La Colina de Peralías
24.07.2024

Vengo de ese miedo. Miguel Ángel Oeste. (Tusquets, 2022)

por Dolores Álvarez

Vengo de ese miedo de Miguel Ángel Oeste es un libro brutal en el que se relatan las situaciones más injustas que unos niños pueden vivir en una familia. El autor del libro considera que la escritura de dichos hechos es lo que puede sanarlo y hacer que ese miedo vivido en la infancia no lo proyecte en su propia familia. Duele leer tanta barbarie.

Miedo, pánico, terror, salvajadas… Todo lo que se diga es poco. Los sufrimientos que ese niño vive en su familia lo dejan marcado física y moralmente para siempre. El narrador de esta historia ha sufrido tanto con su familia, fundamentalmente con su padre, que quiere matarlo, que no puede vivir más vejaciones de parte de esa madre y ese padre que lo humillan, lo agreden y que solo piensa en evitarlos para no sufrir más.

Incapaz de visitar a su padre, el narrador de esta historia decide escribir sobre su familia sin contar con ese testimonio. El miedo a estar junto a él lo paraliza. Y así, como una infección que lo invade todo, aflora la narración de este infierno. Su madre, una belleza de menos de veinte años, se dejó seducir por el padre, un hombre dotado de gran encanto entre las amistades y muy generoso con los que le rodeaban en el trabajo, pero un egocéntrico maltratador en casa. En este retrato falsamente doméstico se perfilan los inicios del turismo en la Málaga de los años setenta, cuando el dinero europeo de veraneantes e inversores trajo en plena dictadura una insólita apertura en forma de diversión y juerga, aire fresco para una sociedad que ni en sueños habría imaginado noches de orgías sin fin.

Miguel Ángel Oeste desciende al abismo de sus recuerdos y, en una dolorosa investigación, confronta su memoria con la de familiares y conocidos para elaborar un testimonio desgarrador, que a la vez es una crónica de los últimos cuarenta años de este país. Un viaje en el que el miedo es el protagonista, primero como padecimiento y luego como motor de escritura.

Duele leer este libro, es desgarrador el testimonio del autor. Confieso que estuve a punto de dejarlo porque leerlo me estaba doliendo, me transportaba a tantos niños y niñas que sabemos han sido maltratados en sus familias o en algunas instituciones. Una época en la que el maltrato infantil estaba permitido socialmente y hasta bien visto a la hora de educar a un niño rebelde.

Desde el principio me preguntaba cómo los maestros no se daban cuenta de lo que ese niño estaba sufriendo, tenía marcas físicas y mentales que podían cantar que no lo estaba pasando bien en el seno familiar.

Hoy los protocolos de acoso, afortunadamente, son distintos, en aquella época hasta los mismos maestros te podían dar un cachete y nadie lo veía mal, no existían ni esos mencionados protocolos. Afortunadamente esto ha cambiado mucho en las escuelas y este niño no hubiera pasado inadvertido del sufrimiento que tenía en el seno familiar. la misma madre era maltratada por el padre y ella lo buscaba, algo que también era ignorado en la época, el marido pegaba a la mujer y era como señal de que la quería, era algo cotidiano. Tremendas barbaridades que afortunadamente han cambiado y han puesto en su sitio tanto a los niños como a las mujeres.

El niño mayor no quiere olvidar, necesita construir el relato para que se conozca una época y para sanarse a sí mismo. Por contra, el hermano pequeño que vive todas esas barbaridades y sufre con el maltrato que su padre le da al hermano y a la madre, quiere olvidar, pasar página de lo vivido en esa casa inmunda y construir su vida al margen de lo anterior.

El libro está dividido en cinco partes: el padre, la familia, la madre, hijas y padre e hijo. Está escrito de forma muy real, desgarradora, porque los que hemos vivido esa época sabemos de familias que han estado viviendo todo ese horror que nos narra Oeste en el libro.

Las apariencias engañan, el padre tenía una cara en la calle, en la sociedad, con los amigos y cuando llegaba a casa se transformaba en una persona que daba miedo que no comprendía nada de lo que sus hijos y su mujer hacían, era terrible cómo el cordero se vestía de un verdadero animal terrible, capaz de las más tremendas vejaciones, abusos, maltratos… Alguien que evidentemente inspiraba miedo, influenciado, además, por el alcohol que bebía y las drogas que consumía..

Su padre lo bloqueaba, estaba intentando contactar con él para recoger datos del libro pero era imposible, él menospreciaba todo lo que tenía que ver con la cultura, con la lectura, con los libros, no se cansaba de decirle que era un fracasado y que la escritura no lo iba a llevar a ningún sitio.

“La escritura abre puertas que uno no se atrevería a abrir, ilumina recovecos donde siempre triunfó la penumbra, desentierra las más primitivas evidencias de la vida. Y al cabo me doy cuenta de que no dejo de pensar en ellos con rencor, y por tanto escribo con resentimiento. Desde que me propuse contar esta historia, el miedo me solivianta”.

Y una vez más la abuela es la que salva a esos niños de los horrores, los cuida y los alimenta en el caso de las desapariciones del padre y la madre. Refleja una época en el despertar del turismo en Torremolinos, en las que el extranjero trajo costumbres muy distintas a las que vivía la España del momento.

El libro, una vez que pasas la primera etapa de terror, te atrapa en su lectura. Utiliza momentos para el respiro y habla de la propia forma de cómo está escribiendo la novela, algo que se agradece ante tanto miedo como inspira ese hombre que va transcurriendo por la narración.

Yo aconsejaría este libro al público adulto y a los docentes para que estén pendientes de esas señales que pueden darnos los propios niños y niñas que no viven en un ambiente sano y que sufren en silencio los maltratos de sus propios familiares más allegados. Creo que puede servir para poner en marcha esos protocolos que hoy, por suerte, están establecidos y pueden parar el sufrimiento infantil.

Santi Fernández Patón en su crónica de la novela en El Diario, dice:”Oeste ha puesto carne, vísceras, dolor y angustia a la frialdad de la prosa jurídica, de las estadísticas, de la distancia creada por cierta ficción o, de manera paradójica, por los titulares de las monstruosidades más noticiables, como la de los abusos sexuales intrafamiliares, que en realidad suponen la culminación de procesos largos y espantosos. Aquí no hay escapatoria. O, mejor dicho, sí la hay, pero no por la puerta de atrás de cualquier truco literario más o menos resultón. Y la hay porque el propio testimonio de su autor, hoy padre de dos niñas, arroja la luminosa certeza de que él encontró la fuga, el aire, la vida”.

Puedes leer la reseña completa en El Diario de la Educación, publicada el día 24 de julio de 2024

 

 

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