Estraperlo
06.07.2009

La Casa Invisible: la tercera píldora

por admin

“Pero la elección entre la píldora azul y la roja no es realmente una elección entre ilusión y realidad. Efectivamente, Matrix es una máquina de ficciones, pero son ficciones que todavía estructuran nuestra realidad. Si extraes de nuestra realidad esas ficciones simbólicas que la regulan, pierdes la realidad en sí misma. -Quiero una tercera píldora!- pero ¿Qué es la tercera píldora? Definitivamente, no un tipo de píldora trascendental que facilita una falsa experiencia religiosa de rápida digestión, sino una píldora que me permitirá percibir, no la realidad detrás de la ilusión, sino la realidad en la ilusión misma

Slavoj Zizek en The Pervert’s Guide to Cinema

La Casa Invisible en peligro

Empezamos a escribir esto después de la estancia, participación y vivencia en primera persona del taller “Governance Cultural versus Institución de lo Común” realizado por universidad nómada junto a la Casa Invisible, la universidad libre y experimental y el MNCARS en el centro social autogestionado de Málaga que tuvo lugar del 17 al 29 de junio. Con esta breve reflexión queremos acercar la desmesurada potencia que habita el contexto Casa Invisible y la inconmensurable capacidad de quienes lo llevan adelante. Esperamos sirva como apoyo incondicional a esta iniciativa y como denuncia frontal del absurdo que supone a día de hoy ver el anuncio de su posible desalojo y el cierre del ciclo de negociaciones que en breve iban a dar con la firma de un Protocolo de Intenciones. Por si algunos/as no lo conocen, nos gustaría acercar qué es la Casa Invisible (o cómo la percibimos nosotras) superando los argumentos miopes que más allá de intentar entender las peculiaridades de lo que se está orquestando, se ahogan con los imperativos de la propiedad privada y la cantarina de alojos de inmuebles en desuso considerados ilegales. Lanzamos varias ideas para dar algo de contexto y acercarnos a algunas de las problemáticas que rodean esta situación.

Málaga 2016 y la cultura oficial

Los procesos de transformación de las metrópolis que se llevan a cabo con el pretexto de ofertar las ciudades en un mercado global, producen toda una serie de impactos y regulaciones que afectan tanto a la producción cultural como a cualquier esfera social. Nos referimos, por ejemplo, a la puesta de largo de contextos metropolitanos en busca de su adecuación a los parámetros que van a facilitar que sean elegidos o no como capital cultural europea. En esta carrera se encuentra actualmente Málaga, que ha apostado por su candidatura para el 2016 Es bien conocido por todos cómo la creación de un relato homogéneo con estructura de fácil deglución es una estrategia que suele acompañar a la promoción de este tipo de candidaturas. El gobierno de Málaga no es una excepción, y ha apostado por reforzar la vinculación de la ciudad con Picasso , un ejercicio de valorización que en algunos momentos está insuflado de ficción y en otros cargado de ilusionismo. No deja de ser curioso (aunque a día de hoy ya no nos extrañe) que en este proceso se ignoren y criminalicen una y otra vez las iniciativas que están fuera del espectro institucional o que no adoptan la estructura y forma que los protocolos oficiales estipulan como idóneas para ofertarse como un “contexto cultural rico”. No podemos pensar en esas estrategias de valorización de la ciudad y de regulación de sus dinámicas culturales emergentes como mera formas improvisadas de reproducir políticas que se perciben como exitosas en otras ciudades. El volumen de candidez o de desconocimiento de los efectos que ese marco estratégico va a tener, no paraliza el impacto que producen las tácticas de governance cultural que éste oculta. Las llamadas a la participación son articuladas a través de estándares que simulan el contacto con la ciudadanía. Tal y como se señala en la web oficial de la candidatura

«No es una tarea que implique solamente a una institución, el Ayuntamiento, sino que es un reto para toda la “ciudadanía malagueña” que debe utilizar todo su potencial humano y mediático para convencer a quienes corresponden decidir sobre nuestra candidatura que Málaga es un referente cultural para toda la región euromediterránea»

La única postura posible pasa por sumarse a algo previamente consensuado. El diálogo y los procesos de participación ciudadana están curiosamente encorsetados en seguir un único camino, ese que ha decidido reproducir el que al parecer es único modelo posible para concebir la metrópolis contemporánea. Nuestra intención inmediata no pasa por analizar a fondo este tipo de estrategias políticas que ahora mismo se pueden dar en Málaga, pero no podemos perderlas de vista para entender mejor la actual situación del territorio con el que dialoga la Casa Invisible y su ciudadanía.

La tercera píldora

Recordando el diagnóstico que Slavoj Zizek elabora en su “The Pervert’s Guide To Cinema” al reclamar una tercera píldora en la película Matrix- esa que nos va a ofrecer la posibilidad de vislumbrar la realidad que se instala en el interior mismo de una esfera ficcionada – nos parece interesante enlazar esa idea con el ejercicio de resubjetivación que busca generarse en la Casa Invisible a través del contexto social, cultural y político que la atraviesa. Más allá de esa concepción donde analizar críticamente los códigos que normalizan y propician la interiorización de modos jerárquicos de relación social y de producción cultural pasa por convenir un espacio de excepcionalidad (un posible afuera, un ámbito resguardado de experimentación artística, un contexto académico concebido para tales fines, etc.) lo que aquí opera es un proceso de decodificación y de producción de autonomía insertado en la ilusión misma. Un dispositivo que pone en jaque, ya no sólo las contradicciones entre el derecho a espacios de uso social y los reglamentos de la propiedad privada, sino la manera de concebir el papel de la ciudadanía y los procesos de producción de conocimiento colectivos. Atrás queda la búsqueda de la realidad tras las bambalinas de la ficción; lo que se aquí se ensaya es la desarticulación de las tácticas de Gobernance Cultural a través de un (contra) dispositivo biopolítico.

La “máquina monstruosa”

La Casa invisible actúa como un interfaz que dialoga con la realidad del territorio que habita, como un “monstruo y máquina política” (tomando la referencia del texto a varias manos sobre centros sociales de segunda generación) donde los procesos de participación y de producción cultural no sólo no necesitan ser medidos bajo la métrica oficial, sino que se resisten a adaptarse a esos códigos estrictamente diseñados para incentivar procesos de mercantilización cultural. Mientras se arma el dispositivo/marca que intenta construir relatos homogéneos e imaginarios que ficcionen la ciudad (ese que prioriza los activos que conviertan la experiencia cultural en mercancía, que insiste en “poner en valor” el patrimonio y aquello que considerábamos espacio y dominio público) contextos como la Casa Invisible activan formas absolutamente innovadoras de producir/gestionar/difundir la construcción de imaginarios colectivos en la metrópolis. El dispositivo oficial busca modular la experiencia cultural en la ciudad, insiste en definir qué es y qué no es cultura e incluso cuál ha de ser el comportamiento y predilecciones de aquellos que la producen, consumen o habitan. La Casa Invisible, y la red que este centro social de segunda generación configura se revela como “institución de movimiento”, donde saberes, comportamientos, formas de organizarse, relaciones con el territorio, negociación con instituciones, apertura de metodologías (legales, jurídicas, conversacionales, etc.) se despliegan, experimentan y mutan continuamente con la participación y para el beneficio de la comunidad. Tal vez el miedo a la proliferación de procesos de autorganización y de institución de espacios autogobernados hacen que el punto de mira siempre esté fijado en este tipo de iniciativas. Era lógico pensar que no iba a ser fácil negociar la existencia de un contexto donde los preceptos neoliberales con los que comulgan gran parte de la clase política carecen de legitimidad alguna y tan solo son pasto para la ironía. Pero es penoso que los argumentos que se despliegan para cuestionar la potencial social y cultural de estos espacios, siga teñido de tópicos populistas que han sido una y otra vez desarmados y que lanzan la pregunta sin respuesta sobre su valor social y cultural como proceso de emancipación política y como hervidero de políticas bottom-up.

Una vez comprendido el panorama o algo más cerca de entender su peculiaridades, creemos que en el caso de la Casa Invisible ha sido inteligente apostar por dejar atrás esa vinculación resistencialista con las instituciones (ya sean medios de comunicación, museos estatales, etc.) e intentar hacer un uso de ellas para poder instituirse. Es necesario entender las especificidades del contexto sin llamar a metodologías que por defecto son tildadas como fallidas. Evidentemente esto conlleva problemas y cuestiones sobre las que hay que reflexionar respecto a la captura simbólica y los procesos de centralización por parte de instituciones hegemónicas cuya estructura y modelo de producción dista años luz de ser ejemplar, pero esto no ha de provocar parálisis alguna, ni dificultar la posibilidad de ensayar vías diferentes de instaurar nuevas formas de autonomía.

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