nos gustaba ir a los conciertos  de The Boss, Bruce Springsteen y sabiamos que Serrat era un tipo encantador que buscaba a “Penélope con su bolso de piel marrón
y sus zapatos de tacón y su vestido de domingo” y Ana Belén, de manera premonitoria, nos había pedido que miráramos  “la Puerta de Alcalá que ahí está viendo pasar el tiempo“,  mientras que Victor Manuel nos anunciaba el fin del carbón en el recuerdo de su abuelo “El abuelo fue picador allá en la mina y arrancando negro carbón quemó su viday cómo no, empujamos para que la profecía de Labordeta se viera cumplida más pronto que tarde,  “Habrá un día en que todos al levantar la vista, veremos una tierra que ponga libertad“.

http://youtu.be/i15eFc_BCu4

Y también, creíamos que Miguel Ríos nos había convencido de que Europa era digna del “Himno de la Alegría

http://youtu.be/sTv-t8-Ssdw

y que siempre nos acordariamos de Luis Lluch y su memorable “L’Estaca” y de Raimon, con su himno de libertad “Al vent” y, desde luego, del gran Paco Ibañez, con su recital  inolvidable en el Olimpia parisino, que él mismo presentaba en un francés castellanizado como, por ejemplo, en este “Andaluces de Jaén“.

http://youtu.be/p2bcm40cM_w

Pero llegó un momento en que algunas  de estas personas, que habían sabido vivir en un ambiente más que bueno, como consecuencia de su trabajo bien hecho, no supieron ver que la situación había cambiado radicalmente, se desconcertaron con la propiedad intelectual, con los derechos de autor y con las más que buenas prestaciones que las sociedades que generaban estos derechos eran la cueva de Teddy Bautista y sus compiches de nombre de ladrón como Caco Senante o del Rey del Pollo Frito en forma de tertuliano chillón de nombre Ramoncín y de un día para otro se dieron cuenta que el negocio se había derrumbado y lucharon por no perderlos y siguen en ello, con honradas excepciones.

Todo ello conformó una cultura musical, que es bastante paradigmática de la CT, que se vino a unir al supuesto mundo perfecto que significaba el status quo que permitía un bipartidismo salvaje, en lo político, mientras que imperaba a sus anchas el pensamiento único y como bien decía recientemente, Luis García Montero, la permanencia en el poder de la oligarquia económica por arte y gracia de una izquierda reflejada en el PSOE y en algunos grupos más a la izquierda que bajaron los brazos ante el ímpetu desmedido del poder, del que algunos y algunas recogieron las migajas que iban dejando detrás. Se instauró un estado de cosas corrupto y perverso que ha pervivido hasta estos momentos y que se resiste de mil maneras para no perder esa hegemonía social mediante toda clase de estrategias.

La principal de esas estrategias se hizo visible hace, ahora dos años, cuando en pleno de mes agosto el PSOE y el PP protagonizaron el mayor golpe de estado despues del 23 de febrero de 1981, modificando la Constitución de 1978 de manera que se condena al Estado español a pagar la deuda financiera antes que atender a los derechos de la ciudadanía. Es, en ese momento, cuando se hace patente de forma contundente el valor del bipartidimo más feroz que cumple la misión encargada por la oligarquía económica, nada es más importante que el mantenimiento de la misma, sea via constitución sea via de los hechos consumados.

Cuando la gente grita en la calle y en las redes sociales “PP y PSOE la misma mierda es” está haciendo visible de forma muy clara el núcleo sangrante de la CT, todo atado y bien atado. Era verdad, estaba todo bien atado, no en el sentido que pensaban unos nostálgicos franquistas, cuando quisieron que Juan Carlos fuera un Franco revivido, sino en el objetivo verdadero de las ataduras, los que mandaban han seguido mandando a lo largo de estos años, aunque aparentemente hayamos tenido una democracia que nos ha devuelto unas libertades que hay que valorar en sus justas dimensiones.

No seré yo el que diga que en España no hay más libertades que en el pasado reciente, las hay y ahí están, pero que ese decorado democrático no nos puede cerrar los ojos a la realidad más visible en estos momentos. Las desigualdades han aumentado en los últimos años, los que más tenían son cada vez menos en el conjunto de la sociedad pero tienen más poder económico que antes. Mientras nos jugábamos la vida por traer una democaracia a este país, otros jugaban a un monopoly de grandes dimensiones y real como la vida misma y conseguian comprarlo todo para que las cosas no cambiaran en lo más profundo de la sociedad.

Pero no todo está perdido, más bien todo lo contrario, la necesidad de asumir la existencia de esa cultura de la transición como una realidad caducada, nos implica en la búsqueda de soluciones. En un libro recientemente publicado en Traficante de Sueños, por Enmanuel Rodríguez del Observatorio Metropolitano de Madrid y titulado Hipótesis Democracia se hace una valoración de lo que ha supuesto el 15M y de la necesidad de plantearse una salida revolucionaria a la situación actual de forma democrática y en los términos que dice en el preámbulo “una revolución es un cambio radical de un régimen institucional, que desplaza a las élites políticas y económicas al tiempo que arrastra los viejos privilegios. Su objetivo es una igualación de las oportunidades, de las fortunas y sobre todo de las capacidades de ejercer la decisión política” Es justo el punto de relación con el atado y bien atado franquista, estamos ahora en el momento clave para desatar ese nudo y convertir a esta sociedad no en un sujeto reformista, sino en un sujeto revolucionario. Volvemos al punto de partida de los años 70, democracia neoliberal frente a democracia social.

Sin querer agotar la reflexión, sólo apunto una propuesta ética y estratégica en este momento, hacer de la participación politica y de la transparencia social uno de los ejes fundamentales de esa revolución pendiente. Es nuestra responsabilidad hacer posible estas premisas, no serán otros, será la izquierda en conjunción con las personas que conforman ese 99% que no decide directamente, los que produzcan esa revolución democrática que desplaze el poder al sitio de la mayoria social y real de este país.

 

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comentarios

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1 - Pedro Jiménez 25.08.2013 - 10:34

ole

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