Carolink Fingers
14.02.2013

Carta a mis hijas

por carolinkfingers

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Lleváis viéndome llorar varios años. Antes me escondía, ya no. Ahora os digo que es un rato, y lo es, y se pasa. Podría explicaros que me siento sola, o que se me viene el mundo encima, o que sumo años para verme con cada uno de ellos más pequeña e incapaz de llevar vuestras dos vidas adelante. El relato en verdad es que no hay relato. El relato es que se me inscribió en la carne que se trataba de ser feliz con una pareja al lado, a hundred per cent of the time.

Pero eso son días. Sois niñas inteligentes y sabéis hace rato que las princesas no existen. Os gusta Merida porque es salvaje, atrevida, aventurera. Os gusta Buffy porque mata a los malos uno detrás de otro. No sé si esos relatos se os quedarán en la carne más que los de las princesas Disney, cuyo objetivo final en la vida es encontrar el Amor. Y quedarse ahí para siempre.

El relato es que no hay un solo amor válido, fastuoso, terminal. Que nos iría mucho mejor si valorásemos -y la sociedad valorase- todo el resto de tipos de amor de la misma manera que encumbra y hace fascinante el amor romántico.

«¿Qué vamos a hacer este fin de semana?», os pregunto. «¡Ver a las amigas!», me respondéis, con ansia y arrobo. No sé por qué ha de valer menos el amor que nos tenemos entre nosotras o el amor que nos tenemos con todas las amigas. Con E, con E, con E, con K, con V, con S, con A, con S. Sí, he conocido parejas muy longevas y envidio el contrato hecho entre esas dos personas, al mismo tiempo que me digo que una buena parte de la identidad que ahora tengo se la debo precisamente a haber terminado mi matrimonio hace ya algún tiempo.

Nada es blanco ni negro, pero aquí dentro en la carne se trata únicamente de la innata necesidad de amor que todos tenemos, mientras que ahí afuera nos dicen que se trata únicamente de que tengas una pareja estable y que vaya contigo de la mano por los prados.

Eso y la heterosexualidad, el eje del mal, que también se inscribe dentro de la piel como el capitalismo o la propiedad privada. Va todo junto. Es un código cultural, y blablabla. Tendríamos que hablar más con el cuerpo y menos con las palabras, me dice hoy una amiga amada. Y no, no se desmonta todo este tinglado en dos tardes, ni en cuatro años. Otro día os hablaré con otras palabras, pero espero que entendáis que en éstas no hay rabia, solo la misma frustración que siento frente a un discurso de un político.

Las amigas que tienen hijos a mi alrededor los han tenido hace un par de años y piensan que por mi lado ya he superado la fase de la crianza. No saben -o intuyen no más- que vendrá otra fase en la que implacablemente sus hijas las necesitarán cada día menos y eso obligará a una adaptación constante, nueva, a veces dolorosa. Vendrá la parte en la que mi hija no me cuente lo que le sucede, la de que me mienta cuando ha quedado por primera vez con un chico -yo lo hice-, la de que no entienda las cosas tan turbadoras que le están sucediendo y tampoco me las pregunte.

Hay amor, por supuesto que hay amor, tendréis que descubrirlo solas.

Me da risa cuando vemos una serie juntas y vienen las escenas románticas, los besos en la boca, y sacáis esas muecas de asco.

Me da menos risa cuando me cuentas que un niño de tu clase te molesta llamándote «zorra». No hemos pasado un siglo de luchas para que un mequetrefe de doce años se crea con la potestad de juzgar tu identidad, tu físico, o tus actitudes de mujer pequeña y segura, colgándote una etiqueta por unas decisiones de vida autónoma que ni siquiera has tenido tiempo de tomar. Un mequetrefe entre treinta y cinco, que me hace preguntarme qué cojones de relato reciben ellos, los niños, no tengo experiencia alguna.

Por eso hoy he mandado todo a la mierda y nos hemos merendado las tres una tarta en forma de corazón.

El relato del amor romántico, amores míos, es uno que dice que nos sometemos, y que ahí ya no es necesario seguir conservando un espacio propio. Es probable que mi propia mediabiografía os ayude a desmontarlo. No se trata de ellos, por supuesto, el amor romántico es también homosexual. Se trata de la desidealización del constructo. Se trata de aumentar la potencia social de otros tipos de amor, de equilibrar las balanzas, de ahondar en nuestra actividad pública y nuestro territorio común, así como de explorar los sentimientos que se generan con otra persona con la que una se entiende, y punto. A veces eso se da. Entonces siempre acuérdate de lo que un día yo escribí.

Es posible que no sepáis aún de qué os hablo, pero al menos sé que no jugáis a princesas hace rato.

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comentarios

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11 - carolinkfingers 17.02.2013 - 20:22

Hola, disculpad que me haya tardado tanto en contestar. Fue una semana dura. Este texto un poco un exorcismo. Y lo cierto, como hablaba con un amigo estos días, es que me da bastante pudor. No todo lo que ahí pone al pie de la letra es sentimental ni biográfico, pero sí es una forma (la que tuve ese día) de enfrentarme a temas que me duelen mucho.
Gracias a todos y «disculpas» a los que hice llorar, que me lo han dicho en varias ocasiones.
Bárbara, gracias por pasarte y por tus palabras, no sé si sueno sincera, pero no tengo otra manera de escribir; a veces me pregunto seriamente si estas «investigaciones situadas» en el centro de los torbellinos emocionales servirán de algo a alguien, porque de verdad creo que me toca hacer un esfuerzo por hacerme entender, por plantear «mis ideas» de una manera medio didáctica. Bueno, no es que me crea nada, es que creo que tengo una pequeña obligación – transmitir mis dilemas de forma clara, o algo así.
Claudia, muchos besos desde aquí. Tampoco he querido decir que no crea en el amor, si alguien hay que cree en el amor soy yo… Ni que no vaya a tener pareja o compañero nunca más, creo que eso no es. Lo único es que quisiera que, conociendo como conozco la construcción cultural, me doliera todo esto algo menos. Bueno, la mayoría de los días me importa una pinga. 🙂
Migue, eso, claro. El deseo, la piel, pero también es muy muy distinto cómo se viven -la puñetera educación sentimental o la programación de género- siendo hombre o mujer. En todo caso, ese territorio es mucha maleza.
Igual creo, Rocío, no se trata de romper las cadenas químicas, pero hay una serie de cadenas culturales que sí podemos romper. Olé el amor, revolquémonos, disfrutémoslo, no seré yo la que se niegue jamás nada, ni un segundo de miedo. Quizá otro día escriba desde el «sí se puede», no el amor romántico, sino quitarle al amor todo lo romántico y que siga siéndolo. De a dos o de a treinta. No sé, estoy explorando de la única manera que sé. Besos.

12 - Claudia 19.02.2013 - 1:58

Apenas leo tu respuesta Carolina, y me doy cuenta, tras leer mi comentario, que no sé explicarme muy bien… Con toda la parrafada, sólo quería decir, que yo estoy completamente en desacuerdo con esa idea de que en el relato de amor romántico la mujer siempre tiene que someterse y perder su espacio. Siempre me da por hablar en primera persona y con ejemplos, y es que no puedo hacerlo de otra forma porque sería hablar de cosas que desconozco. Entiendo que sea la regla, pero hay que recordar que todas las reglas tienen sus excepciones. Y esas excepciones son las que nos tienen que hacer más llevaderos los días 😉
Las lágrimas se me salieron porque el tema de la maternidad, y el haber crecido con una madre divorciada y media familia también, me tocaron un punto muy sensible. Besos

13 - Sole Parody 19.02.2013 - 10:31

En respuesta (no dejes que lo oscuro te coma) http://leparody.tumblr.com/post/43432949714/dont-let-the-darkness-eat-you-up Gracias, Carolina.

14 - carolinkfingers 19.02.2013 - 10:37

Hola, Claudia. Ahí quería referirme a ese «relato cultural». El amor romántico está escrito con roles de género muy diferenciados. Hay una película brutal, de King Vidor, que podría ilustrar esto (por su tensión entre contrarios). The fountainhead / El manantial, basada en la novela de Ayn Rand. Ella es una mujer independiente y segura, no quiere saber nada del amor romántico. No cuento más, pero simplemente es víctima del constructo, también. No digo, y no creo tampoco, que en nuestro cotidiano las historias se den de ese modo. Digo que la sociedad pone notas y calificaciones, sutiles, a las que van cumpliendo más pasos del constructo, más condiciones. Como mujer que estoy cerca de los 40 y llevo varios años sola, lo siento todos los días.
Las excepciones a la regla son lo que yo quisiera poner como normalidades. Auparlas a un lugar del imaginario social tan importante como el que tiene el amor romántico. En el ejemplo de la política: ellos te dicen que es política si está dentro de un partido y de una «institución democrática» y nosotros decimos que es política todo aquellos que sirva para la vida en común. Más o menos eso. Besos!

15 - Tot Amor 22.02.2013 - 23:32

ole, me ha encantado el texto, muy bien escrito, muy sencillo, muy profundo y muy radical a la hora de cuestionar las cadenas y presentar la necesidad innata del amor, todo el amor. lo he republicado en el blog http://totamor.blogspot.com

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