La Colina de Peralías
29.09.2016

Mujer comprometida con las Palabras: El exilio interior, María Moliner

por Dolores Álvarez

9788475069302“El libro que reseño, El exilio interior: la vida de María Moliner, de Inmaculada de la Fuente (Turner, 2011), no es sólo una obra sobre el proceso de creación del Diccionario de María Moliner. Es la biografía de una mujer cuyas ilusiones, cuyos proyectos, se frustraron al finalizar la Guerra Civil española. María Moliner no fue solo una mujer progresista, una funcionaria que fue depurada por las autoridades del nuevo Estado franquista a finales de 1939: fue mucho más”. Farsalia

“Este libro de Inmaculada de la Fuente emociona casi en cada página. Por la fortaleza de una mujer modesta, pero segura del valor de su obra. Por el modo en que nos narra una biografía, una de tantas se podría decir, de esas mujeres (y hombres) cuyas ilusiones de mejorar la sociedad en la que vivían fueron truncadas, casi rotas para siempre. Una biografía en la que María Moliner se reivindica como la autora de SU diccionario, pero también como una infatigable bibliotecaria, una madre que quizá no pudo dedicarle todo el tiempo que hubiera querido a sus hijos, pero que les inculcó la pasión por la palabra, del mismo modo que se la habían inculcado a ella. Una biografía que nos recuerda la importancia de superar el exilio interior, de sobrevivir a pesar de todo. Un libro, pues, que no puedo dejar de recomendaros y de suplicaros que lo disfrutéis tanto como lo he hecho yo. Palabra”. Así nos lo describe Farsalia en Hislibris.

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Emociona conocer la infancia, la juventud y la vida adulta que pasó María Moliner, narrada con todo lujo de detalles por la autora de esta biografía: su nacimiento, su infancia, la marcha de su padre a Argentina, su educación en la ILE, su vida de muy buena estudiante, su independencia materna, sus diferentes trabajos, su visión de madre de 4 hijos, sus nietos, su amor a las plantas y a la naturaleza, su defensa ante el Movimiento de que “no era roja”, la enfermedad de su marido… y en todo momento marcada por la visión política de la que ella, aunque no lo confesaba abiertamente, se sentía crítica y marchaba con ideas progresistas, liberadoras y no afines al régimen. En todo momento su gran pasión fue revisar el DRAE (1914) y escribir el DUE.

2imagesMuchas horas de su vida dedicó María Moliner a trabajar en ese Diccionario del Uso del Español (DUE) «La estructura de los artículos está calculada para que el lector adquiera una primera idea del significado del término con los sinónimos, la precise con la definición y la confirme con los ejemplos». “Su gran obra fue definir y ajustar los significados de palabras que ya existían, dotándolos de una mayor viveza. Su gran obra fue volcar su pensamiento y su mente ordenada en un universo de palabras complejo y arborescente” (Pos. 164). “Si yo me pongo a pensar qué es mi diccionario, me acomete algo de presunción: es un diccionario único en el mundo… Un diccionario de uso quiere decir que ayuda a usar el español” decía la propia autora. (Pos. 185) Un trabajo titánico en el que, a veces, involucraba a toda la familia, un pilar importante en su vida. Trabajaba con fichas y después las organizaba, llegó un momento que toda su casa estaba inundada de esas fichas, que en la cómoda en vez de sábanas había papeles. ponía a sus hijos a ordenarlas y les pagaba una peseta por la tarde, su hijo, ya de arquitecto, le hizo una mesa en la que pudiera trabajar con los libros, la máquina y las fichas.

De las excelencias del DUE no voy a hablar porque de todas es conocido que superó al DRAE, aunque nunca se le reconociera, por el hecho exclusivo de “ser mujer”, en esa sociedad totalmente machista donde se consideraba como un deshonor el que una mujer entrara a formar parte del gran elenco de “Académicos”. Por ese mismo motivo no llegó a entrar en la RAE.

Queda patente en su vida adulta que la cultura estaba desprestigiada, que lo que en la República era un valor ahora con el Movimiento pasaba a ser contravalor, había que seguir la diferencia de clases, los obreros ignorantes, las mujeres en sus casas y a sus labores, los niños ricos en las escuelas privadas y los pobres a la escuela pública… y los libros “bajo llaves”. Una de las tareas que llevó a cabo por los pueblos, dentro de las Misiones Pedagógicas, para difundir la cultura, fue la de las Bibliotecas-Escuelas para todas las personas, esto también se le achacaba por “ser roja”. En aquella época de la Segunda República ella escribió “He descubierto un filón con las madres de familias. Muestran generalmente un interés superior al de los hombres por las cosas de la cultura y pienso utilizarlas en adelante como las auxiliares más eficaces”… “valoraba a las mujeres despiertas, no por favoritismo, sino porque su intuición le decía que serían buenas colaboradoras” (Pos. 1671)

El bibliotecario, para poner entusiasmo en su tarea, necesita creer en estas dos cosas: en la capacidad de mejoramiento espiritual de la gente a quien va a servir y en la eficacia de su propia misión para servir a ese mejoramiento… No, amigos bibliotecarios, no. En vuestro pueblo la gente no es más cerril que en otros pueblos de España ni que en otros pueblos del mundo. Probad a hablarles de cultura y veréis cómo sus ojos se abren y sus cabezas se mueven en un gesto de asentimiento, y cómo invariablemente responden: “¡Eso, eso es lo que nos hace falta: cultura!” (Pos. 2024)

María Moliner amaba la independencia, tenía sus propios criterios y su conciencia, buena conducta en el trabajo, excelentes procederes con los compañeros, excelente profesional, entregada a su trabajo… “La frase de Chesterton, “la aventura puede ser loca; el aventurero no “, se le podría aplicar a la lexicógrafa. Su empresa, como la de Sísifo, era humanamente desproporcionada. Pero ella era consciente de su desmesura. Y sobre todo, era tenaz”. (Pos. 2933)

Al final su obra tuvo reconocimientos y fue calificada como monumental acontecimiento lexicográfico, aunque algunos seguían sin entender cómo una mujer había podido crear tan excelente obra.

Acabando dus días una arteriosclerosis cerebral la llevó a olvidar su propia obra y sus palabras.

“Amaba las rosas amarillas, las calas y los geranios. Mirarlas y regarlas era un privilegio que se reservaba siempre que podía. Sus plantas eran sus interlocutoras silenciosas, el espejo inalterable que le devolvía la armonía y la belleza que buscaba en las plantas” (Pos. 3583)

(Las imágenes están sacadas de Google)

 

 

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