Carolink Fingers
18.01.2010

Wintersleep + The Maccabees + Editors (reseña)

por carolinkfingers


Palacio Vistalegre (Madrid) 9/12/2009

“Primo Bill: Mi cuarta vez con Editors. Sé que en Birmingham será distinto. Pero se han desleído, como un café con demasiada leche. Ay, dónde se nos han ido. Aquel Tom Smith con tanto por decir, al que la frustración le hacía enorme y le dictaba grandiosos textos de desencanto y rabia. Nos han hecho ir hasta el último lugar del mundo para verlos otra vez (es una droga), pero… la legión de fans que se saben de memoria ‘An End Has A Start’ (2007) ha crecido una barbaridad, y ya no cabemos en las salas tradicionales. Menos mal que el disco nuevo apareció bien mezcladito con las grandiosas ‘The Racing Rats’ o ‘Bones’ (primo, ¿a que está ahí el sonido de ‘October’, por lo menos?). Una torre de sonido se fastidió y pararon (¡inverosímil!). Trataron de recalentar el ambiente, y se guardaron algunas de las mejores para el final (‘Munich’). Pero a mí me subieron a una nube tormetonsa con ‘Open Your Arms’. Quizá, quizá pueda perdonarles. Ellos debería saber que sus fans también son frágiles”.

//Mi primo Bill es real. La última vez que hablé con él, nuestro tema común fue los Editors. La foto con la que ilustro la reseña es del flickr de http://www.flickr.com/photos/u2005/. La reseña está publicada en la sección «Live» de Go Mag – enero 2010//

13.01.2010

Ese asunto del curriculum

por carolinkfingers

Me he dado cuenta de que me paso el día escribiendo de los demás. Los artistas, ilustradores, escritores, actores, fotógrafos, cineastas y creadores a los que dedico una parte de mi labor profesional, la de «periodista cultural«.

Y de que necesitaba dedicarme algunas horas a escribirme a mí misma.

Ese asunto del curriculum.

Cuando se han dado tantas vueltas por el mundo -y por el mundo laboral- es difícil hacer ver a otros que tienes una experiencia concreta.

He hecho de todo. Aunque no todo ha valido. He dejado fuera de mi relato aquella etapa en la que dirigí un restaurante de un club social junto a mi madre y otras socias, así como la temporada en que di clases particulares a niños desde los 6 a los 18 años. Y les ayudé bastante, me dieron a entender.

Mi verdadera habilidad es salir adelante. Cuando terminé la carrera, sabía que los códigos audiovisuales no me iban a alimentar. En cambio, la comunicación, en un amplio sentido, era mi verdadero ámbito. Entré en internet y no he salido. Por eso sé que sé y puedo dirigir proyectos de comunicación digital y ayudar a las empresas y/o instituciones a que su presencia online sea eficiente, bien considerada por el nuevo prosumidor y coherente con el otro mundo.

Así que vuelvo a dejaros mi vida contada en un par de páginas de word.

13.01.2010

Carolink vs Care

por carolinkfingers

En el número 150 (el de ahorita mismo, para inaugurar 2010) de la revista Qué Leer, se puede encontrar la crítica que firma servidora (con su pseudónimo «Carolina León», todo hay que explicarlo) acerca del último volumen de relatos de la catalana Care Santos. Allá por la página treinta y tantos (ver pdf quien lo desee).

Para mí, un estupendo libro que certifica tanto que Care es una narradora breve de alcurnia como que leer libros de cuentos en español, excitantes y deliciosos, es posible. También lo comenté, sin las constricciones de la maqueta, en el blog Estado Crítico.

09.01.2010

Canto de amor

por carolinkfingers


Cuánto cuesta arrancar el año nuevo. Es como una resaca interminable y, a la vez, la urgencia de abandonar la ociosidad (medio decidida, medio impuesta) y entrar al trapo con todos esos proyectos que han quedado para después de la vuelta de hoja del calendario. Sabiendo que da lo mismo que el mundo gire o no, sabiendo de la inutilidad de todos los esfuerzos, sólo mediante la acción consigo entablar un diálogo decente conmigo, donde no entran a formar parte ni la autocompasión ni la impotencia.

Uno de mis trabajos es hacerme preguntas. Y una de las preguntas que me hago hace mucho tiempo es cómo puede vivir una mujer que ha escrito y cantado algunas de las canciones más hermosas de los últimos veinticinco años, retirada en una vida de madre y ama de casa, desconectada del quehacer musical y guardándose su don para ella misma (y los suyos).

Cierto es que Elizabeth Fraser ha acudido puntualmente a grabar, después de la disolución de Cocteau Twins (1998), cuando el proyecto ofrecido le ha interesado. Así fue como surgió su participación más conocida: Teardrop, de Massive Attack. Siempre que le hablo a alguien de ella, tengo que remitirme a esta canción para que la reconozca. También se acercó a Peter Gabriel (en el disco OVO) y a Yann Tiersen, en dos bellísimas canciones de Les Retrouvailles.

Pero hay que bucear. Es imperativo. Quien crea que sabe algo de la música popular de los 80-90 y no se haya escuchado la discografía de este grupo, está culturalmente cojo. Quizá fue Garlands o Treasure el primer disco de Cocteau Twins que llegó a mis oídos. Realmente no lo recuerdo. Sólo sé que en algún momento de 1989 (después de haber pasado por épocas fanáticas de U2 y The Cure), la música que publicaba el sello 4AD ingresó en mi ADN, y ellos se convirtieron en compañeros inseparables.

Fueron visionarios. Cuasi góticos. Cuasi new age. Absolutamente únicos. Se reinventaron maravillosamente unas diez veces (aquellas remezclas hechas por Seefeel, uno de los eps más brutales que se me ha dado escuchar). Y no hay álbum despreciable en su discografía. Milk and kisses (1996), su «canto del cisne», es perfecto, emotivo, lleno de fuerza y grandiosidad de estudio.

Hace ya tres semanas, me llegó la noticia de que Elizabeth Fraser volvía a la acción. Aparece ahora (ya se puede escuchar y comprar en formato digital, y está disponible en Spotify) un single escrito por ella y dos amigos músicos, de nombre Moses. Había creído, al leer los adelantos, que el regreso de Fraser tenía que ver con la trágica muerte de su amigo Jake Drake-Brockman, quien fuera teclista de Echo and the Bunnymen. No. Estaban preparando el material (Liz, Jake y Damon Reece) y llegaron a grabarlo cuando, en septiembre del año pasado, un accidente en moto se lo llevó por delante. Terminarlo y publicarlo es el auténtico homenaje. Eso es un regreso genuino.

Así que, sacudiéndome la resaca, me entrego por entero a su canción. Escucho el single y sus dos remezclas (a cuál más hermosa) toda la tarde. Primero me pareció una muy sencilla melodía. Pocos juegos vocales. Un ciclo constante, sin demasiado desarrollo.

Pero se me pega a las paredes de los vasos sanguíneos con sólo dos pasadas. Hay que destripar la idea de la belleza con tiento, con magia, con sabiduría. Liz sabe hacer esto y siempre adiviné que la de su ex marido Guthrie era una muy alargada sombra para alguien con su voz.

Mi amiga Liz, la performer de Song to the siren (de Tim Buckley, intuyo que el padre de Jeff, de haber estado vivo, se habría suicidado de nuevo al escuchar una reinterpretación tan deliciosa), el hada cantarina de Alice (en la banda sonora de Stealing Beauty de Bertolucci), la compañera de Robin Guthrie (a mí me interesa lo artístico) en una docena de discos maravillosos, la reinventora de unos Massive Attack que no serían lo mismo sin su voz en Mezzanine

Más de diez años. Después. Casi cumplo treinta y seis. Ella tiene cuarenta y seis. Siempre me identifiqué muy de cerca con ella. La canto en la intimidad, imitarla me ha enseñado cosas de mi voz que no conocía. Cuando he visto esta imagen, me ha dado un vuelco el corazón.


(Todos los enlaces a la música son de Spotify. Si no tienes una cuenta propia, me sobran invitaciones.)

07.01.2010

Turismo del desempleado

por carolinkfingers


Mi pequeña aportación a algo que, para mí, tiene menos que ver con la crisis que con la militancia, es este artículo en notodo.com. Lo llamé exilio, ahora lo llamo turismo gratis, depende de quién me lo compre.

No pretende agotar las opciones, ni mucho menos. Sólo servir de guía para no dejar que nos arrastre la marea de la inutilidad (que es como quieren hacernos sentir: si no produces y no tienes dinero para consumir, eres un inútil).

Para todo todo todo lo gratis, está la web www.sindinero.org. Y, como esto es una tendencia, un periodista catalán ya ha puesto en marcha un blog de servicios / espectáculos / oferta cultural gratis en Barcelona. A mí me daba vueltas en la cabeza hacer algo así. Pero lo mío sería narrativo… (deformación de una).

23.12.2009

Diez cosas

por carolinkfingers


Estos días he terminado Los Soprano forever (una reseña aquí) y en uno de sus artículos puede leerse: «La vida, para quien no la tiene asegurada, es demasiado intensa y corta para atender a esta oferta por entregas. (…) no os dejéis robar una hora, en una hora puede ocurrir algo crucial» (Ignacio Castro Rey).

Es absolutamente verdad (y no). Tanto aquí como en todos los filósofos a los que a veces me atengo (sobre todo en épocas de crisis, y crisis quiere decir etimológicamente cambio, y no hablo de la economía, la filosofía debería ser la receta de la Seguridad Social y menos solomillos de buey para todos, ¡atiborrarse ¿para qué?! ¡bájense de las escaleras mecánicas del hipermercado! ¡huyan a una biblioteca! ¡escuchen en la calle! ¡reflexionen! ¡escriban sus ideas!), está la certeza de que el tiempo es consumido (no sólo hoy, pero especialmente en nuestra época) como una suma de distracciones hacia la muerte, en la que por supuesto nadie piensa. Nadie tiene tiempo de pensar, ocupados como estamos consumiendo distracciones.

Yo sí pienso en la muerte. A diario y sin histeria. Para eso tengo mi calavera, comprada en Disney hace ya tiempo, en época de Halloween (nada menos). Porque sí quiero dar sentido al tiempo que consumo, aunque a veces (muchas veces) me las vea muy oscuras para entregarle sentido, simplemente porque una es mortal y poca cosa y… Pues tomo esos dos conceptos (mortal y poca cosa) y escribo (lo intento) una novela, o algo así.

Yo sí creo que es necesario gastar 86 horas en ver Los Soprano, y algunas otras maravillas del poco espacio que encuentra la maravilla en la producción audiovisual. He gastado muchas horas en ver series de televisión en los últimos años. No están mal gastadas. Ahora, este año que cerramos (¡por fin!) las he usado en otras cosas. Sobre todo en leer. No es mejor ni peor, es el momento. También en estudiar, mirarme dentro, estar con gente que me quiere y a la que quiero. También en jugar con mis hijas, bañarlas, seleccionar los alimentos -sí, yo también compro- y prepararlos para la cena, también en cientos de miles de tareas que no anotamos, que ni siquiera llegan a tener la consideración de tareas, que se hacen, como se levanta uno y se cuela las zapatillas de estar en casa, como se lava uno los dientes, sin pensar, y sin pensar en la muerte sobre todas las cosas.

El tiempo nos come. Me gustaría, algún día, comérmelo a él. Trabajo en ello. Con socavones inmensos en los que me hundo cada poco y, seguidamente, urgente gastar más tiempo para intentar salir de ellos. Pero consumir -música, cine, series, fotografía, exposiciones, encuentros y conferencias, ratos y conversaciones- es la única manera que conozco para después poder producir trabajo, amor, historias.

No se tira el tiempo (no lo tiro yo) que invierto en leer, ver, escuchar, aunque a veces quede huérfano y cojito si no dispongo de otro intervalo necesario para procesar, reflexionar lo consumido, integrarlo dentro.

Y, así y todo, algunas cosas fueron mejor hechas que otras. Casi a punto de poder tomarme unas insólitas vacaciones (de quien no tiene mucho trabajo, pero trabajo más que cualquier condenado a trabajos forzados, Pizarnik dixit), se me antoja escupir un poco de tiempo en estas listas. Mías, y absurdas, pero mías.

Diez libros que no me arrepiento de haber leído en 2009
Zona, Mathias Enard (Belacqua)
El miedo, Gabriel Chevallier (Acantilado)
Matar en Barcelona, Varios (Alpha Decay)
Señales que precederán al fin del mundo, Yuri Herrera (Periférica)
Nueve lunas, Gabriela Wiener (Mondadori)
En Grand Central Station me senté y lloré, Elizabeth Smart (Periférica)
Fin, David Monteagudo (Acantilado)
El fondo del cielo, Rodrigo Fresán (Mondadori)
Papeles inesperados, Julio Cortázar (Alfaguara)
Lo que arraiga en el hueso, Robertson Davies (Libros del Asteroide)

Diez discos que no he comprado pero he escuchado hasta saciarme (gracias, Spotify)
Grizzly Bear – Veckatimest
Animal Collective – Merriweather Post Pavilion
Gossip – Music for Men
Pj Harvey & John Parish – A Woman a Man Walked By
Pram – Dark Island
Hanne Hukkelberg – Blood from a Stone
Robin Guthrie – Carousel
Throwing Muses – House Tornado (no dije que tuvieran que ser del año)
Fennesz – Black Sea
Ryiuchi Sakamoto .- out of noise

Diez maravillosas formas de ocupar el tiempo aquí donde vivo
Mi casa
La biblioteca de La Casa Encendida
La Biblioteca Nacional
El Retiro
La Plaza del 2 de Mayo
Las piscinas municipales en verano
El Palentino o cualquier tugurio grasiento, con mi ex compañera de trabajo
El barrio de Lavapiés
Deambulando por el barrio de las Letras, luego por Sol y la Plaza Mayor, luego por la Plaza de Isabel II y sus inmediaciones. Asomarme al sur desde cierta terraza.
Tu casa

Diez cosas que podía haberme ahorrado
Aquella tarde en que lloré sin saber por qué
Aquella noche en que me dio por llorar agarrada a la almohada y desperté con dermatitis en el párpado, que aún no he podido curarme
Aquella sensación de no merecerme nada de lo que tengo que a veces se me agarra al cuello y me impide respirar
Hacer el ridículo delante de mi mejor amiga (menos mal) y caerme de culo en plena calle
Escribir dos palabras que nadie quiere leer en estos días
Obsesionarme con tantas cosas sin importancia
Disgustos ganados donde nadie debería ganar más que algo de dinero, para continuar subido al carro
Demasiadas veces en que lloré por algo que se rompió en el pasado
Demasiadas veces en que no supe cómo administrar mi potencial y éste se me escapaba por los ojos
El constipado que arrastro desde hace una semana

Diez cosas que he hecho y muy bien hechas
Recoger mis pedacitos, pegarlos uno a uno, abonarme, crecer
Terminar mi primer libro de cuentos, aunque no se vea jamás en ningún lado
Empezar mi primera «novela»
Volver a la radio, con Elena
Dejarme arrastrar a Estado Crítico
Entrevistar a Ryuichi Sakamoto
Escribir docenas de cartas que algún día quemaré
Dejarme llevar a tu casa
Abandonar el lugar en que me machacaban la psique a diario
Marcar el número de teléfono que me dio alguien, en algún lugar que no recuerdo

20.12.2009

Échame a los lobos

por carolinkfingers

Un avispado editor de revista musical me envía el disco con el encargo de comentarlo: «Creo que te va a gustar». No sabía que estaba echando carne al lobo hambriento. ¿O sí? Llevo semanas sin toparme con un disco que se me prenda mínimamente a los oídos. No puedo parar de escucharla.

Como un interminable rizo, sus temas y motivos se mueven, sólo en apariencia, sin desplazarse ni un milímetro del primer «tarara ta tara», allá donde comenzó, y da vueltas sobre el eje de una melodía triste y pegadiza, como un estribillo eterno, enreda una y otra vez las notas y las palabras, y tiene ese halo de hermosa canción de desamor (como en aquel With or without you, tan kitsch) y todo sucede como si dos estuviesen jugando a rebozarse en una playa llena de conchas troceadas. Es más grande el kitsch aquí, precisamente por ese ritmo trotón, los sonidos housoides y las ganas que me dan de levantarme de la silla y bailar.

Que le eches a los lobos si se equivoca una sola vez más. Que encontrará una manera de hacer que te quedes. Que por favor le dejes respirar. Que te las arregles para aliviar el dolor. Nada es amable en la canción ni nada hay que no sea absolutamente deleitable. Hermosa como la mejor horterada post-postmoderna.

Can you find a way to ease this pain?

Logan Lynn – Feed Me To The Wolves

17.12.2009

De otro

por carolinkfingers

Él la miró tiernamente a los ojos y pronunció aquello: «Te quiero».
«¿Te estás enamorando de mí?»
«¿Es que tu corazón es de otro?»
«Mi corazón ya me pertenece por entero».

14.12.2009

Fin (reseña)

por carolinkfingers

Fin
David Monteagudo
Acantilado

Nueve personajes delineados con cuatro detalles de su aspecto y formas de reacción. Relato de foco desnaturalizado, sin un solo asomo de empatía, como el que haría la más incruenta de las cámaras de seguridad, acerca de un encuentro de confusa causa. Peripecias que convergen en una noche en un refugio, especie de “bodas de plata” de otra noche “mágica” para aquellos personajes, ahora veinticinco años más viejos, incapaces de encontrar una buena excusa para aquella amistad de contornos desvaídos por el tiempo. Una pesada broma que todavía les escuece en las conciencias. Viejas rencillas y rencores que se destapan, mezquindades de adulto con problemas para encarar el fracaso, torpeza relacional, inmadurez sentimental, ¡frustración! Nueve desconocidos que se han dejado convencer en cierta fiesta y… un apagón. Ya pueden ver las estrellas y encontrarse con ellos mismos. En la primera aventura narrativa de David Monteagudo, trescientas cincuenta páginas saben a poco. Ni el autor sabe más que los personajes a los que maltrata, ni el lector se despega ni un momento de la ignorancia que a ellos acosa. Ha de seguir, dar la vuelta a la página, comenzar otro capítulo, exprimir los sentidos de cada nueva frase descriptiva, austera, ausente, incisiva de tan poco comprometida. Prosa sin brillantez, pero brillante. Es imperativo saber qué será de estos nueve, bajo esa desarmante amenaza que se los va comiendo. Apaguen sus televisores -dejen la serie de moda para después- y abran “Fin”.

//Publicado en Go Magazine 106 Diciembre 2009. Sobre el mismo libro, también escribí una crítica en este sitio, Estado Crítico.//

14.12.2009

Kings of Convenience (crítica)

por carolinkfingers

Kings of Convenience

Teatro Circo Price (Madrid) 1/11/2009

Se juntan dos talentos y salta la chispa. Se enlazan armonías y explotan corazones. Se plantan con actitud comunicativa y el fan los adora. Él, el fan, está en su derecho de deificar. ¿Qué les da, pues, ese sex appeal suyo?

Se traen a la telonera expresamente (Javiera Mena, a la que conocieron en una gira por Chile, es un astro pop en su país, aquí ya estamos tardando) y el mismísimo Erlend Øye sale a presentarla. Le dejan veinticinco minutos y un piano. No hay maniobra musical que pueda con la expectación de tener por fin sobre el escenario a los noruegos (nunca antes en Madrid). Las conversaciones y la impaciencia se comen su show. Y la sala (2500 almas) está a rebosar. Erlend y Eirik ocupan su lugar, con la impuntualidad necesaria para hacer brotar más ooohs y aaaahs. Entre bromas -ya les conocemos el carácter, uno va de entregado, el otro de introvertido- van dejando caer algunas de sus canciones más conocidas, entrelanzando con elegancia sus voces y sorteando la simplicidad instrumental con soltura. Hacen que los “lata-man” apaguen sus lucecitas y cuentan (Erlend) una anécdota sobre su vinculación con España: todos sabemos ahora que su tía abuela estaba reporteando en Madrid el día en que entraron las tropas franquistas. Dice sentirse bien de llegar a la ciudad “ahora que ya no hay guerra”. Mas aaaays.

Para una segunda parte, invitan al escenario a dos músicos más (violinista y bajista), y entre los cuatro el show pierde intimidad pero gana en ímpetu. Las evoluciones del chico del violín arrancan aplausos por sí solas y ellos están entre felices e incrédulos con la ola de amor que les llega desde abajo. Navegan en aquel mar de admiración -sólo un poco menos cálida con las canciones del álbum nuevo, pero deleitosa con las ya clásicas (‘Stay Out of Trouble’). Más allá de si suenan o no a otra pareja de cantantes-guitarristas de hace varias décadas, lo de Kings of Convenience en directo es una entrega con revulsivo. Cuanta más generosidad, más líquido se vuelve su público.

//Publicado en Go Magazine 106 Diciembre 2009//

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