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30.11.2017

Una historia para Emma (2)

por José Antonio Jiménez Ramos

Yo nací en la calle Redes, en el barrio del Museo, en pleno centro de la ciudad de Sevilla. Vivíamos en la planta baja de una casa de vecinos, no muy grande, solo eramos tres familias y una señora mayor. Mi familia, por aquel entonces se componía de mi tía Esperanza, mi padre, Pepe y mi madre, María y yo que era el único hijo; no tenía, ni tengo hermanos ni hermanas. Una realidad triste, porque no tenía con quien jugar, sino era con los niños de mi casa. Y tampoco había muchos, mayores que yo, un muchacho y un niña y menores, dos niños y una niña.

La casa que habitábamos era muy vieja y la declararon en ruina, de manera que estaba apuntalada y corría el riesgo de que se cayera. Por esa razón nos ofertaron a nosotros y a otra de las familias que vivíamos en la misma casa dos viviendas en el mismo edificio y también en el mismo piso, el séptimo del número 3 de la Avenida de El Greco. Sólo quedamos de aquellas familias los hijos Ángel Luis, José Antonio y Estrella de Loly y Manolo y yo. Los veo a los dos últimos de vez en cuando.

Cuando mis padres decidieron aceptar la vivienda, teníamos un reto muy grande, porque la renta de la nueva vivienda era mucho más alta que la pagaban en la calle Redes, quiero recordar que en aquel año, 1965, el recibo mensual era de unas trescientas pesetas (1,80 € al cambio de hoy). Mi madre resolvió el problema, aunque hubiera que comer sardinas arenques, pero no teníamos más remedio que irnos a esa vivienda.

Había otro problema importante, la lejanía del nuevo barrio. Nos íbamos del centro de Sevilla a las afueras, de nuestra casa para atrás el campo, de hecho el barrio de enfrente a nuestra casa se le llama Huerta de Santa Teresa, señal clara de que nos íbamos muy lejos. Eso me obligó a cambiar mi camino al colegio. Yo estaba en los Salesianos de la Trinidad, en plena Ronda de Capuchinos, de manera que tenía que atravesar todo el centro de Sevilla para llegar al colegio, pero eso duró poco porque el mismo año de entrar en ese colegio, nos mudamos al Polígono de San Pablo y el camino era totalmente el contrario. Ahora tenía que cruzar el campo por donde ahora están las vías de los trenes que entran en la estación de Santa Justa, a la altura de donde está el monumento al indio de Kansas City y por el puente donde tu papá va ahora a la oficina. Era un camino rodeado de cañaverales y a veces muy desagradable, pero era más corto que el otro. Así fue durante dos años, hasta que acabé el bachillerato que me fuí a un instituto recién creado, enfrente de la antigua piscina Sevilla, pero eso es otra historia.

Uno de los que venía conmigo al nuevo instituto era Rafael Sierra que vivía debajo de la bisabuela Dolores y a través de él conocí a la abuela, además de que me tuviera localizado. Ya te ha contado como nos casamos y otras cosas que eran del barrio.

De izda a derecha, yo, la abuela Loly, Rafael Sierra y Mari Loli

La abuela Loly y yo, nos fuimos a vivir a El Viso del Alcor en el año 1981; te invito a que cuentes los años que hemos vivido en el barrio, en los últimos años en el mismo piso donde tu vives ahora. Si no puedes contar los años, te voy a ayudar. Llegamos en 1965 y nos fuimos en 1981. Para hacerlo más fácil cuenta los números que hay entre 65 y el 81 y el resultado será la solución. Seguro que lo haces bien.

Mira esta foto y a ver si reconoces quién es y dónde está.

Para acabar te voy a contar una historia que me pasó a mi antes de casarme con la abuela. La gente que estamos en la foto que ha puesto la abuela eramos, unos más y otros menos, parte de un grupo de jóvenes que dábamos catequesis y estábamos tomando conciencia de la situación del barrio y, en concreto de la gente que vivía en un lugar que tu conoces bien, se trata del lugar donde está tu colegio. Allí había un montón de casas prefabricadas y de una sola planta, que estaban ocupadas por familias que se habían quedado sin viviendas en la riada del Tamarguillo en el año 1961. Las llamábamos “Las casitas bajas”.

 

No había calles, sino una carretera pequeña que pasaba por donde está, ahora, el pabellón, todo era polvo en verano y barro en invierno. La gente lo pasaba mal, porque las viviendas eran muy malas. El espacio donde estaban era el que debía ocupar el barrio C, que nunca se construyó. La gente estuvo viviendo allí hasta el año 1973, en el que a las últimas familias que allí vivían aún, les dieron una vivienda en el Polígono Sur. Este barrio de “Las Casitas bajas” fue una de las causas por las que se construyó el Polígono de San Pablo.

 

Durante unos años la abuela y yo antes de casarnos pasamos buenos momentos en el Centro juvenil de la parroquia, que lo puedes ver desde la ventana de tu habitación. Allí hacíamos fiestas y teatro y también formamos grupos de militantes de la HOAC que era una manera de luchar para que hubiera democracia en Andalucía y en España.

Esta es un pequeña parte de la historia de tu barrio.

 

 

 

 

 

 

 

 

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