La Colina de Peralías
05.06.2024

La maestra. José Antonio Lucero. (Ediciones B, 2024)

por Dolores Álvarez

José Antonio Lucero nos relata en su libro La maestra, editado por B, 2024, la historia de una maestra, o más bien de dos maestras, Juana y Lali, que luchan por sus ideales en tiempos de la República y que sufren sus consecuencias al entrar la dictadura. Es un relato entrañable y comprometido con la educación, haciendo honor a esas maestras que fueron “depuradas”.

Una historia de vocación, pasión y guerra que nos traslada a 1936 para que vivamos la magia de una de las profesiones más importantes del mundo: la de quienes nos abren las puertas del conocimiento y nos ayudan a cruzarlas por nosotros mismos.

Mayo de 1936. Una joven viaja a un pequeño pueblo de la sierra gaditana donde desempeñará, por primera vez, su vocación y profesión: la de maestra. Eulalia —o Lali, como la llaman sus alumnos— se prepara para dar clase a un grupo de niños y niñas. Nerviosa, repasa los modernos principios pedagógicos que le han inculcado durante la República y que, poco después cuando estalle la Guerra Civil, la condenarán. Acusada de adoctrinamiento, es arrestada y no podrá volver al aula durante la dictadura, convirtiéndose en una de las víctimas de un proceso que afectó a un tercio del cuerpo docente de España.

En cierta forma la historia que narra me ha recordado a “El maestro que prometió el mar”, desenterrando la historia del maestro Antonio Benaiges. La misma historia de amor por la educación y que sufrieron sus consecuencias cuando se implantó la dictadura.

“La atención que merecen los problemas de enseñanza, tan vitales para el progreso de los pueblos, quedaría esterilizada si previamente no se efectuase una labor depuradora en el personal que tiene a su cargo una misión tan importante como la pedagógica” (Decreto franquista de noviembre de 1936).

Por esa labor de depuración entraron en la cárcel Juana y Lali, dos maestras comprometidas con una educación de la Institución Libre de la Enseñanza (ILE), donde se respetaba al alumnado, se le enseñaba a pensar y luchar por sus ideas propias, donde se les atendía plenamente en su desarrollo como persona.

Evidentemente esas ideas de libertad no eran bienvenidas en un régimen que quería que todas las personas siguieran los mismos esquemas, sin ideas propias y con la incultura de quienes no saben defenderse por ellos mismos. Por este motivo mataron a Lorca, a Miguel Hernández, desterraron a Machado… y a otros muchos que aún están desaparecidos, sin haber podido ni siquiera enterrar dignamente sus cuerpos para la tranquilidad de las familias.

A Lali le achacaron: irreligiosidad manifiesta, ser simpatizante de partidos del llamado Frente Popular, y desafección al Movimiento Nacional. Por este motivo la Comisión Depuradora la juzgó, llegando a invalidarle el título de Maestra.

Nada sirvió de todo lo que hizo en su primer destino como maestra rural en aquel pueblo de Cádiz. “Las caras ávidas por aprender de sus zagales, la letra torpe de los que no sabían escribir, los versos de Machado resonando en sus boquitas, las asambleas, las cuentas matemáticas que sumaban o restaban fanegas del campo, las obras teatrales, las salidas para buscar hojas en otoño…Todo aquello en lo que Lali se dejó la piel para que los hijos de los campesinos, de los yunteros, de los desheredados, tuviesen al menos una oportunidad”.

Creo que es necesario visibilizar estas historias para hacerles un merecido reconocimiento a las maestras, sobre todo en estos tiempos en los que la sociedad parece que está dormida y hay movimientos que giran hacia la derecha. Es necesario hacer patente que la sociedad del progreso debe avanzar hacia adelante con opciones que respeten a las personas y luchen por una escuela pública donde se tenga en cuenta a las personas en su proceso de desarrollo, se atienda a la diversidad y se luche por la búsqueda de una sociedad democrática donde se respete la justicia social.

El libro se lee muy bien, aunque con dolor de lo que sufrieron injustamente estas personas. Recomendable para docentes y cualquier persona que piense que hay otra forma de hacer educación y que no pueden repetirse esquemas del pasado que nos hagan vivir tales barbaridades.

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