Este nuevo mantra es un poco demagógico (bueno, quizás los anteriores también) a lo que me refiero es que Desirée Ndjambo, la presentadora de TVE, está “citando” a la organización de Madrid 2020, pero me venía mejor el corte para que el mantra fuera más efectivo. A mí, como a Carolina, me tiene escamado el tema del apoyo incondicional de la TVE a los Juegos Olímpicos. Al menos, todavía, no les he escuchado decir que lo que está pasando en Turquía beneficia a Madrid, como sí dijeron en TeleCanarias hace 10 días.
AmpliarLa columna del mes de junio en Cuadernos de Pedagogía, un tema difícil para tan poco espacio, pero uno de los campos que aún tenemos que seguir explorando. Para mi tiene mucho que ver con la anterior, dedicada a la escucha.
AmpliarHola,
¿Cómo te encuentras? ¿Bien? Espero que mejor. Sí, sé que es complicado hablar de todo esto por aquí pero seguro que algo soy capaz de aclararte. Voy a intentarlo. Uno de los principios filosóficos sobre la comunicación, y en definitiva sobre la educación, es que es imposible “no comunicar”. En otras palabras el psicólogo Paul Watzlawick decía “No hay nada que sea lo contrario de conducta”, de comunicación diría yo, porque el silencio no existe y la incomunicación comunica. Ahora bien ¿estamos preparados y preparadas para estos asuntos? El otro día eras incapaz de escucharme, y lo entiendo, por eso me he dado tiempo para contarte qué pienso sobre alfabetización digital y emociones. Volviendo a las notas de “Competencia mediática. Investigación sobre el grado de competencia de la ciudadanía en España” me encuentro con los estudios de Joan Ferrés, al que tenemos que recurrir como faro para dejar algunas cuestiones claras. En ese estudio se analiza, por primera vez, la dimensión emocional en el ámbito de la competencia digital, y los resultados cuantitativos y cualitativos son claros: la ciudadanía española no es competente en este ámbito. Eso no quiere decir que emocionalmente seamos unos incompetentes eso solo quiere decir que no somos capaces de distinguir, transformar, trabajar y conocer las intenciones emocionales de los medios de comunicación y de las tecnologías ¿Es posible una educación crítica con los medios de comunicación sin atender a la dimensión emocional? ¿Qué supone poder estar conectados todo el rato a nuestros “amigos” y “amigas” de las redes sociales? ¿No es precisamente una experiencia audiovisual o multimedia una inmersión profunda impulsada por las fuerzas de las emociones? En lo que llevamos de siglo XXI los estudios del cerebro han puesto encima de la mesa que “lo racional” no es nada sin “lo emocional”, resumiendo mucho podemos decir que el sentimiento es un componente integral de la maquinaria de la razón. Cuando escucho que se quiere eliminar el aprendizaje significativo y afectivo de la escuela pienso en que solo sabiendo sentir podemos ser capaces de transformar nuestro entorno. Y como señala Ferrés en sus artículos “quien nos vende cosas por los medios de comunicación ya está usando estos recursos emocionales para vender productos y para vender valores”. Es hora de escuchar a las emociones, también en su interrelación con la tecnología.
Un beso
Nos vemos en el futuro
En Copylove aprendimos que el procomún era más divertido activarlo que nombrarlo. En los últimos meses se está escribiendo mucho y bueno sobre procomún, bienes comunes, y esas otras formas de propiedad que ni son públicas, ni son privadas. Uff, definir el procomún ahora mismo es lo que está más en tensión. Un recorrido no exhaustivo nos podría llevar desde a textos históricos como el Governing the Commons de Elinor Ostrom (Premio Nobel de Economía) al recientemente traducido al castellano “El Manifiesto de la Carta Magna. Comunes y libertades para el pueblo.” de Peter Linebaugh. Además hay textos, encuentros y debates, y cuestiones polémicas sobre la utilidad o no del término para enfrentarnos a la situación política actual; por poner ejemplos que he leído (y que si no estás acostumbrado a leer sobre este tema quizás no son los mejores lugares para empezar) “La ilusión de los bienes comunes” de César Rendueles y la respuesta de Rubén Martínez “La ilusión de los bienes comunes. Cierto, pero…“; “La carta de los comunes” de Madrilonia; “El procomún no es un commons” de Adolfo Estalella; el imprescindible post sobre modelos económicos alternativos en el que situar Empresas del Procomún; la sesión de ayer del Laboratorio del Procomún titulada “La tensión entre lo público y lo común“; o la crónica “La revolución del Común” de Rubén Martínez de donde extraigo una cita para situarnos:
El común, los comunes, la comunidad, el procomún, los bienes comunes, estos conceptos se han instalado de nuevo en nuestro imaginario y parece que están aquí para quedarse. Sin necesidad de escarbar demasiado sobre qué comparten o qué las diferencia, estas palabras conforman un lenguaje que entra en batalla con la dualidad de «lo público» y «lo privado», un escenario en plena asfixia, esclerótico, incapaz de responder al cambio de época que vivimos. Lo común nos desplaza a otra posición, un espacio desde el que señalar y actuar sobre la continua expropiación de recursos y modos de hacer que muchos creen que ya no nos pertenecen. Lo común recupera el hilo de las luchas que históricamente se han enfrentado a un régimen basado en la mercantilización del todo social; es un espacio de poder, de defensa, de reapropiación de la riqueza colectiva. Los abrazos fraternales entre lo público-estatal y lo privado-mercantil nos aplastan, ya va siendo hora de deshacer esta perversa historia de amor.
Yo venía aquí a hablar de educación
Uno de los problemas que se apuntaban en la sesión de ayer de Medialab-Prado es que faltan ejemplos que nos ayuden a pensar qué relación o de qué puede servir el procomún a las luchas de hoy en torno a lo público. Mi primera respuesta fácil hubiera sido acudir a la pedagogía, pero voy a ponérmelo un poco más difícil, para acudir a un terreno más hostil, el de la “política educativa”. Parto de la idea de que no lo tengo claro, que tengo la sensación de andar y desandar constantemente, y que no sé bien a quién le estoy hablando en este post (¿a mi?, ¿a mis afines?, ¿a las investigadoras del común?, ¿a los movimientos políticos-sociales?, ¿a umpy?) pero quería trazar en modo abierto algunas prácticas educativas que pueden servirnos para pensar en el común, en los bienes comunes, y sobre todo en las luchas por la educación pública. Mi intención no es cerrar los ejemplos.
Yo podría ponerme a hablar qué pienso del fracaso escolar, de la evaluación y de lo injusta que es la LOMCE para el propio mundo común que debemos habitar. Pero María Ángeles Llorente lo hizo mucho mejor y de manera más documentada en este vídeo. Cuando se habla de que el motivo de la implantación de la LOMCE es para mejorar la escuela y luchar contra el fracaso escolar ¿nos hemos preguntado si eso es lo que hay que mejorar? ¿qué fracaso? Pasen y escuchen.
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El señor ministro del interior da asco y además de relacionar el aborto con ETA su lenguaje le delata como instigador de una nueva caza de brujas. Ya lo decía Federici en esta entrevista. Este mantra lo he sacado de aquí.
AmpliarAquí tenéis la columna de mayo, yo me lo paso muy bien escribiendo estas columnas pero no está llegando ningún tipo de feedback. Eso me preocupa lo justo. En esta ocasión hablo de una de mis “obsesiones” (aunque quizás sea una zona de confort), y espero que me contéis qué tal el juego que os propongo. O más bien con que juguéis, me conformo. Como siempre, la podéis encontrar en papel en el número de Mayo de Cuadernos de Pedagogía y en su web.
Hola,
Hoy quería seguir compartiendo contigo algunas ideas sobre alfabetización mediática. En el 2002, la Unesco definió los parámetros que habría que tener en cuenta para un adecuado planteamiento de la educación en comunicación como asignatura autónoma. El documento, aunque tiene más de diez años, continúa siendo válido, sobre todo porque no se ha puesto en marcha. Hago zoom in sobre uno de sus puntos: “Mediante la educación en comunicación se pretende enseñar y aprender sobre los medios de comunicación, más que con esos medios.” ¿Qué medios y qué significa “sobre los medios”? Esta pregunta siempre nos lleva al debate “usos instrumentales” contra “usos críticos”, pero intento hacer otro zoom in. ¿No te has dado cuenta del pobre conocimiento que tenemos sobre el funcionamiento (técnico y político) de los medios audiovisuales? Sé que sí, por eso creo que en el fondo de la cuestión tenemos que empezar por recuperar uno de los aparatos sensoriales más potentes que tenemos (y probablemente uno de los más olvidados); me refiero al sentido de la escucha. Nuestras orejas no tienen párpados, escuchamos a pesar de todo, pero no sabemos escuchar (probablemente tampoco sepamos ver pero quiero centrarme en la escucha), no nos enseñan a distinguir los múltiples elementos que conforman el sonido: ¿cuántas palabras conoces para definir un sonido? La escucha activa se preocupa por el acto en sí mismo de escuchar, y nos equivocamos si esta materia la dejamos relegada a una unidad dentro del temario de “Música”. ¿Has pensado que el lenguaje lo aprendemos escuchando pero ni sabemos cómo escuchamos? ¿Recuerdas algún sonido de tu infancia? ¿Has escuchado el silencio que te rodea? ¿Somos capaces de manejar el ruido de nuestro alrededor? ¿Quién tiene voz y quién no? Vayamos más allá, una actitud crítica frente a los medios solo la conseguimos poniendo atención a los estímulos de los propios medios, y eso también es escucha activa. Hay mucho que aprender en este sentido y siento que hay muchos aspectos ambivalentes. Pero hagamos un pequeño ejercicio, los siguientes caracteres los dejaré en blanco para que escuches a tu alrededor:
Si te apetece puedes enviarme una descripción de tu paisaje sonoro (educativo).
Un beso sonoro.
Nos vemos en el futuro.
Tengo pendiente hacer algo más sobre esto, pero mientras tanto sigan escuchando, por ejemplo en Escoitar.org o leyendo sobre Escucha Activa a Mr MM.
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Yo solo recomiendo leer este blog para ver cómo lo que dice este señor por muchas veces que lo repita es mentira.
AmpliarDesde que escuché por primera vez la idea de que en Córdoba se iba a construir un espacio de creación artística contemporánea, al estilo Medialab, le sigo la pista. Por motivos evidentes es algo que me toca y me interesa, aquello se construía sin un plan de trabajo claro y la verdad es que de aquellos polvos, lamentablemente estos lodos. La obra empezó en 2008 (año 0 de la crisis estafa), el proyecto cuatros años antes, incluso se convocó a un equipo de expertos (con los que hemos trabajado más de una vez ya) para elaborar un plan de trabajo y anteproyecto. Aquello tuvo polémica, pero no me voy a remontar a aquello. El edificio está terminado, solo queda el acondicionamiento exterior y se encuentra situado en Córdoba, lo promueve la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, con mis impuestos, claro. ¿Qué hemos conseguido? Una farola MUY CARA que ilumina el Guadalquivir.

En ocasiones veo cosas en los telediarios que se quedan dando vueltas en loop en mi cabeza.
La columna de abril en Cuadernos de Pedagogía sobre uno de los temas que más me interesan en la interrelación entre tecnología y educación. Me propongo escribir tres o cuatro columnas sobre este asunto que irán apareciendo en los próximos meses. Espero que esto genere un poco más de feedback
AmpliarHola,
Hoy tengo prisa, voy a ser directo que en este mes siempre estoy a lo loco. Creo que después de tres columnas así de “a ver por dónde salgo” me propongo ser más directo y por eso quiero tratar de ponerte en contexto sobre un tema que me preocupa bastante: la alfabetización mediática. ¿Son los medios de comunicación los causantes de los “problemas” de alfabetización mediática de la ciudadanía? ¿Son el antídoto? ¿Qué debemos ser apocalípticos o integrados?. Los medios no están interesados en que sus “usuarios” sean conscientes de sus métodos y los responsables últimos de que los medios hagan eso que dice la ley, es decir, los gobiernos, tampoco lo están. Es una cuestión política muy clara: la alfabetización crítica sobre los medios no interesa. Y tenemos un problema grave, en el estudio “Competencia Mediática. Investigación sobre el grado de competencia de la ciudadanía en España” publicado en 2011 por el Ministerio de Educación, se concluye que nuestra ciudadanía no es competente en los aspectos analizados que van desde los emocionales a los puramente tecnológicos, pasando por los críticos y siendo muy grave en aspectos específicos como diferenciar entre realidad y ficción. Hay que leer en profundidad dicho estudio y saber que Internet está dinamitando las formas tradicionales de difusión y consumo de medios. La cosa se complica un poco más porque Internet está cambiando la forma de gestionar nuestra vida, nuestras emociones y nuestras relaciones. ¿Somos competentes en eso? ¿Cuándo lo seremos? ¿A quién le preocupa esto? Me detengo en una de esas noticias que pasan desapercibidas: la puesta en marcha de la Agenda Digital por el Gobierno prevé que en 2015 el 75% de los españoles use Internet con asiduidad y que el 35% navegue utilizando telefonía de banda ancha con tecnología 3G. De cómo vamos a aprender y a enfrentarnos a eso no dice nada, obvio. ¿Qué hacer? hay que unir las iniciativas sociales y académicas para poder construir más espacios comunes de intervención, hay que obligar a las administraciones a que nos doten de herramientas críticas para usar los medios y lo más importante tenemos que ser capaces de construir una alfabetización mediática permanente, que no se quede en lo tecnológico, que se convierta en un elemento sustancial de una ciudadanía real y que ponga en valor los aspectos sociales, emocionales y creativos. Perdona el tono urgente. Seguimos.
Un beso.
Nos vemos en el futuro.