La Célula Mecánica
11.09.2008

Beijing, Palacio de Verano. Día 6.

por admin

Hoy era el turno de visitar uno de los lugares más vistados tras la Ciudad Prohibida por los visitantes de Beijing, el Palacio de Verano. Está situado al noroeste de Beijing, en el lago Kunming, a unos 50 kilómetros desde el hotel. El Palacio de Verano era usado por el emperador para evitar el calor y la monotonía de la ciudad.

Otro día más que nos levantamos temprano. Las 7:30 de la mañana. Pedimos dos taxis para ir a la estación de autobuses para coger desde allí un bus hasta el Palacio de Verano, el destino de hoy. Pero hablando con los taxistas y con un espontaneo que se ofreció a ayudarnos nos llevaron directamente desde el hotel al Palacio de Verano. Estaba demasiado cansado así que me senté detrás para poder dar unas cabezaditas. Sí, ronqué… El taxi además no tenía enganche para el cinturón de seguridad, así que lo metí entre mi culo y el asiento para simular que lo llevaba puesto. Pero a juzgar por la forma de conducir no le iba a importar mucho a la policía. 120 yuanes de tax, dije que estaba lejos.

Son unos 50 kilómetros los que separan el hotel del Palacio de Verano. El palacio está situado al noroeste de Beijing, en el lago Kunming. Que si veis en la vista de satelite, sí, se hiela en invierno, tiene unos 2 kilómetros de ancho.

Lo primero es sacar las entradas. 60 yuanes da acceso a todo el recorrido. Se entra por la Puerta de la Benevolencia y la Longevidad.

Dentro hay dos leones de bronce a cada lado de la Puerta Oriental del Palacio.

Desde ahí se pueden seguir muchos itinerarios. Nosotros giramos a la izquierda para ir al Pabellón de Anuncio de la Primavera desde donde se ve una estupenda vista del lago y de la Pagoda de Incienso Búdico.

Volvemos al camino para llegar, después de andar un poco hasta la isla del lago sur. La isla está repleta de vegetación y de caminos que sube y bajan. Es decir, más andar.

Desde la isla salen algunos barcos que van al muelle que hay bajo la Pagoda de Incienso Búdico.

Una vez en el muelle, hay el doble de turistas que en las otras zonas del palacio. Desde ahí se puede ver el barco de marmol que la emperatriz Cixi mandó contruir para desayunar y almozar todos los días. Pesa 250 toneladas. Evidentemente no flota, es como una casa con forma de barco. Allí hay una mujer que cada vez que se te acaba una botellita de agua se acerca y te la pide en chino… si la tienes vacía se la puedes dar, imagino que es un servicio de recogida de basura para que no se mezcle con el resto de las basuras. Por cierto, casi siempre encontrareis por todo Beijing papeleras dobles, una para basura biológica y otra para el resto.

Se puede seguir una senda que lleva hasta la entrada a la pagoda. De hecho el camino techado me recordaba al camino que tenía que seguir Goku cuando estaba en el cielo para poder resucitar. Sí, ya se que en Bola de Dragón Z el caminito en el cielo no tiene techo, he dicho que me recordaba…Al pasar la puerta te encuentras justo debajo de la pagoda. Desde ahí no hay nada más que escaleras y más escaleras.

Un poco más…

Vamos, un poco más…

Ya, arriba del todo nos encontramos con la Pagoda de Incienso Búdico. En su interior un Buda con dieciocho brazos que desde atrás parece una araña y donde no se podían hacer fotos. Había gente que llegaba y se arrodillaba a rezar.

Después de ahí pasamos al Templo del Mar de la Sabiduria, se me viene a la mente este doblaje de El Informal. La bajada es rápida debido a la pronunciada pendiente. Si en subir tardamos un rato, en bajar solo tardamos un ratillo. Un sendero de piedra con dibujos realizados con chinos (cantos rodados) rodeado de árboles.La madre de María se quedó en el muelle porque eran demasiadas escaleras y estaba muy cansada. Al llegar abajo nos encontramos con ella y salimos de allí. Nos dirigimos hacía las paradas de los autobuses buscando el número 726 que según la guía llevaba hasta Quianmen (al otro extremos de Tian’anmen), encontramos el 690 que también va allí. Antes, fuimos asaltados por no menos de cinco personas que nos ofrecían sus servicios para llegar a Beijing.Nos montamos y una chica china nos hizo de traductora ingles-mandarin-inglés para ver si ese era el autobús y cuando costaba el viaje.Es curioso porque en cada autobús hay tres funcionarios: el conductor, que solo conduce, lo que se dice “a jierro pelao”; una chica en la puerta del medio que vende los tickets para los que no tienen tarjetas de proximidad (los que parece que pondrán TUSSAM en sus buses) para subir, además de encargarse de anunciar las paradas y de reñir a la gente para que subiera rápido; y otra chica en la última puerta que se encargaba de echar a la gente del bus cuando se baja y de cobrar a los que se montan por detrás sin ticket de proximidad. En el taxi que luego nos llevaría al hotel teníamos un bus delante y pude ver como estas chicas, al coger una curva sacaban una banderita roja triangular…Después de una hora y pico de viaje llegamos a Quianmen.

De allí nos metimos en la calle Quianmen para buscar un sitio para comer antes de que fueran las cinco de la tarde. A esa hora Pepi (la madre) tenía que estar con Antonio (su marido, el que compite) en Tian’anmen. Nos metimos en el segudo sitio que vimos y vaya error. La verdad es que estaba lleno, nos llevaron al piso de arriba por una escalera que tenía artículos de limpieza, cacharros, hasta el piso de arriba donde había otro comedor, allí estaban los cocineros comiendo, el suelo estaba pegajoso, y las mesas sucias. Nos sentamos al fondo, pedimos pato, arroz y pollo. El pollo no estaba mal, pero tenía superpoblación de guindillas, picaba tela. El pato, bueno, se dejaba comer, aunque la sopa con los restos del ave solo la probó Pepi. Para terminar arroz, que no estaba mal, aunque no es al que estamos acostumbrados. 320 yuanes (32 €) por comer. Salimos pitando de allí y nos fuimos a dar una pequeña vuelta por los puestos de ropa que había de camino a la salida de la calle. Allí se compraron algún vestido femenino típico chino y alguna que otra camisa.Yo estaba tan cansado que parecía un zombie. No tenía ganas de nada, solo de llegar al hotel, escribir esto, subir las fotos y dormir, mañana hay competición. Cogimos un taxi desde Quianmen, 26 yuanes hasta el hotel.

Son las 23:00 y me acuesto ya, que las 7 de la mañana están aquí ya.

Más fotos en Flickr

Recomendaciones chinescas de hoy:
– Los taxis te pueden llevar a cualquier sitio por muy lejos que esten sobre todo si sin sitios muy conocidos.
– Usa los taxis que tú elijas, no los taxis cuyos taxistas se ofrezcan. Haz la prueba con los que se ofrecen y verás como teneis que pactar un precio por el viaje, que siempre será por encima de lo que realmente vale…
– Respira hondo cuando te montes en un taxi. Cuando más largo es el viaje, más burradas se ven al volante.
– Si alguien del grupo propone coger el bus para ir de un sitio a otro de Beijing, di rotundamente que no, es un infierno, lento, con paradas muy separadas y normalmente petados. El taxi es lo suficientemente barato como para no tener que usar otro medio de transporte.

6

comentarios

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6 - comcinco ZEMOS98 12.09.2008 - 3:11

Tranquilidad que eran 320 yuanes jejeje. Y Carlos, si en la guía pone leones es que son leones…

Saludos, pondré más fotos donde yo salga tranquis. Aquí anoche nos tomamos un chocolatito en vatido a vuestra salud. Ahora nos vamos para las tumbas ming…

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