La Colina de Peralías
22.11.2015

El orientador se mete en los charcos, no los evade

por Dolores Álvarez

images                                                                               (La imagen está sacada de Google)

Hoy nadie duda de las funciones de un orientador o una orientadora en un centro educativo, a pesar de que en los primeros tiempos fueron muy atacados por su misión, incluso por los propios compañeros y compañeras. El orientador o la orientadora se acerca al alumnado, se acerca al profesorado, se acerca a las familias, se acerca a las instituciones… se acerca a todo lo que interviene en el proceso de la educación y como ya está comprobado todos los agentes que intervienen en la educación de un niño o una niña deben estar en continua relación y por supuesto bajo la misma línea de objetivos.

El orientador o la orientadora es un psicólogo o pedagogo que sabe del mundo educativo, pero sobre todo tiene que amar y sentir su profesión, tiene que extralimitarse de las funciones que se le tienen asignadas porque trata con personas, en muchos casos vulnerables, con deseos de salir para adelante y formarse.

Esta introducción es una verdadera excusa para el caso vivido hace unos días y que a continuación os paso a relatar.

Desde hace un tiempo estamos utilizando la red de «Albergues Juveniles» cuando viajamos, sí, sí «juveniles», están muy bien, son económicos y suelen estar bien situados. De esta manera estamos cerca de estudiantes, que ya se va echando de menos, por eso de estar jubilados y haber estado al lado de ellos tantos años.

La semana pasada estuvimos en Almería y al llegar a la habitación, después de un buen desayuno, nos encontramos con Lorena hecha un mar de lágrimas, acompañada por una señora cuidadora del albergue. No pudimos evadirla, nos metimos en el charco.

Lorena, unos veinte años, es una chica ecuatoriana que había venido a España a hacer un máster, la noche anterior, estando con unos amigos en un bar de copas le habían robado el bolso y se encontraba sin documentación, sin celular, sin tarjetas… el mundo se le había derrumbado porque no sabía a dónde acudir. Lloraba y lloraba porque ella quería viajar por Europa y ahora no tenía documentación.

Tratamos de tranquilizarla, de decirle los pasos a seguir, llamamos al consulado… Nos metimos en resolver problemas de una persona que ni siquiera conocíamos pero que evidentemente lo estaba pasando mal y no podíamos evadirla.

A esto me refería cuando decía que el orientador o la orientadora necesita vocación para ejercer su profesión, dentro y fuera de los centros educativos.

Por cierto, desde aquí quiero reivindicar el servicio de orientación en los albergues porque casos como estos o similares se darán con frecuencia y no tienen un experto educativo que los acompañe en estos momentos.

Ya nos pasó otro caso en Córdoba, donde se improvisó una tertulia con alumnos y alumnas alemanes y les hablamos de la educación en España, el momento de la transición, el regimen político…

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